"La mascarilla normal no evita respirar una partícula infecciosa en el aire, solo ayuda a atrapar gotitas de alguien ya contagiado"

14.04.2020 | 00:03
"La mascarilla normal no evita respirar una partícula infecciosa en el aire, solo ayuda a atrapar gotitas de alguien ya contagiado"

El investigador García Sastre trabaja a contrarreloj en la búsqueda de una vacuna en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York, desde donde habla para Diario de Noticias

pamplona – Catedrático de Medicina y Microbiología, Adolfo García Sastre es uno de los expertos en virus respiratorios más prestigiosos del mundo. Este burgalés afincado desde hace treinta años en Nueva York, dirige el Instituto Global de Salud y Patógenos Emergentes en el Monte Sinaí, uno de los centros de investigación más reconocidos, donde su equipo y él se dejan la piel para encontrar una vacuna aunque, admite, que "por lo menos se tardará un año".

Usted está en Nueva York, la zona cero del coronavirus actualmente.

–Nueva York es ahora mismo el lugar donde hay más casos, las muertes siguen subiendo y están en cifras altísimas, aunque los ingresos en las UCI parece que están estables.

Algunas estimaciones hablaban de que la pandemia se cobraría en Estados Unidos más de 100.000 muertos.

–Es difícil saber cómo va a evolucionar el virus en cada lugar. Porque tiene una dinámica que depende de la densidad de población o de cuánta gente estuviera infectada en el momento en que empiezan las medidas de contención.

¿Por qué la ciudad está siendo tan duramente golpeada?

–Aquí el virus presenta características peculiares. También golpea a los mayores, pero está afectando más a las minorías, a hispanos, negros... Y, aunque no están claras las causas, no obedece a ningún tipo de gen, sino a que, como son los más humildes, están obligados a seguir trabajando en sectores como alimentación, limpieza... y se tienen que desplazar en transporte público. Están sufriendo más el impacto de la pandemia porque están mucho más expuestos que los blancos ricos, muchos de los cuales se han ido a sus residencias de verano, fuera de Nueva York, donde llevan aislados desde hace tiempo.

Usted ha asegurado que solo se podría erradicar el virus con una vacuna muy buena y con una campaña de vacunación masiva en todo el mundo. Pero la vacuna está todavía en fase de ensayos clínicos.

–La verdad es que, por desgracia, todavía se tardará mucho tiempo en tener una vacuna y va a haber mucha gente infectada ya en el momento en que una vacuna esté disponible. Tampoco sabemos cuál será la efectividad de las primeras vacunas. Esperemos que funcionen bien, pero no hay vacuna que sea efectiva al 100%. Si fuera efectiva al 80% sería superbueno porque así, si se vacuna a todo el mundo, se puede conseguir la suficiente inmunidad de rebaño para que el virus deje de propagarse.

¿Y eso cuándo será?

–Se va tardar por lo menos un año y habrá que ver si se vacuna a todo el mundo o no, porque para cuando llegue una vacuna habrá pasado ese año y veremos si el virus ya no se propaga tanto, porque igual se ha infectado mucha gente y entonces no se considera tan importante la vacuna. Hay demasiados interrogantes.

Pero en ese año puede haber una segunda oleada del virus con el consiguiente peaje de fallecidos.

–Sí, claro. Mientras no haya más de un 50% de personas resistentes, el virus va a propagarse rápidamente. Sobre todo si las condiciones son favorables. Es decir, si no hay medidas de confinamiento. Tampoco sabemos hasta qué punto la temperatura y el medio ambiente propician su extensión. Es posible que en verano se propague menos y que se pueda volver a una relativa normalidad. Pero si no se ha infectado mucha gente con esta primera ola, es fácil que vuelva a resurgir en invierno.

O sea, nos quedan muchos meses de distanciamiento social y muchas medidas de higiene.

–Depende de cómo evolucione. Es importante hacer la mayor cantidad de test diagnósticos posibles para saber el número real de infecciones. Si los contagios son bajos, se podrá hacer una vida relativamente normal, pero si suben, habría que intensificar las medidas de contención. Hay que seguirlo día a día, semana a semana y hacer muchos test. Y, ¡ojo!, se pueden disparar otra vez los números porque se detectan mejor los casos severos. Y, sin embargo, por cada uno de ellos puede haber otros cincuenta leves.

Las últimas informaciones hablan de que el virus está mutando y que presenta características diferentes según los países.

–El virus es distinto de un país a otro, pero eso no quiere decir que sea más o menos peligroso. No existen datos fehacientes en ningún país sobre cuál es la mortalidad del virus y cuál su letalidad. Y no está clara la letalidad debido a que no se sabe cuántos casos reales hay de infectados. Los sitios con menos letalidad son Corea y Alemania, y eso no obedece a que sus virus sean parecidos o sean poco virulentos. Lo que ocurre que en esos dos lugares del mundo se hacen más test y los infectados reales se aproximan a los diagnósticos, y por tanto, las tasas de letalidad son más bajas.

Estamos viendo a media humanidad obsesionada con usar mascarilla. ¿Es eficaz?

–Es difícil saber la eficacia real de una mascarilla porque no hay estudios fidedignos realizados entre una población que lleva mascarilla y otra que no la lleva. Lo que es verdad es que las mascarillas que previenen la infección no son de las que se está hablando. Son las N95, que son muy herméticas. Y hay muy pocas porque son muy especializadas. Además, son muy incómodas de usar y es muy difícil mantener una N95 puesta más de una hora. Pero las mascarillas normales no evitan que si hay una partícula respiratoria infecciosa en el aire se quede atrapada en la mascarilla. Si esa partícula infecciosa existe, la vas a respirar exactamente igual.

¿Para qué sirven, entonces, las mascarillas normales?

–Ayudan a evitar el contagio de una persona infectada a otra que no lo está. Ayudan a que algunas gotitas de alguien ya contagiado se queden atrapadas en la mascarilla. De no haberse llevado, hubiesen salido y se hubiesen podido convertir en esas partículas infecciosas. ¿Qué otra cosa ayuda? Por supuesto, el distanciamiento.

¿Respalda que el Gobierno español haya levantado el veto a los trabajos no esenciales?

–Nunca hemos tenido este virus, así que es imposible saberlo. ¡Tampoco nos vamos a quedar encerrados durante un año! Eso no es factible. Lo importante es tener métodos de diagnóstico rápidos y muy numerosos que puedan monitorizar qué efecto tienen las medidas que se van adoptando. Comprobar si permitir actividades que no sean esenciales da lugar a un incremento o no del número de infecciones. Y estudiar que, aunque se quiten algunas medidas de contención, no se incrementan los contagios. Hay que ir poco a poco y monitorizar cada paso para ver si, pasada una semana, suben los casos positivos.

¿Qué tratamiento de los que se están probando puede dar mejores resultados? ¿El de la malaria, el plasma de personas ya inmunes...?

–Es posible que alguno funcione, pero no será la panacea. Quizá disminuyan la mortalidad, pero no la van a eliminar completamente porque es muy difícil conseguir a través de un medicamento salvar a una persona al 100%, porque depende del momento en el que se aplique el tratamiento y de cómo esté evolucionando la enfermedad. Puede que alivien el número de muertes pero no las van a eliminar completamente.

¿En qué trabajan exactamente usted y su equipo?

–Estamos probando fármacos que ya han sido testados con humanos, por ejemplo para el cáncer, en cultivos celulares para ver si neutralizan el virus. Vamos a llevarlos a modelos de animales para ver cómo se replica el virus. Otra de las partes de nuestro trabajo es buscar posibles rutas que usa el coronavirus para replicar y encontrar medicamentos que afecten esas rutas. Y luego estamos trabajando en modelos de animales para conseguir mejores modelos de la enfermedad que nos ayuden a encontrar fármacos que no solo inhiban la réplica del virus, si no que también tengan impacto en la enfermedad.

¿Y con respecto a la vacuna?

–Investigamos posibles vacunas, estudiando también la respuesta en humanos para conocer por qué algunas personas son más susceptibles al virus que otras. Analizamos muestras de pacientes infectados para averiguar, a través de marcadores moleculares en sangre, el mecanismo que ayude a predecir quién padecerá la enfermedad de forma leve y quién corre el riesgo de morir.