Los abusos del clero y de la Justicia

10.02.2020 | 01:18

Me presento, soy "Andoni", nacido en Pamplona; tengo 65 años. De niño mis padres, con lo que entendían era el mejor criterio de la época, me enviaron a estudiar al Colegio Maristas Santa María la Real; se suponía era un buen colegio de Pamplona, y "de pago", como se decía antes más.

En Maristas sufrí por una parte del profesorado todo tipo de abusos físicos, psíquicos y sexuales, que son, estos últimos, los que me han dejado más secuelas. Eran en concreto tres hermanos maristas. No fui el único en este colegio de la avenida de Galicia, pues sé que ha habido más compañeros en mi situación. Situación de terror con doce, trece, catorce añicos. Imaginarlo hoy en vuestros hijos e hijas. ¿Qué haríais? Lo mismo ocurrió, por desgracia, en otros centros educativos religiosos de Navarra. La aparición de diferentes casos en diversos colegios nos ha llevado a las víctimas a unirnos, y hemos creado una Asociación, desde la que estamos recabando numerosa información y acogiendo a otras víctimas que se acercan con casos igualmente espeluznantes.

Solo queremos que se conozca la realidad de aquellos tiempos tan oscuros, pero también de estos, porque esta lacra, en algunos casos, no ha acabado. Imaginaos vuestros hijos y a vuestras hijas en esa situación y peligro. Solo queremos nunca mais. Nuestras denuncias se han tramitado en las distintas policías. Yo acudí a la Policía Nacional, donde sus funcionarios me brindaron un trato exquisito. Pero todo el procedimiento acaba en los juzgados, y ahí radica el problema. Creo en la Justicia, pero en una Justicia empática, deseosa de resolver los problemas. A la vista de los fallos judiciales recientes, no puedo creer en esos jueces con togas negras, distantes, que les tienes que hablar de usía. Son lejanos, y la justicia tiene que ser cercana, defendiendo a las víctimas. Cuando los casos de abusos sexuales a los niños realizados por el clero llegan a los jueces estos lo resuelven de la manera más sencilla: el delito está prescrito por los años que han pasado. ¿Creéis que el dolor de un niño o una niñas puede prescribir? Yo creo que no. Cuidemos a nuestras hijas e hijos; yo las tengo y es lo mejor que me ha pasado en la vida. Señores jueces, parece que ustedes no tienen hijos o hijas, ¿dirían lo mismo si abusasen de ellos? Puede que las leyes estén así, pero se pueden cambiar. Eso está en manos del poder legislativo, por lo que los políticos deberían también dejar de mirar hacia otro lado y encarar el problema de manera valiente.

Ningún juez me ha llamado, no se ha preocupado de mí, solo una fría carta, con términos que no están a la altura de todos. Siempre ha habido leyes justas e injustas. Por la legislación pasada las mujeres no podían votar, las mujeres dependían de los maridos..., pero la sociedad evoluciona y estamos en el siglo XXI, con leyes que no son justas. Cámbiensen las leyes para lograr una sociedad más justa. Y cámbiese también este modelo de Justicia, porque, señores jueces, necesitamos una justicia justa, más cercana, y más amable. Y ahora, señores jueces, me permito tutearos. Poneros en mi caso y en el de muchos compañeros y compañeras. Imaginaos que son vuestros hijos o hijas, "señores jueces".El autor es Andoni, nombre ficticio por el trauma psicológico que sufre por abusos en Maristas en los 60