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Libia: país, no; petróleo, sí

17.05.2021 | 01:20
Libia: país, no; petróleo, sí

L ibia es la versión político-africana del "pobre rico". Sus problemas son muchos y la mayoría, crónicos, pero el caos imperante –sería más correcto decir la casi guerra civil– en que está sumergido el país desde hace más de un decenio se debe a la lucha por sus hidrocarburos; por los enormes beneficios que generan sus ventas. Y ahora la ONU espera arreglar todo esto con unas elecciones generales a finales de año.

Naturalmente, esta lucha tiene un marco socio-político: el de que en realidad Libia no fue nunca un país, sino por lo menos tres. Ni étnica ni culturalmente hay nada en común entre el oeste –casi magrebí–, donde está enclavada la capital, Trípoli, y el tercio oriental, con la capital en Bengasi, muy vinculado a Egipto. El dramáticamente derrocado Gaddafi (oriundo del centro del país) mantuvo la unidad nacional libia con mano de hierro y explotando la rivalidad este-oeste.

Desaparecido Gaddafi y su régimen, Libia se pulverizó política y militarmente. Las zonas controladas por Trípoli y Bengasi eran mínimas, imperando en el resto del país banderías locales. Todo el mundo odiaba a todo el mundo y el consenso imperaba solo en dos temas: en imponer la ley del puño sobre las zonas dominadas y en mantener en funcionamiento la extracción y venta de los hidrocarburos. Y este era un negocio fabuloso porque se hacía a la brava: ventas y reventas clandestinas del crudo, sin gravámenes fiscales; sólo se pagaba la mordida de las bandas... y esta era negociable.

El vacío de poder y la tentación del negocio transformaron rápidamente la pseudo guerra civil libia en un conflicto internacional en el que intervienen, además de los protagonistas locales, Rusia, Turquía, Egipto, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes y –con mal disimulo– Francia, cuyas petroquímicas tienen grandes intereses en el país.

La figura dominante de la guerra civil ha sido el caudillo Jalifa Haftar, de 70 años, que defiende con mercenarios africanos y rusos los intereses de Bengasi y, más aún, los suyos propios. En esto le han ayudado hasta ahora Egipto, Emiratos, Rusia y, a ratos, Arabia y Francia... aunque esta lo negara siempre. Turquía, que en Siria colabora con Moscú, aquí se alinea con Trípoli y hasta con los occidentales, que en el resto de la política turca desempeñan el papel del vecino odioso.

Como los protagonistas nacionales de la guerra civil libia, los actores extranjeros tienen oficialmente "metas estratégicas". Pero, en realidad, todo el mundo en este caótico conflicto quiere en primer lugar llevarse la parte del león en el reparto del negocio petrolífero.

Solamente la ONU juega sin armas y sin apetencias mercantiles evidentes. Lo malo es que desde el principio pretende resolver el drama libio por la vía electoral... ¡en una nación que solo conoce la democracia de oídas y ha celebrado tan solo tres comicios en diez años largos...!

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