Germà Bel: "No se puede solucionar la macrocefalia de Madrid sin reformar la organización del Estado"

Crítico con la conformación de un Estado radial, analiza los desequilibrios económicos, políticos y sociales que genera la estructura de Madrid

23.01.2022 | 18:16
Germà Bel, autor del libro 'España, capital París. Origen y apoteosis del Estado radial: del Madrid sede cortesana a la «capital total»'.

Germà Bel (Les Cases d'Alcanar, 1963) escribió en 2010 el libro España, capital París. Origen y apoteosis del Estado radial: del Madrid sede cortesana a la «capital total». Así que es una voz interesante en el actual debate sobre las disfunciones del modelo estructural y económico de Madrid. Bel tiene experiencia en cargos institucionales, con una evolución ideológica llamativa. Fue portavoz en el Congreso del Grupo Socialista de la Comisión de Economía y Hacienda de 2001 a 2004. Y diputado en el Parlament de Catalunya de Junts pel Sí de 2015 a 2017.

El sobrecrecimiento de Madrid y sus consecuencias están últimamente en el foco informativo. Usted criticó hace doce años la "apoteosis del Estado radial". Ya lo veía claro.
–Yo había sido del 90 al 93 asesor de Almunia y de Borrell, y de 2000 a 2004 diputado con el Grupo Socialista. Vas viendo cómo se desenvuelve la política y las discusiones y los procesos de toma de decisión. El libro conjugaba la reflexión de lecturas y de la propia experiencia.

Y analizaba el desarrollo de las infraestructuras en torno a Madrid.
–Las infraestructuras son el instrumento que se usa para realizar un proyecto de construcción nacional. De hecho, la traducción del título al inglés, no fue 'España, capital París', porque no lo habrían entendido, sino 'Las infraestructuras y la economía política de la construcción nacional de España (1720-2010)'.

Escribió este libro tras las dos legislaturas de Aznar en la Moncloa.
–Lo que hizo Aznar fue recuperar el proyecto de construcción nacional española en el sentido de recentralización. En los últimos 170 años, desde que se abre la discusión territorial a mitad del siglo XIX, tenemos con la Restauración la primera recentralización, con Primo de Rivera la segunda, con el franquismo la tercera; Aznar sigue esa pauta. El patrón es un cambio de régimen o una transmutación, un periodo en que se discute todo y todo parece ser posible, el agua se desborda y al cabo de un tiempo vuelve a su cauce. Aznar fue el cuarto regreso al cauce de un proyecto de recentralización. Y eso se ve muy bien con la política de infraestructuras, que es muy gráfica.

En cambio, a menudo se ha puesto más el acento en la centralización cultural y educativa.
–En España la derecha es mucho más nacionalista, y la izquierda, donde también hay nacionalismo, es mucho más estatista. La izquierda en los temas simbólicos y culturales tiene una posición más abierta, porque el grado de nacionalismo español es menor, pero como es muy estatista, en las políticas que definen poder de Estado, acaba siendo similar a la derecha. El caso de las infraestructuras, política de organización territorial y del poder de Estado, muestra que ahí no hay vaivenes. Se mantiene desde 1716 el mismo patrón.

El centralismo ya no genera solo inquietud en la CAV, Navarra o Catalunya. Se expresa también en la Comunidad Valenciana, a lo que se suma la llamada 'España vaciada'.
–Este tipo de política afecta a toda España. De hecho, la primera gran manifestación que hubo en Catalunya, antes que la del rechazo a la sentencia del Constitucional sobre la reforma del Estatut, fue sobre infraestructuras en 2007. Aquí hay un componente añadido de competencia económica y de actividades entre Barcelona y Madrid. Así que la sensibilidad es mayor. Esto puede explicar que la percepción llegase antes.
Pero como es un tema que afecta ha acabado levantándose en toda España.

Están en el candelero la concentración de organismos, las ventajas fiscales o el efecto capitalidad.
–Es un retorno, porque esto se discutía en el año 2000. Se observaba a estados grandes de la Unión Europea, como Italia o Alemania, que tenían los organismos reguladores ubicados fuera de la capital, generalmente. Por eso, una idea para desacentuar la acumulación de poder en Madrid era deslocalizar organismos. Lo que están haciendo ahora no es eso, sino algunos nuevos que se crean, de entidad muy menor, se sitúan fuera. Es algo muy diferente.

¿Y en este caso cuál sería a su juicio un cambio de calado?
–Por ejemplo, que esos organismos reguladores serios estén fuera de la capital política, sea Madrid, Camberra, Burgos o Soria. Porque no es solo un elemento de ordenación territorial, sino porque se tiene entendido, Estados Unidos es un ejemplo, que la lejanía entre el poder económico y el poder regulador dificulta la captura de este último por el primero.

¿Y en lo relacionado con fiscalidad?
–Aquí hay dos problemas. Uno es la discrepancia entre los modelos forales y el común, y el otro es dentro del común, el absurdo de Madrid. No pasa nada por que haya competencia fiscal entre territorios. La anomalía es la Comunidad de Madrid, en lugar de un distrito federal sin poder fiscal, lo que existe en Estados Unidos o en Berlín, ciudad estado, en Camberra... Al concentrar tanto el peso del Estado, al estar tan centralizado, el impacto económico de la centralización da una capacidad fiscal anómala para la comunidad autónoma donde está la capital. No sería así si Madrid fuese o distrito federal o una provincia dentro de Castilla. Porque Madrid está exenta de la redistribución interna dentro de su territorio. Barcelona, por ejemplo, tiene potencia económica, pero Catalunya tiene que hacer carreteras y comunicaciones regionales que vayan a puntos más despoblados... Madrid no tiene un hinterland menos desarrollado en el cual hacer transferencias o redistribución interna. Así que tiene una capacidad de hacer un uso de los instrumentos fiscales anómalo. Es una comunidad en pie de igualdad con las demás, que no tiene nada que ver con las otras en cuanto a capacidad de uso de sus instrumentos. Me parece que armonizar el impuesto de sucesiones o de patrimonio no es lo prioritario, sino que Madrid capital no puede tener las mismas reglas del juego.

Estas críticas pueden alimentar allí un discurso victimista, pero electoralmente jugoso. ¿El Gobierno cómo tiene que manejar esto?
–Esto no tiene solución. Es muy importante en los diagnósticos políticos saber qué tiene solución y qué no.

Pero no se trata de una fatalidad. Un Estado se puede enmendar vía Presupuestos, ¿no?
–No. Un Estado se puede enmendar cuando la mayoría de actores les conviene enmendarlo. No es el caso.

Hay autonomías protestando. Se puede generar un juego de alianzas.
–Una cosa son las infraestructuras, donde todavía pervive mucho la idea de 'oiga, estamos despoblados, metan el AVE', que genera más despoblación. Pero fiscalmente, el País Vasco y Navarra están fuera de ese juego.

En todo caso, esa concentración de poder en torno a Madrid se ha envuelto en esa idea del 'Madrid es España' de Díaz Ayuso.
–Pero es que la mayor parte de españoles están de acuerdo con esa expresión. Por eso lo que dijo Díaz Ayuso es un caballo ganador. Eso es análisis de anatomía. El País Vasco y Navarra están protegidos o blindados de alguna forma. Obviamente sensibles a cosas que usted decía, pero si se abre el melón no tienen todo a ganar. Madrid es la comunidad más rica, con el País Vasco y Navarra en PIB por habitante. Si hubiera un proyecto federal, se podría plantear un cambio de reglas, y convertir a Madrid en distrito capital, y el territorio fuera de su núcleo urbano aplicarlo a Castilla-La Mancha y Castilla y León. El problema es que para ir a un modelo federal hay una regla básica, y es que tiene que existir el concepto de competencia exclusiva. Aquello que es de la federación y aquello que es de los federados. La sentencia del Tribunal Constitucional de 2010 sobre el Estatuto de Catalunya en sus considerandos, extinguió el concepto de competencia exclusiva en España. No hay ninguna competencia en ninguna región que no pueda ser objeto de regulación central. Así que no hay mimbre para los cestos. Uno no puede analizar la solución del problema que genera la macrocefalia de Madrid sin meterla en el contexto de una reforma de organización del Estado y de la distribución del poder territorial. En el año 2000 se creía que se podía federalizar España. Pero si el diagnóstico es que España no se puede federalizar porque la mayor parte de gente está en contra de esto...

Le quiero preguntar por su evolución política personal.
–Dejé de creer que una reforma federal en España era posible, cuando entendí que el principal obstáculo es que la gran mayoría de gente en España no la quiere. Como a mí me parece muy lógico no hacer lo que la gente no quiere hacer, entendí que esa no era una vía operativa. En mi último año y medio de legislatura en el Grupo Socialista llegué la conclusión de que si ganaba el PSOE esas cosas no iban a cambiar, que no iba a ver un cambio potente en lo sustancial. Un Estado como España no puede individualizar, término que me gusta más que descentralizar, el aeropuerto de Barcelona y los territoriales, cuando hasta en Francia lo han hecho. Si no cambia la gestión de un aeropuerto, ¿cómo coño va a cambiar nada? Y eso es lo que vi en mi última etapa de diputado en el Congreso.

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