Con la venia

El nuevo conde de Lerín

09.02.2020 | 00:57
El nuevo conde de Lerín

En su versión más dura, la descripción histórica de Luis de Beaumont, tercer conde de Lerín, es la de caballo de Troya del rey de Castilla en Navarra que no fue sólo un español más en la invasión del Reino, sino que fue puesto por el duque de Alba al frente de una de las tres columnas invasoras. Cinco siglos después, otro mal navarro conspirador, éste de medio pelo, se ha prestado a liquidar los despojos de aquella pretérita soberanía a cambio de recuperar el poder, aunque sea en un país casi desposeído de poder.

A José Javier Esparza, nueva versión degradada del conde de Lerín, uno que fue compañero de partido le describe como "no sofisticado como político, pero sí suficientemente listo. No es capaz de enunciar una sola idea política, pero sí sabe los padrinazgos que tiene que procurarse". Aterrado ante los sondeos que auguraban un nuevo desastre electoral para UPN y ante la posibilidad de cuatro años más en el congelador de la oposición, Esparza ha decidido frenar la debacle aun poniendo en riesgo los derechos forales en perversa contradicción con las bases fundacionales de su partido. La alianza con Cs, que ya avisa que en cuanto pueda va a suprimir los derechos forales, y con un PP recentralizador capaz de impedir transferencias pendientes, es un pacto contra natura que atenta contra la misma esencia de Navarra. Pero a Esparza le da igual. A él, como vulgarmente suele decirse, sólo le interesa "salvar su culo".

El acuerdo UPN-PPN-Ciudadanos es un pacto a la desesperada y entre desesperados para acabar con la experiencia progresista en Navarra y recuperar al viejo régimen caciquil de clientelismo en el que tanto prosperó la derecha extrema y clerical. Fallaron los pronósticos apocalípticos y el cambio de progreso funcionó, así que el nuevo conde de Lerín ha apelado a la razón de Estado para un pacto antinatural, con el único punto en común del aborrecimiento a todo lo vasco y apelando a la unidad de España como argamasa, reclamo de moda en la actual política española. Convencido de que el "por Navarra y por España" sumará los votos del antivasquismo más cerril aún vigente, de la derecha católica, de los entornos sociales del Opus Dei y del españolismo ultra, ya sea de derechas o de izquierdas, Esparza ha suicidado a UPN con tal de tocar poder, aunque sea compartido con dos socios para los que Navarra supone poco más que un laboratorio.

Ética política aparte, el acuerdo afectará sin duda al próximo resultado electoral, más aún teniendo en cuenta que se trata de elecciones generales y que incluye a dos partidos de ámbito estatal. Dos, al menos de momento, porque la implicación de Vox en la operación sigue siendo una incógnita y lo único que se conoce son las gestiones frenéticas del equipo de Esparza para evitar que la extrema derecha haga pública su participación en el contubernio. Otra cosa será que le hagan caso.

El nuevo conde de Lerín, que cuenta con la potencia publicitaria de dos grandes formaciones asociadas y la hegemonía mediática local a su servicio, siempre a su servicio, tiene como primer y obsesivo propósito sumar los votos suficientes para que se den por enterados y próximamente desalojados los actuales gobernantes del cambio, usurpadores que quieren regalar Navarra al imperialismo bizkaitarra. Que sepan, gracias a los votos logrados con los socios antiforalistas y recentralizadores, esos dos poderosos cuerpos del ejército invasor, que Navarra no es vasca, sino española a todos los efectos. Y ya puestos, el nuevo conde ofrece otro servicio: excluir al PSN de cualquier alternativa de gobierno, al mismo tiempo que intimida al PSOE al trasladar el triunvirato de la derecha a la Comunidad Foral.

Si la operación sale bien, al nuevo conde de Lerín quizá -al tiempo- le pueda caer alguna prebenda en la Corte por los servicios prestados. Si falla, pasará mucho tiempo antes de que UPN vuelva a levantar cabeza. En cualquier caso, y aunque logren mayoría, muy pronto se comprobará que se trata de un pacto sin base ni cohesión ideológica. De hecho, a pesar de las promesas y los compromisos acordados, alguno de los socios ya ha advertido de que donde dice digo dirá diego.

Suficientes alertas rojas para movilizar el voto progresista en Navarra. Sobre la estrategia de defensa -o contraataque- de los componentes del cuatripartito habrá que hablar más adelante.

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