Directora general de Amavir

Lourdes Rivera García: "Vamos a necesitar más plazas residenciales, recursos y profesionales para garantizar la sostenibilidad del sistema"

03.10.2021 | 00:14
Rivera gestiona una de las compañías líderes en la atención a personas mayores y dependientes . Foto: cedida

El envejecimiento poblacional y el aumento de la esperanza de vida destacan la necesidad de cambiar el modelo de asistir a las personas mayores

Este viernes 1 de octubre se ha celebrado el Día Internacional de las Personas de Edad, centrado este año en la necesidad de brindar acceso y una participación significativa en el mundo digital. Asimismo, la cita también ha puesto de relieve la importancia de reflexionar sobre la necesidad de desarrollar políticas orientadas a mejorar la calidad de vida de la población de adultos mayores y de cambiar el modelo asistencial de las personas mayores.

Con motivo de la inauguración el próximo 6 de octubre del sexto centro residencial del Grupo Amavir en Navarra, ubicado en Sarriguren, la directora general, Lourdes Rivera García, analiza la situación que está viviendo el sector.

Navarra es la comunidad autónoma con la esperanza de vida más alta de toda España y se espera que en 15 años la pirámide poblacional se invierta totalmente. ¿En qué medida y cómo se tienen que adaptar las residencias a este reto?

–El conjunto del sistema de atención a la dependencia tiene que ser capaz de dar respuesta a las necesidades que va a tener una población cada vez más envejecida. Y eso afecta no solo a las residencias sino también, por ejemplo, a la atención domiciliaria. Se van a necesitar más plazas, más recursos, más profesionales y, también, mayores inversiones económicas para garantizar la sostenibilidad del sistema. Y, por supuesto, nuevos enfoques de atención y nuevas infraestructuras y dotaciones, porque los mayores del futuro van a tener necesidades distintas a los de ahora, como por ejemplo, en el campo de la tecnología y las comunicaciones.

¿Hay plazas suficientes para satisfacer toda la demanda presente y de futuro?

–Plazas hay y las va a seguir habiendo, porque desde la iniciativa privada estamos colaborando con las administraciones públicas para habilitar más camas para satisfacer la demanda futura. De hecho, ahora mismo hay en construcción varias residencias en Navarra, que es una comunidad que está en línea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud en cuanto a ratio de plazas residenciales por número de personas mayores de 65 años. Sin embargo, en donde hay cada vez más problemas es a la hora de encontrar profesionales, sobre todo en determinados ámbitos, como medicina y enfermería.

Es una situación que venimos arrastrando desde hace ya años y no se ponen soluciones. Necesitamos con urgencia remediar la falta de estos profesionales en España, que tanto nos afecta a las residencias pero incluso también a los hospitales.

¿Considera que la pandemia ha puesto sobre la mesa un nuevo modelo asistencial de las personas mayores?

–El nuevo modelo que se está perfilando entre Gobierno y CCAA va en sintonía con lo que en Amavir venimos aplicando desde hace bastantes años. Hay, en primer lugar, una cuestión estructural, como el hecho de potenciar las habitaciones individuales o crear módulos de convivencia reducidos. Y, en segundo lugar, aspectos relacionados con la atención, apostando por un modelo cada vez más centrado en las necesidades y preferencias de los usuarios. La pandemia nos ha demostrado también que se necesita una mayor coordinación sociosanitaria. Y esto no significa que las residencias nos convirtamos en hospitales, porque perderíamos nuestra esencia de hogares, pero sí es necesario estrechar la relación con la sanidad porque el perfil de nuestros usuarios así lo requiere.

La pandemia, además de poner en valor a los profesionales que trabajan con las personas mayores, también ha puesto de manifiesto la necesidad de innovar y de introducir las nuevas tecnologías en las residencias, rompiendo el estereotipo de que son solo para los jóvenes.

–Totalmente de acuerdo. Amavir, de hecho, fue la primera compañía del sector en introducirse en las redes sociales, que son hoy día una herramienta de comunicación fundamental. Durante los meses más duros de la pandemia, las nuevas tecnologías nos permitieron que las personas mayores pudieran mantener el contacto con sus familias, a través por ejemplo de las videollamadas. En todos nuestros centros aumentamos la dotación de tablets para poder hacer estas conexiones, mejorando también nuestras redes informáticas.

A través de nuestra web y de nuestras redes sociales, así como de otros canales como Whatsapp o correo electrónico, las familias pudieron también seguir la información relativa a los centros y ver a sus mayores en actividades.

Cada vez es más frecuente que las residencias de ancianos se desliguen de los centros urbanos hacia zonas más rurales o barrios residenciales ¿A qué se debe este hecho?

–No es tanto una cuestión de preferencia de los usuarios como de la dificultad de encontrar terrenos en el centro de las ciudades para poder hacer residencias. Siempre se procura que las residencias estén en lugares céntricos, bien comunicados, porque eso es algo que demandan los propios mayores y también sus familias. Lo que ocurre es que, a veces, es muy complicado que las empresas gestoras de residencias podamos adquirir terrenos con el tamaño que necesitamos y a un precio que permita la viabilidad del proyecto y eso nos lleva a tener que buscar ubicaciones en los extrarradios.

¿Cuándo cree que es el momento de decidir llevar a una persona a una residencia? A veces reflexionamos mucho al respecto, pero nos cuesta tomar una decisión firme.

–Esta decisión es muy difícil de tomar para una familia. Mientras una persona mayor está bien, lo mejor es que esté en su casa. Las residencias somos un recurso para aquellos usuarios cuya atención en el domicilio se vuelve muy complicada, comprometiendo a veces la propia salud física o psíquica de los cuidadores. También para personas mayores que están bien pero, por ejemplo, viven en soledad, lo que les hace a veces desatender su propio cuidado diario (alimentación, toma de medicamentos...), algo que sí tienen en las residencias, además de la sociabilización que en ellas encuentran. También, somos un muy buen recurso para personas que tienen que rehabilitarse de una operación y en casa es muy difícil que puedan hacerlo.

Amavir se ha convertido en una de las principales compañías especializada en atención geriátrica en España con presencia en siete comunidades autónomas. Por su parte, Navarra cuenta con cinco residencias, y una sexta que se inaugurará esta semana en Sarriguren. ¿Cómo afrontan este nuevo proyecto?

–Como saben, Amavir nació en 2017 de la fusión de dos empresas que ya venían operando en el sector de residencias en España desde los años 90, que eran Adavir y Amma. Esta última nació precisamente en Navarra en 1997 y fue aquí donde abrió sus primeros centros. Hemos seguido creciendo desde entonces y hoy día, con 6 residencias y 783 plazas en la comunidad foral, nos hemos convertido en la primera empresa de Navarra y una de las líderes también a nivel nacional. Estamos muy contentos de inaugurar nuestra nueva residencia de Valle de Egüés, que refuerza nuestro compromiso con la sociedad navarra.

Han llegado a un acuerdo con el Ayuntamiento del Valle de Egües para fomentar la contratación de empleados próximos al municipio y de personas con riesgo de exclusión social.

–Uno de nuestros compromisos es fomentar el empleo local en aquellos lugares en los que operamos. Una residencia necesita muchos profesionales de muy diversos perfiles. Para Amavir Valle de Egüés, por ejemplo, que tiene una capacidad de 167 plazas, vamos a contratar una plantilla de entre 90 y 100 profesionales. Y siempre procuramos que sean personas que viven en el propio entorno.

Además, y en el marco de nuestras políticas de responsabilidad social corporativa, colaboramos con administraciones públicas y todo tipo de entidades en favorecer el empleo de personas en riesgo de exclusión social. Tenemos convenios, por ejemplo, para la contratación de mujeres víctimas de violencia de género.







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