Rutas por Euskal herria

Iramendi, la montaña de los helechos

11.08.2021 | 00:46
Cresta rocosa, cerca de la cima de Iramendi.

A medio camino entre Eiheralarre y Ezterenzubi, en el angosto desfiladero de Zuziniate, existe un puentecito que cruza el río Beherobia. Desde allí ascendemos a Iramendi, una esbelta montaña cubierta en gran parte de helechos situada a las puertas del bosque de Irati

La raíz "ira" significa "helecho", y aparece en numerosos topónimos euskéricos: Iraburu, Irazu, Iratze, Iratzoki, Iragorri, Irazabal, Iragi, Iraeta, Irati... Así pues, Iramendi viene a ser el "monte de helechos", y damos fe de ello. Lo comprobaremos en esta excursión. Iniciamos la marcha en un pequeño aparcamiento que se encuentra situado en el arcén de la carretera D-301, que une Larrau con Donibane Garazi [Saint-Jean-Pied-de-Port], a la altura del pequeño desfiladero de Zuziniate (200 metros de altitud). Desde ese punto bajamos al puente que cruza el río Beherobia, principal fuente del Errobi, y continuamos de frente por un sendero que nos llevará en paralelo a una regata hasta enlazar con un carretil que se dirige por la ladera oeste de Iramendi hacia el collado Irei.

Una vez que hemos superado el caserío Iribarnea, que lo dejamos a nuestra derecha, tomamos en una curva del carretil una senda que parte hacia la izquierda y que se interna en el denso helechal que cubre la ladera del monte. La senda comienza a dibujarse con mayor nitidez conforme va ganando altura y llega a la cima secundaria de Hartzahale (598 m). Será a partir de ese punto cuando el camino se hace más evidente, al tiempo que asciende hacia el sur por la arista de la montaña y aparecen más claros en el frondoso helechal.

En cualquier caso, hay algunos tramos en los que el camino se desdibuja de forma intermitente, pero no existe dificultad para completar la subida hacia Iramendi por las sendas que flanquean algunos peñascos que se interponen en la marcha. En la parte alta, los prados irán ganado terreno a los helechos, lo que facilita nuestra ascensión a la cima (866 m, 1 h 50 min), que aparece salpicada de rocas. Y es que esta cumbre modesta en altitud, muestra un perfil un tanto arisco, plagado de rocas.

Una vez que hemos disfrutado de las vistas y el lugar, iniciamos el regreso al punto de partida, para lo que, desde Iramendi, descenderemos hacia el sur. Tendremos que hacer frente a una fuerte pendiente, hasta alcanzar el cercano collado de Irei (740 m), que es visible desde la cima. Una vez en él, cambiamos el sentido de la marcha, con lo que giramos y comenzamos a descender hacia el norte por el estrecho y solitario carretil, que podremos evitar en algunos tramos gracias a los alcorces que se introducen en el bosque.

Invertiremos una hora en este descenso, tras lo cual nos situaremos en las inmediaciones del caserío Iribarnea. Un poco más adelante, abandonamos el carretil y entramos por la senda que nos lleva de nuevo al puente sobre el río Beherobia y, posteriormente, al pequeño aparcamiento donde habíamos dejado el vehículo.

FICHA TÉCNICA

Accesos: Situado en el Valle de Garazi, desdeDonibane Garazi tomamos la carretera D-301, atravesamos Eiheralarre en dirección a Ezterenzubi y, justo al comienzo del desfiladero de Zuziniate, dejamos el vehículo en un pequeño aparcamiento situado en el lado derecho de la carretera.

Distancia total: 9 km.

Tiempo total: 3 horas y 30 minutos.

Desnivel acumulado: 670 m.

Carboneras

En los hayedos que trepan por las laderas del Iramendi eran habituales las txondorras [carboneras] en el siglo pasado, de hecho. Incluso en la actualidad, para quien sabe mirar, encontramos dentro del bosque trazas y vestigios de aquella actividad ligada al fuego y la madera. La técnica era sencilla pero laboriosa. Elegido el lugar, al socaire, construían una gran pirámide con troncos de madera, en este caso del hayedo. Los más grandes los colocaban abajo, y en el centro, dejaban un hueco. Este entramado se cubría con hojarasca y paja, encargadas de evitar que entrase el oxígeno y comenzase la combustión. Todo esto se cubría con tierra. Ahora introducían por el agujero central unas brasas preparadas previamente, al tiempo que abrían unos pequeños respiraderos en la base de la pirámide. El objetivo era que la madera perdiera humedad y se transformase en carbón. El hilo de humo que escapaba por los agujeros avisaba de la situación en que se encontraba la producción: cuando salía de color azul, significaba que el carbón estaba listo.



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DEL LIBRO: Mañaneras
TEXTO Y FOTOS: Iñaki Vigor y Karlos Sanz
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