Iruzkun, afloran más fosas del exterminio franquista de 1936

La aparición de cuatro víctimas republicanas más elevan a 20 las encontradas en el llamado ‘coto redondo’ de Iruzkun, situado en el valle de Juslapeña, entre Ollacarizqueta y Larrayoz, un lugar donde en 1979 fueron exhumadas otras 17

10.02.2020 | 05:57
Uno de los momentos de la exhumación esta pasada semana en las fosas de Iruzkun, donde de momento se han hallado 37 víctimas, sumadas las desenterradas en 1979 y en 2019.

La aparición de 4 víctimas republicanas más elevan a 20 las encontradas en el llamado ‘coto redondo’ de Iruzkun, situado en el valle de Juslapeña, entre Ollacarizqueta y Larrayoz, donde en 1979 fueron exhumadas otras 17

los restos humanos de cuatro víctimas republicanas más, con lo que suman ya 20, han sido hallados en la excavación que se ha realizado en las dos últimas semanas en el término de Iruzkun, conocido como coto redondo que se ubica junto a Ollacarizqueta, a 12 kilómetros de Pamplona, en el Valle de Juslapeña. Fue entre el pasado lunes por la tarde y la mañana del martes cuando, al exhumar los cinco restos humanos que habían sido enterrados en su día en la trasera de una de las bordas, se localizaron cuatro más en la misma fosa.

Así, en esta segunda exhumación se han rescatado los restos de 20 víctimas republicanas a las que se suman las 17 de Sartaguda que fueron extraídas en 1979 y cuya excavación permitió adivinar que este escondido lugar fue muy utilizado como paredón y cementerio por los matarifes del alzamiento militar. Un lugar más de exterminio de los que abundan en Navarra. El mapa de fosas encargado a Tracasa arrancó en 2012 con 221 lugares repartidos a lo largo y ancho de la geografía foral.

En Iruzkun ya se han exhumado estos días los 20 restos humanos de otras tantas víctimas, que ahora serán analizados por la Sociedad de Ciencias Aranzadi para su identificación si es posible. No obstante, los técnicos van a seguir prospectando en este lugar ya que, según apuntó César Layana, jefe del servicio de Memoria Histórica del Gobierno de Navarra, no se descarta que haya más fosas comunes escondidas entre la vegetación. Un lugar que pasados los años se erige como uno de los puntos del terror golpista.

La pista principal de este lugar como sede macabra fue facilitada por Félix Echalecu Lecumberri, vecino de Ollacarizqueta, ya fallecido quien fue obligado a realizar la fosa y presenció las ejecuciones, que podrían haberse perpetrado en noviembre de 1936. Unas fechas que hasta que no se crucen datos se desconoce si hubo motivos "especiales". Echalecu, en una entrevista realizada en 2007, precisó que hicieron una fosa de unos 100 metros de largo por 0,60 metros de anchura y un metro de profundidad.

"(...) aparecieron dos coches, el primero, con bandera nacional y una camioneta con toldo. Mi padre y mis hermanas se apartaron, yo me quedé, y vi los fusilamientos. Aquel día trajeron 17 esposados de dos en dos, los metieron como a corderos en la primera borda, la borda Roncal. Los sacaron ya sin atar; en la parte izquierda de la fosa, un pistolero le pegaba un tiro en el corazón y caía; en la parte derecha el segundo pistolero le pegaba un tiro de gracia. Los echaban a la fosa medio tiesos, de pies, para que cogerían más. No lo olvidaré mientras viva", aseguró en 2007.

informe de oskotz y mikelarena Este dato, recogido por la profesora de la Universidad de Navarra, María Amor Beguistáin quedó ahí, en el estudio etnográfico sobre la vida en la cuenca de Pamplona. Investigadores de memoria histórica de la talla de Fernando Mikelarena y Orreaga Oskotz retomaron el asunto y redactaron un exhaustivo informe que fue facilitado al fondo de documentación del Instituto Navarro de la Memoria desde el que se ha impulsado la exhumación ahora realizada.

Dado el afán por borrar de la historia real de estos luctuosos hechos, el relato se va componiendo con los testimonios y vestigios que se van recabando. Así, cuando los vecinos de Sartaguda llegaron en enero de 1979 a Iruzkun a recuperar a los suyos (17 asesinados el 17 de noviembre de 1936) comprueban que en este paraje hay más personas enterradas. Dejan la pista señalizada lo que ha facilitado las exhumaciones de estos días.

Carlos Urbiola Martínez, de Sartaguda, autor con otros y testigo de la exhumación de 1979, tenía entonces 19 años y el pasado lunes estuvo en Iruzkun. Nieto de Gabriel Martínez, juez de paz y asesinado, Carlos recordó que fue el testimonio de quien fue secretario de Sartaguda y antes del Valle de Atez, José Díaz Fernández -preso en el fuerte de Ezkaba y que se libró de la saca ya que, al parecer, tenía parentesco con un falangista importante- el que facilitó la información que hizo posible rescatar a los 17 de Sartaguda.

Urbiola dice que en el pueblo saben quienes mataron, quienes dejaron el pueblo lleno de viudas y huérfanos e incluso quien se paseaba por la calle con la zamarra de su abuelo. "La derecha, que es la que lo hizo debe pagarlo, sabemos quienes fueron pero no hemos podido llevarles a los tribunales", lamenta. Y lo saben, añaden, porque "el alcohol hace mucho y en las bodegas se decían muchas cosas. Además -añadía el lunes a pie de fosa- a la hora de morir también les entraba como una especie de locura, han muerto con miedo".

Ahora que los 20 restos humanos han salido a la luz, se indagará su procedencia con los medios técnicos y humanos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Labor difícil por el calculado oscurantismo con el que operaron los matarifes. No se descarta que, dado el elevado número de asesinatos -suman ya 37 contando a los de Sartaguda- estas personas procedan de alguna de las sacas de la cárcel.

La pastora, Plácida Ibero, ya fallecida, dijo en su día que los habían traído de Pamplona, que esas personas no eran de la zona y que al grupo les asistía un cura. Era noviembre de 1936 y no fue una acción improvisada ya que la orden de abrir la fosa dada a vecinos de Ollacarizqueta procedía del Gobernador Militar "por supuesto sin pagar y sin por favor", como recordaba el pasado lunes, durante la exhumación, uno de los actuales titulares de Iruzkun, Miguel Vidart Falcón. Su abuelo, Pedro Vidart era el alcalde de Ollacarizqueta en 1936 y es a quien se ordenaba preparar las fosas en Iruzkun. Cuenta que su padre fue movilizado y estuvo trabajando en el Fuerte de San Cristóbal, en el monte Ezkaba, donde se produjo una de las mayores fugas de la historia. También algunos presos escaparon hacia Ollacarizqueta, según relatos de testigos de la época, aunque no hay constancia de que fueran abatidos ahí. Respecto a la exhumación de tantos cuerpos en estos terrenos de Iruzkun. Vidart, explica que "las cosas han ocurrido como han ocurrido y lo normal es que se esclarezca, que se sepa la verdad". Todos estos datos unidos a la creencia de vecinos del Valle de Juslapeña de que en Iruzkun había más tumbas por las hoyagas que se apreciaban en el terreno, no se descarta que se localicen más restos de víctimas del 36.

Noviembre negro. Tras el hallazgo de 37 restos humanos en este término del Valle de Juslapeña, hoy cubierto de vegetación, con bordas y perros y una granja escuela próxima, se abren muchos interrogantes. ¿Por qué este lugar para perpetrar estas masacres? ¿Por qué en noviembre? ¿De dónde procedían las víctimas? ¿Coinciden los hechos con sacas de la prisión de Pamplona? Los restos apenas se acompañan de elementos que puedan identificarlos. Junto a ellos, un tintero, lápices, una boquilla, alguna zapatilla, una bala, un pastillero...