Ómicron: Isabel Sola e Ignacio López Goñi responden a las preguntas clave sobre la nueva variante

¿Es agresiva? ¿Sirven las vacunas? Los expertos navarros desgranan qué se sabe y qué no de esta mutación

30.11.2021 | 10:48
Isabel Sola, investigadora del CSIC, e Ignacio López Goñi, catedrático de Microbiología.

¿Es ómicron más agresiva? ¿Sirven las vacunas?  1. No; el hecho de que la variante acumule decenas de mutaciones no la convierte automáticamente en más agresiva o letal; 2... y las vacunas actuales, que se pueden rediseñar con rapidez y facilidad, siguen siendo una de las mejores armas para combatir la pandemia, pero no la única.

La investigadora navarra Isabel Sola, recientemente galardonada con la Cruz de Carlos III por el Gobierno foral, despeja en una entrevista diez dudas esenciales sobre la nueva variante del coronavirus responsable de la covid, que se ha detectado en Sudáfrica y se ha extendido por al menos medio centenar de países -entre ellos España-. Una información que complementamos con el artículo '¿Puede la variante ómicron escapar del sistema inmunológico?', del catedrático en Microbiología de la Universidad de Navarra, Ignacio López Goñi.

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Isabel Sola trabaja en el Centro Nacional de Biotecnología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y codirige el grupo de coronavirus en este centro, donde lidera, junto a Luis Enjuanes, uno de los grupos que busca una vacuna contra el SARS-CoV-2.

La nueva variante presenta decenas de mutaciones con respecto al virus original. ¿Sorprende a la comunidad científica la evolución de este coronavirus o es la evolución previsible?

Que el virus cambie es perfectamente esperable, pero esta variante ha acumulado más mutaciones que otras, y nos preguntamos por qué; se especula con que Sudáfrica es un país donde hay mucha incidencia del Virus de Inmunodeficiencia Humana (HIV) y muchas personas con un sistema inmunodeficiente. En esas condiciones, el virus ha podido evolucionar más libremente. Con un sistema inmune más potente el virus cambia menos.

El hecho de presentar muchas más mutaciones que otras variantes detectadas con anterioridad, ¿la convierte automáticamente en más letal o virulenta?

No tiene por qué. Han aparecido más cambios. Eso quiere decir que el virus ha tenido más libertad para cambiar, y esas mutaciones le dan al virus una ventaja. Pero algunas de esas mutaciones pueden ser neutras, y no dar lugar a ningún cambio de comportamiento. Otras pueden, sí, dar lugar a un cambio de comportamientos, pero no tiene por qué ser más virulento; y sería posible incluso que el virus se atenuara y perdiera virulencia. La atenuación es una posibilidad bastante lógica en la evolución de un virus.

Son las medidas de vigilancia y control vigentes (vigilancia epidemiológica, pruebas de diagnóstico, etc) suficientes para controlar la evolución de esta nueva variante?

De momento, precaución. Las medidas no farmacológicas que ya conocemos (mascarilla, higiene, distancia o ventilación) son efectivas frente a cualquier variante. Las vacunas posiblemente conserven efectividad también. Ahora toca ser precavidos, y conviene mantener la vigilancia para ver cómo se comporta, cómo respira el virus.

¿Esta justificada desde el punto de vista científico la reacción de alerta y de alarma que se ha desatado en muchos países ante esta nueva variante?

Si, porque el virus ha cambiado y hay que saber en qué se traducen esos cambios. Hay que pensar que cualquier cambio que se produce en un virus es porque al virus le viene bien. Se podría pensar, es una posibilidad, que el virus se va a transmitir mejor. De momento, y ante eso, cuidado, alerta, y la guardia bien alta.

¿Se puede mantener que las vacunas contra la covid que se están administrando son efectivas contra la nueva variante?

Se está ya comprobando en los laboratorios; lo que se hace es coger este virus y enfrentarlo al suero de personas que ya están vacunadas para ver si los anticuerpos que inducen las vacunas siguen neutralizando bien y eliminando al virus. Diría que con las mutaciones que ya tiene el virus podría ser que disminuyera algo la efectividad de las vacunas, pero que no la pierda del todo y sea similar a la que tenemos ahora, pero son conjeturas, porque hay que basarse en los resultados experimentales que ya se están haciendo. Y eso tampoco significaría que las vacunas ya no funcionan, porque la inmunidad son los anticuerpos y más cosas, pero nos darían ya una ida muy buena de cómo puede el virus escapar a la inmunidad que ya tenemos.

¿Se puede rediseñar una vacuna en poco tiempo y producirla de forma masiva para cubrir mejor cualquier variante?

Sí. Son vacunas que se hacen mediante biotecnologia y los cambios son relativamente sencillos. Luego está la cuestión de qué van a exigir las agencias reguladoras para este cambio. La formulación de la vacuna de la gripe se cambia cada año sin necesidad de repetir ensayos clínicos. Directamente se reformula y se produce.

¿Debe una vacuna rediseñada volver a pasar las mismas fases de ensayo y procesos para conseguir las mismas autorizaciones que la vacuna original?

Habrá que ver cual es la actitud de las agencias reguladoras, y si aceptan directamente la reformulación, en cuyo caso habría vacunas masivamente en unos meses, o si exigen algún tipo de ensayo.

Demostrado que el aire es la principal vía de contagio del virus, ¿tendría sentido reforzar las medidas preventivas en ese sentido o recuperar algunas de las medidas que se han ido relajando durante los últimos meses? (uso obligatorio de mascarillas, aforos, etcétera).

Creo que sí que es necesario recuperar medidas no farmacológicas; no solo por esta nueva variante, que no sabemos cómo se va a comportar, pero simplemente con la variante "delta", que es la que está circulando, estamos comprobando la incidencia en muchos países. Aunque se está vacunando a la gente, no es suficiente. Es necesario recuperar, si queremos mantener el control de la situación, esas medidas no farmacológicas, y más ahora que vienen fechas de reuniones, fiestas, celebraciones, que nos hacen cambiar de comportamientos. Mientras el virus siga circulando esas medidas no se pueden abandonar. La vacunación es importante, pero no es suficiente. No nos podemos jugar todo a una carta, la de la vacunación.

¿Tiene sentido seguir avanzando en la vacunación en los países más desarrollados (terceras y cuartas dosis) mientras en los países y continentes más pobres las tasas son tan bajas?

Es fundamental afrontar el problema de tener una vacunación universal, porque en países donde la vacunación es muy baja el virus se puede reactivar y aparecer nuevas variantes. Hay que llegar a un punto de equilibrio, en el que los países más desarrollados, donde hay acceso casi ilimitado a las vacunas, se usen de una forma racional. Hay colectivos en los que posiblemente sí sea necesario dar terceras dosis (gente mayor o personas más vulnerables) pero a lo mejor no es necesario extender terceras y cuartas dosis a todo el mundo, y esas dosis habría que repartirlas de forma más igualitaria. Hay que mirar más allá de las fronteras, porque nadie va a estar protegido hasta que todo el mundo lo esté.

¿Tiene sentido seguir hablando de "inmunidad colectiva" (o "de rebaño") ante la proliferación de nuevas variantes o es un concepto que carece ya de sentido?

Es un concepto que hay que tomar de forma relativa. No es un número mágico que cuando se alcanza nos garantice la protección absoluta y para siempre. Cuantas más personas estén vacunadas, más obstáculos va a tener el virus para transmitirse y eso permite controlar mejor su impacto en la salud pública. Para vencer al virus cuantas más personas estemos vacunadas mejor, y ya hemos comprobado que cuanto mayor es el número de personas vacunadas en un país menor es el número de personas hospitalizadas o los fallecimientos. Esa cifra mágica tendría sentido si las vacunas nos dieran inmunidad del cien por cien y para toda la vida, y que fuera además una inmunidad esterilizante, pero no es el caso.

Asimismo, Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología en la Universidad de Navarra, se pronuncia en similar sentido. La variante del coronavirus bautizada como ómicron ha venido a perturbar los planes de fin de año especialmente en los países occidentales, aunque la preocupación por una escalada de contagios ya existía en aquellos países de Europa con baja tasa de vacunación en los que el colapso de los servicios sanitarios comenzaba a ser una realidad. Ante el anuncio de esta nueva variante, los gobiernos de muchos países han vuelto a anunciar restricciones de movilidad. Pero ¿es verdaderamente tan preocupante como parece? ¿Puede ser más contagiosa y más peligrosa que las anteriores? Extracto del artículo publicado en The Conversation:

Los datos de los que disponemos nos dicen que posiblemente no sea más contagiosa. En Sudáfrica, país en el que se descubre la nueva variante gracias a que disponen de un buen sistema de rastreo, no ha habido un repunte de casos ni de fallecimientos que puedan dar a entender una mayor gravedad. De hecho, incluso los casos notificados no muestran una agresividad diferente a la de otras variantes como la delta, predominante en Europa.

¿Qué sabemos sobre esta nueva variante?

Lo único que sabemos es que ya se encuentra en diferentes países del planeta y que su característica más relevante es que contiene 32 mutaciones en la proteína S respecto a la del virus original que se secuenció en Wuhan. Algunas de estas mutaciones ya estaban en las variantes de preocupación anteriores. Esas mutaciones conferían al virus una mayor afinidad por el receptor, cosa que ya sabíamos que iba a ocurrir.

Sin embargo, eso no quiere decir que estas mutaciones resten eficacia a las vacunas. Ni tampoco que el sistema inmunitario no sea capaz de reconocer a la proteína S de esta nueva variante.

La proteína S es una glucoproteína y eso importa

Las vacunas más eficientes contra el SARS-CoV-2 son las vacunas basadas en el ARN mensajero (ARNm). Estas vacunas provocan que las células que reciben la vacuna fabriquen un trozo de la proteína S de la misma manera en la que lo harían si el virus las hubiese contagiado.

La proteína S es una glucoproteína, es decir, algunos de sus aminoácidos tienen azúcares unidos. Es como si estuviese glaseada, recubierta de diferentes tipos de azúcares que forman largas cadenas. Estos azúcares se unen a la proteína mediante dos mecanismos: por la unión de un complejo de 14 azucares a algunos aminoácidos asparragina o mediante la unión de azúcares a los aminoácidos serina, treonina o tirosina.

Pues bien, los azúcares son importantes para la interacción con los anticuerpos, ya que pueden ser reconocidos por éstos o enmascarar antígenos que solo serían reconocibles al retirar los azúcares. Curiosamente, ya en el virus del SIDA se demostró que los azúcares unidos a la glucoproteína de la membrana se unían a anticuerpos con una potente capacidad para neutralizar al virus en algunos de los pacientes.

De las 32 mutaciones que contiene ómicron en la proteína S, ocho de ellas afectan a un posible sitio de glicosilación. Dos de ellas crean posibles nuevos sitios mientras que seis de las anteriores asparraginas desaparecen. Todas ocurren por una mutación puntual.

Sin embargo, de los 22 aminoácidos que se podrían glicosilar en la proteína S, ninguno ha cambiado hasta ahora. El patrón de glicosilaciones de la proteína S no ha sufrido modificaciones desde la proteína original. Esto es así ya que la estabilidad de los sitios de glicosilación es esencial para la interacción del virus con las células a las que va a infectar.

De hecho, este patrón está altamente conservado entre los coronavirus, posiblemente porque si cambiara afectaría gravemente a la capacidad infectiva del virus.

Por todo esto, es muy posible que muchas de las mutaciones detectadas en ómicron no produzcan diferencias sensibles en la respuesta inmunológica dependiente de anticuerpos generada por las vacunas.

¿Por qué siempre se obvia el papel de los linfocitos T?

Otro aspecto que parece olvidarse es que la respuesta inmunológica no solo depende de anticuerpos. Debemos añadir el papel esencial de los linfocitos T. Los linfocitos T no reconocen a la proteína S en su forma natural, plegada y con los azúcares unidos. Lo que sí identifican son las pequeñas cadenas de aminoácidos de la proteína que han sido troceadas y presentadas en las células unidas a lo que conocemos como complejos de histocompatibilidad.

En el caso del SARS-CoV-2 la proteína S que se produce por las vacunas contiene secuencias de aminoácidos que son reconocidas por los complejos de histocompatibilidad de casi el 100 % de la población y que no han sufrido mutaciones, posiblemente por ser secuencias muy necesarias para la función de la proteína. Por lo tanto, tampoco deberíamos esperar que la respuesta de los linfocitos T se vea gravemente afectada por las mutaciones, tal y como ya se ha demostrado con las variantes anteriores.

La conservación evolutiva de estas secuencias ya ha permitido que muchas personas hayan pasado el contagio de forma asintomática, ya que mostraban respuesta inmunitaria frente al SARS-CoV-2 simplemente por haber tenido contacto anteriormente con coronavirus humanos que presentan secuencias comunes a todos los coronavirus.

Un sistema funcional no puede sufrir cambios drásticos

Evolutivamente hablando ya no deberíamos esperar grandes cambios de la proteína S. La mayoría de los cambios producidos en un sistema que ya es funcional hace que ese sistema sea menos efectivo. En el caso del coronavirus, las mutaciones que producen importantes cambios estructurales en la proteína S entorpecerían su función. En definitiva, no se esperan grandes cambios que incrementen significativamente la efectividad de un virus que es ya, de por sí, muy eficiente contagiando.

Todo el ruido político, económico y mediático de estos días responde más a una especie de pánico pandémico que a la ciencia. Hay que analizar, comprobar y tener calma para tomar medidas efectivas. Y la más eficiente de las medidas consiste en que el mayor número de personas de todo el mundo esté vacunado para que su sistema inmunológico evite que sufran una covid-19 con síntomas graves.
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