Nantes, la ciudad francesa de los prodigios

Todos los sueños de excéntricos artistas, como Pierre Orefice o François Delarozière, son hoy una realidad en esta ciudad francesa

11.12.2020 | 18:16
El Castillo de los duques de Bretaña está en el centro urbano.

Visitar Nantes es desconectar realmente de tu vida cotidiana y entrar en un mundo con dos caras: la del encanto de una ciudad provinciana, y la de la sorprendente libertad creativa al descubrir su inmenso e insólito museo al aire libre.

El ambiente de la ciudad es muy acogedor. Las calles céntricas semipeatonales están siempre muy animadas, y es donde el comercio, los elegantes y centenarios restaurantes y hoteles como La Cigale, las boutiques de moda, las cafeterías, con sus agradables terrazas, y el placentero olor que emana de las boulangeries te estimulan a tomar algo para empezar a descubrir a pie los prodigios de Nantes. Porque una de sus mayores comodidades es que es una ciudad paseable.

Caminando por sus calles uno tiene, además, la misma sensación romántica que cuando recuerda los costumbristas filmes de Jean-Luc Godard o Éric Rohmer. Así, que miras curioso las caras de las gentes con la quimérica ilusión de encontrarte de frente con el omnipresente actor Daniel Auteil o la glamurosa Sophie Marceau, esos personajes que parecen fluir de las mismas entrañas de la vida cotidiana francesa. La historia de la ciudad se revive por las callejuelas de los barrios del casco antiguo, como el medieval de Bouffay o el de Graslin.

Es aconsejable dejarte acompañar por una guía. Las de Turismo de Nantes son harto eficientes. Entre otras, Bénédicte Péchereau, por ejemplo, es inteligente y bien documentada: es francesa, habla español y gesticula en italiano. Y con ella recorrí gran parte de la ciudad. Pero tampoco es indispensable contratar guía. Si optas por tu independencia, una línea verde pintada en las aceras te guiará de una etapa a la otra sin mayor problema. Atrévete, ¡es muy fácil!

La ciudad de los sueños

Descendiendo a través de las artísticas Galerías del Passage Pommeraye, me dirijo, en compañía de Bénédicte, a uno de los prodigiosos tesoros de Nantes: La Machine, un impresionante, singular y magnífico recinto –los antiguos astilleros– que alberga las obras maestras más fantásticas y atrevidas del arte contemporáneo.

"Nunca hay nada nuevo bajo el sol". Esta frase, del Libro de las sapiencias, no es aconsejable pronunciarla en Nantes. Todos los sueños imposibles que hace más de una década anidaban en los cerebros de excéntricos artistas como Pierre Orefice y François Delarozière son hoy una realidad. En La Machine de L'Ile, todo un bestiario de máquinas vivas se escapa del taller porque tienen vida propia. O al menos, eso parece. Son unas criaturas tecnológicas nacidas en una catedral de acero que hoy asombran a propios y extraños. Entre los muchos prodigios, el Gran Elefante se ha convertido en el símbolo de la nueva Nantes. Un ya icónico y monstruoso –por su tamaño– animal que camina reproduciendo los mismos movimientos como lo haría un ejemplar vivo africano o asiático. Pero son muchas más las estructuras mecánicas monumentales que invitan a soñar a pequeños y adultos.

El Gran Elefante', en La Isla de las Máquinas. Foto: Jean dominique billaud

Museo al aire libre


Inspirados por este éxito, los responsables de la ciudad invitaron, a partir de 2007, a famosos artistas internacionales, arquitectos y diseñadores de todo el mundo, a apropiarse de ciertos lugares a lo largo del río Loira, desde su paso por Nantes hasta su desembocadura en Saint-Nazaire (a 60 kilómetros) para que expresaran en ellos su creatividad. Uno de los más llamativos es el titulado La serpiente del océano, del artista Huang Yong Ping, ubicada en el límite transversal del mar. Parece un esqueleto extraído de una excavación arqueológica. Sin embargo, el movimiento de las olas parece dar vida a esta serpiente de 65 metros. Influido por la abstracción del dadaísmo y la filosofía oriental, Yong Ping creó una figura metafórica que también apela al budismo zen.

Obra 'La serpiente del océano', de Huang Yong Ping. Foto: M. Argyroglo

Misconceivable es otra obra situada en el canal de la Martinière. Fue ideada por el austríaco Erwin Wurm y desafía las reglas físicas y espirituales. El barquito de su obra, increíblemente flexible, se inclina y se dobla atraído irresistiblemente por el río buscando su cauce natural para navegar. El autor se pregunta si los objetos, como los seres humanos, también tienen alma. Erwin Wurm cree que éstos están sometidos a la fuerza del pensamiento: "Los objetos tienen alma", asegura el artista.

Asimismo, La casa en el Loira es otro insólito prodigio que puede contemplarse en el Estuario. La casa medio sumergida en el río simboliza, según Jean-Luc Courcoult, no solo los restos de un naufragio, sino lo solitarios que, a veces, los seres humanos nos sentimos en plena naturaleza. Es una imagen realista, poética y silenciosa. Una casa medio sumergida y dormida sobre el río Loira, que bien podría ser una pintura en tres dimensiones.

Estos son solo algunos ejemplos de las numerosas instalaciones artísticas que se encuentran a lo largo del Estuario, una ocasión única para descubrir el prodigioso patrimonio contemporáneo de Nantes, imaginado por unos artistas soñadores que han incrementado la felicidad de todos. Porque según el Manual del Soñador, "la calidad del sueño es directamente proporcional a nuestra felicidad y la de nuestro entorno".

Un sueño con calidad debe cumplir las tres B. Beneficio porque un sueño debe ser rentable; Belleza porque nos tiene que gustar; y Bondad porque debe generar valor y ayuda. Un sueño que cumple con estas tres B está destinado a hacernos inmensamente felices. Y Nantes cumple con creces con las tres, con esos sueños hechos realidad que han hecho felices primero, a sus soñadores; después, a sus habitantes; y finalmente, a todo visitante nacional y extranjero.

Así que, la frase cuestionada al principio de este artículo podría cerrarse con otra incuestionable: "La imaginación es más importante que el conocimiento". Es de Albert Einstein. ¡Otro soñador!