La valentía de una víctima, clave para acabar con la red de explotación de mujeres en Pamplona y Francia
La operación arrancó tras una visita rutinaria de la Policía Nacional a uno de los pisos en la capital navarra / La red de explotación liberó entonces a la víctima que les denunciaría
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La Unidad de Investigación de Trata de la Policía Nacional en Pamplona “trabaja de forma proactiva en el control de pisos donde pueden desarrollarse situaciones de explotación sexual”, explica la inspectora y jefa de la unidad. A través de inspecciones rutinarias periódicas, los agentes mantienen localizados estos inmuebles y tratan de identificar a quienes residen en ellos. “Aparte de tenerlos localizados, queremos saber quién reside en esos pisos y localizar alguna víctima”, añade.
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Fue precisamente durante una de estas visitas de seguimiento cuando comenzó a tejerse el hilo de una investigación que acabaría desmantelando una red internacional de trata de personas. Durante la inspección, los agentes notaron algo que les levantó sospechas. “A diferencia de un club, no podemos entrar al interior de los pisos porque se considera morada”, señala la inspectora. Por eso, iniciaron las investigaciones para determinar “quién estaba detrás de ese piso”, relata.
La pieza clave llegó desde fuera de Navarra. Una mujer colombiana que había sido víctima de la red presentó una denuncia en otra ciudad española. Su historia era devastadora: había llegado al piso de Pamplona “engañada por una oferta de trabajo publicada en Facebook. Creyó que iba a cuidar a una persona mayor en un domicilio. En cuanto llegó, le arrebataron todas sus pertenencias, incluido el pasaporte, y fue obligada a ejercer la prostitución”. Durante nueve meses estuvo retenida, sin poder salir sola en ningún momento. “Solo salía acompañada por miembros de la organización”, explica la inspectora de la Policía Nacional.
Convencer a esta mujer de que denunciara no fue fácil. “Tenía mucho miedo. Nos costó convencerla de denunciar”, reconoce la responsable de la unidad. Y en un momento dado, la víctima se echó atrás. “Por miedo a represalias”, apunta la jefa de la Unidad de Investigación de Trata de la Policía Nacional en Pamplona.
La red operaba a ambos lados de los Pirineos. Las víctimas, principalmente procedentes de Colombia, eran trasladadas entre Pamplona y varias ciudades de Francia, donde la organización disponía de un chalet. El movimiento era constante: las mujeres rotaban entre distintos puntos para dificultar su localización. “Las llevaban a Francia, en varias ciudades, y regresaban a Pamplona”, describe la inspectora. El día en que los agentes realizaron la inspección que desencadenó todo, los responsables de la red dejaron libre a una de las mujeres retenidas. En el lugar encontraron a otra mujer que, sin embargo, “no se consideraba víctima”, una situación frecuente en casos de trata donde la manipulación psicológica es prolongada.
La cúpula de la organización estaba encabezada por una mujer, y completada por tres hombres y otra mujer más. Entre sus funciones se repartían el control de las víctimas, el cobro de los servicios y el transporte. “Los taxistas controlaban y cobraban los servicios”, explica la inspectora. La cabecilla “vivía a caballo entre Francia y España”, lo que complicó la investigación y exigió colaboración internacional para recabar los indicios necesarios.
Las víctimas, que “entre ellas no se conocían”, no sabían nada las unas de las otras. En el transcurso de dos años, la red habría podido explotar a cerca de una veintena de mujeres, concluye la inspectora de la Policía Nacional.
Cinco detenidos
Como se informó el viernes, la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras de la Jefatura Superior de Policía de Navarra ha desarticulado, en el marco de la operación Amelier, una organización criminal dedicada a la explotación sexual de mujeres en varios pisos de Pamplona. La investigación, que se prolongó durante dos años y contó con la colaboración de autoridades francesas, comenzó tras detectar indicios de coacción en un piso del barrio de la Rochapea y se extendió a otro en Buztintxuri y a varias localidades de Francia.
Según la investigación, las víctimas eran captadas en sus países de origen con falsas ofertas de trabajo y, una vez en España, se les retiraba el pasaporte y se las obligaba a prostituirse bajo amenazas contra ellas y sus familias. La cabecilla, que residía en Francia para eludir a la justicia española, fue detenida en Pamplona junto a otros cuatro implicados. Todos ingresaron en prisión provisional por delitos de trata con fines de explotación sexual, prostitución, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal. Además, los investigadores constataron que el dinero obtenido era transferido a cuentas internacionales para dificultar su rastreo.
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