La crónica de la semana

Fin de curso, nueva legislatura

04.07.2021 | 01:00
Vista general del salón de plenos del Parlamento de Navarra. Foto: Unai Beroiz

Navarra cierra el curso político con claros síntomas de estabilidad. El Gobierno mantiene sus apoyos y afronta el futuro con optimismo. Pero quedan aristas por pulir, que se harán más evidentes cuando pase la crisis sanitaria

Finaliza el curso político, y lo hace con un dibujo bastante claro de lo que va a ser el resto de la legislatura. Más allá de sus diferencias, el Gobierno y sus aliados mantienen una relación estable que le garantiza la continuidad los dos años que restan de mandato. Con los fondos europeos en el horizonte y una salida de la pandemia todavía incierta pero cada vez más cercana, la segunda parte de la legislatura será fundamentalmente de carácter económico.

Han sido dos años muy condicionados por la pandemia, pero que han supuesto mucho menos desgaste político de lo que se hubiera podido prever al inicio. Así lo entiende al menos el Gobierno foral, reforzado por una mayoría parlamentaria que le ha sostenido en todas las decisiones comprometidas. La ciudadanía, con la excepción lógica de quienes han sufrido en mayor medida las restricciones impuestas, ha entendido la situación, y la crítica social se ha limitado a la hostelería y a algunos sectores de la juventud. Y aunque el malestar sigue todavía latente, será fácil de mitigar si la situación económica confirma sus signos de mejora.

Cabe destacar aquí el papel que han jugado los medios de comunicación. De una forma u otra, todos han cerrado filas en la gestión de la pandemia. Han informado de forma puntual de la situación, han dado veracidad a la versión de las autoridades sanitarias y han justificado la necesidad de las restricciones. A diferencia de Madrid, donde la batalla política ha estado mucho más presente en los medios afines a la oposición, en Navarra la crítica generalmente ha sido puntual y justificada.

Eso ha limitado de forma importante la capacidad de oposición de la derecha, que se ha encontrado en una soledad evidente durante todos estos meses. El último decreto aprobado por el Parlamento para derogar algunas restricciones es un buen ejemplo. Navarra Suma intervino con un discurso duro y crítico con el Gobierno foral, a quien responsabiliza de todos los males generados por la pandemia y niega cualquier acierto en la gestión. Sin embargo, sus 20 parlamentarios acabaron absteniéndose, prueba de las dudas que les genera su posición, cada vez más aislada.

Dos años por delante El Gobierno encara así la segunda parte de la legislatura con una base sólida. No solo parlamentaria, también social. La firma del plan de empleo, el avance en determinadas infraestructuras y la previsión de nuevas inversiones le garantizan cierta cohesión con el mundo económico y sindical. De alguna forma, la sociedad navarra empieza a asumir que la actual fórmula de gobierno, más allá de su minoría parlamentaria, es de largo recorrido. Y eso resulta demoledor para los intereses políticos de la derecha.

Una realidad que ha motivado la reflexión en UPN sobre su alianza con PP y Ciudadanos, amortizada en apenas dos años, y sin más recorrido que lo que resta hasta las próximas elecciones. La derecha ha comprendido que la resistencia numantina no le garantiza la vuelta al poder, más bien al contrario. Pero tampoco acaba de encontrar una respuesta diferente.

Arrastrados por el extremismo de Vox y una posible moción de censura en Madrid, nada apunta a un cambio de estrategia a corto plazo en UPN. Cada vez parece más claro que hará falta otra legislatura más, y muy posiblemente también un nuevo liderazgo, con otras caras y otras formas mucho menos amargas. Con capacidad para adaptarse al ciclo político que se inició en 2015, y que las primarias andaluzas acaban de reafirmar.

Pero no todo son buenas noticias para el Gobierno de Navarra. En la medida en la que escampe la situación sanitaria van a ser más evidentes sus consecuencias sociales y económicas, y ahí la sociedad ya no va a ser tan comprensiva como lo ha venido siendo hasta ahora.

Sin la pandemia en el centro del debate, las diferencias entre los socios se van a hacer más visibles. Y el Gobierno foral, pero sobre todo el PSN, van a necesitar algo más que buenas palabras para mantener la cohesión de la mayoría parlamentaria, que será cada vez más exigente conforme se acerque la nueva cita electoral.

En los próximos meses al Ejecutivo foral le va a tocar negociar con Madrid la actualización del Convenio, el reparto de los fondos europeos y las transferencias de Tráfico y del Ingreso Mínimo Vital. Cuestiones en las que, más allá de las buenas relaciones con sus ministros, sus socios van a reclamar a los socialistas más firmeza de la mostrada hasta ahora.

La polémica creada en torno a la baremación del euskera en la zona no vascófona ha dejado además tensionados algunos de los pilares en los que se apoya el Ejecutivo de Chivite. La manifestación del viernes, con buena parte de la base social que sostiene al Gobierno allí representada, supone un primer aviso que el PSN no debería subestimar. El liderazgo no es un cheque en blanco, y las decisiones unilaterales ya no van a ser fáciles de justificar.

Matices en cualquier caso de una fórmula de Gobierno que funciona, y que hoy por hoy es la única viable. Algo en lo que vienen coincidiendo los portavoces de la mayoría progresistas en la serie de entrevistas que está realizando este periódico con motivo del ecuador de la legislatura. Pese a las discrepancias, todos admiten que la actual mayoría va a continuar unida hasta el final de legislatura sin dificultades especiales. Afinando las aristas todavía por pulir, es muy probable que lo haga también más allá de 2023.

La mayoría parlamentaria es sólida y estable, pero hará falta algo más que buenas palabras para mantener la cohesión toda la legislatura

La polémica con el baremo del euskera no pasará factura al PSN, pero supone un punto de inflexión con sus socios


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