Una vez más, Netflix vuelve a mirar al crimen real para ampliar su catálogo. Aunque esta vez lo hace sin héroes de manual ni detectives infalibles. Leyendas, que aterrizó en la plataforma hace ya un par de semanas, se ha colocado entre los thrillers británicos más comentados del momento gracias a una historia que, de tan improbable, cuesta creer que sea real: una operación encubierta de aduanas en el Reino Unido de los años 90 en la que funcionarios corrientes terminaron infiltrándose en redes internacionales de narcotráfico.
La serie, creada y escrita por Neil Forsyth --responsable de The Gold--, parte de la operación secreta conocida como Beta Projects, impulsada por Her Majesty’s Customs and Excise, el antiguo organismo británico de aduanas. El objetivo era claro, frenar la expansión del tráfico de heroína infiltrando a agentes dentro de las propias organizaciones criminales.
Pero la clave está en quiénes fueron esos agentes. No eran espías profesionales ni policías de élite, sino empleados públicos. Funcionarios de aduanas reclutados con rapidez, formados de manera acelerada y lanzados de golpe a la boca del lobo. De repente, sus jornadas de oficina se transformaron en identidades falsas, contactos clandestinos y reuniones con traficantes reales en ciudades como Liverpool o Londres.
Protagonizada por Tom Burke (Furiosa: de la saga Mad Max), Steve Coogan (Noche en el museo) y Hayley Squires (Yo, Daniel Blake), Leyendas reconstruye esa experiencia desde el punto de vista de los infiltrados, con un enfoque que mezcla tensión criminal y drama psicológico.
Uno de los hilos centrales de la historia es Guy Stanton, pseudónimo de uno de aquellos agentes reales, cuya experiencia fue recogida en el libro The Betrayer: How An Undercover Unit Infiltrated The Global Drug Trade (El traidor: Cómo una unidad encubierta se infiltró en el tráfico mundial de drogas), publicado en 2022. Stanton vivió durante años con identidades falsas, alternando entre el mundo criminal y su vida personal, una dualidad que terminó dejándole secuelas profundas.
Forsyth explicó que quiso acercarse a estas historias de primera mano. Según contó en Tudum, pasó “uno o dos meses reuniéndose con ellos” y “ganándome un poco su confianza” para comprender lo que realmente ocurrió. Y añadió que “para la mayoría de la gente, incluido yo mismo, el conocimiento que tenemos de los agentes de aduanas es el de las personas que revisan las maletas en el aeropuerto. Es increíble saber que ese mundo existía”.
El desgaste de la doble vida
Pero Leyendas no se limita al atractivo del crimen organizado. Su verdadera fuerza está en el desgaste emocional de sus protagonistas. La serie muestra cómo los infiltrados debían entrar y salir de una identidad falsa sin margen para el error, conviviendo con criminales violentos mientras sostenían una mentira constante durante meses o incluso años.
Los agentes “nunca podían relajarse” en una misión diseñada para frenar “una entrada masiva de heroína que mataba a cientos de personas por semana”, resumía Forsyth. Y ese esfuerzo continuo acabó desdibujando los límites entre quiénes eran y quiénes fingían ser. “Se volvió todo tan difuso que tuvo un impacto real en ellos y en sus familias. Para algunos fue sísmico”, explicó el creador, subrayando el coste humano de una operación que, sobre el papel, era un éxito policial, pero en la práctica exigía un precio personal altísimo.
Netflix aclaró que Leyendas es una dramatización inspirada en hechos reales, no una reconstrucción documental. Algunos personajes y situaciones están fusionados o adaptados, pero el núcleo histórico se mantiene: una operación encubierta que permitió incautar más de 12 toneladas de heroína y desmantelar redes con un valor estimado superior a los 1.000 millones de libras.