alerta sanitaria

Clases y prácticas, en jaque

11.03.2020 | 01:13
De izquierda a derecha, Miren Murguiondo, Idoia Razkin, Diego Eusa y Paula Sierra.

Decenas de estudiantes y jóvenes navarros dejan Madrid y Vitoria debido a la suspensión de las clases y prácticas, y la recomendación de teletrabajo tras el fuerte incremento de casos de COVID-19 en estas zonas de "transmisión alta"

Decenas de estudiantes y jóvenes navarros dejan la Comunidad Foral cada año en busca de una mejor o más variada oportunidad laboral o estudiantil en las grandes ciudades, especialmente en Madrid, ahora uno de los principales focos de coronavirus del Estado. Siendo así, los planes de estos jóvenes se truncaron al ver sus trabajos patas arriba, sus estudios en stand by o sus prácticas laborales en jaque mate cuando el pasado lunes a última hora de la tarde el Ministerio de Sanidad elevó el nivel de amenaza a "zona de transmisión alta", tanto en la capital del país como en las poblaciones alavesas de Vitoria y Labastida.

Más allá del "caos" que se pueda dar en la ciudad, las preocupaciones de Miren Murguiondo Berastegui, pamplonesa de 23 años, van por otros derroteros, y es que la graduada de Psicología por la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV-EHU) se instaló en Madrid la semana pasada, donde estaba previsto que fuera a vivir los próximos cuatro meses, que es el tiempo que iban a durar sus prácticas de máster en el Hospital Beata María Ana de Madrid que "tanto esfuerzo" le habían costado conseguir. Miren cuenta que desde el viernes de la semana pasada la Comunidad de Madrid decretó que "no puede haber estudiantes de prácticas en hospitales", algo que puso en alerta a la pamplonesa que comenzó a buscar unas prácticas alternativas en vista de que el centro no iba a reasignarla en otro puesto o empresa. A pesar de haber decidido quedarse en Madrid, por el momento, tras haber encontrado unas prácticas de formación por su cuenta –todavía no se ha formalizado–, Miren teme que las medidas restrictivas la lleven a perderlas de nuevo, una situación que la dejaría "sin nada que hacer en Madrid, más allá de gastar mucho dinero en el alquiler del piso compartido –contrato que no puede rescindir– sin ningún propósito".

Este no es el caso de Idoia Razkin Goñi, bióloga y ambientóloga pamplonesa de 24 años, que se volverá a casa lo antes posible. Sus clases en el campus de la Universidad de Navarra en Madrid se han suspendido por 15 días y, por lo tanto, queda interrumpido su máster de Restauración de Ecosistemas, así como las clases de coreano que empezó hace cinco meses. Idoia cuenta que la situación se podría saldarse con la recuperación de las clases perdidas del 1 al 20 de julio o, si no, los sábados. Una medida alternativa que, en su caso, ve "inviable", ya que para el mes de junio ya no dispondrá de la habitación de la residencia en la que ahora reside y es un mes en el que "sí o sí" tiene que estar en Pamplona para trabajar en su Trabajo de Fin de Máster.

Aún así, la navarra tiene la sensación de que tanto alumnos como profesores de la universidad se encuentran "igual de perdidos, porque nunca había pasado algo así y no saben cómo gestionarlo". A pesar de que la directiva del centro no ha planteado alternativas para seguir avanzando en las clases –han anunciado que lo harán durante el día de hoy–, los propios alumnos proponen subir las presentaciones de las clases a Internet o la opción de retrasmitirlas por videoconferencia.

Diego Eusa Vilariño, de 24 años, es otro de los navarros que regresará a su hogar a causa de la cancelación de las clases, en su caso de la Universidad Villanueva de Madrid, donde cursa un máster en Periodismo Deportivo. Para el pamplonés estas dos semanas son "unas vacaciones inesperadas", ya que "las clases no se van a perder, sino que se van a aplazar". En su caso, el centro no ha propuesto, por el momento, opciones para continuar, en medida de lo posible, con las clases más allá de que los alumnos avancen "los trabajos que tengan pendientes". Asimismo, la universidad ha comunicado que "el centro sigue abierto, salvo las zonas comunes del mismo", algo que para Diego "no tiene mucho sentido".

supermercados y teletrabajo Desde que el lunes que se conoció la aplicación de medidas como la suspensión de las clases o la recomendación del teletrabajo en Madrid, que ha pasado de un escenario de contención a otro de "contención reforzada". Diego considera que el comportamiento de la gente ha pasado de ser "normal" a "salirse de madre". El pamplonés habla de baldas de supermercados vacías y de gente haciendo compras de 200 euros, en vez de compras semanales más pequeñas, que suele ser lo habitual. Esta es la misma situación que ha visto alarmada Paula Sierra Martínez, periodista pamplonesa de 24 años residente en Madrid, que cuenta que hace apenas unos días "la situación era de tranquilidad y ni siquiera en el metro había gente con mascarilla, a excepción de un par de personas asiáticas". La navarra percibió el lunes un antes y un después en el palpitar de la ciudad tras el comunicado del ministro de Sanidad, y es que por la noche "reinaba la histeria". "Fui al supermercado y apenas quedaba comida. La gente llenaba sus carros de congelados, botes, pasta o arroz, como si se prepararan para sobrevivir el fin del mundo", cuenta todavía asombrada.

Paula, que trabaja en el departamento de comunicación de Telefónica en Madrid, recibió ayer por la mañana un correo electrónico en el que la empresa recomendaba "especialmente a quienes son padres o madres" desempeñar sus labores desde casa, y al final del día, "extendía el teletrabajo a todos". Aprovechando que esta situación durará al menos 15 días Paula se volverá esta misma mañana a Pamplona.

"Tengo que pagar un piso en Madrid que no voy a poder utilizar porque he perdido las prácticas que venía expresamente a cursar"

"La gente está llenando sus carros con congelados, botes, pasta y arroz como si se estuvieran preparando para el fin del mundo"