El balonmanista navarro Niko Mindegia (Doneztebe, 19/07/1988) afronta el tramo final de su carrera con una decisión muy especial: volver a casa. Desde la temporada 2013/14 ha desarrollado prácticamente toda su trayectoria en el extranjero —Hungría, Dinamarca, Francia y Polonia—, pasando por clubes como el Pick Szeged, KIF Kolding, Chambéry Savoie o Wisla Plock. Actualmente milita en el Fénix Toulouse, donde encara sus últimos meses antes de emprender un nuevo capítulo en su carrera con el Bidasoa Irún, tras más de una década por Europa. Su objetivo inmediato, eso sí, pasa por cerrar su etapa en Francia clasificando al Fénix para la competición europea.
¿Contento con su fichaje por el Bidasoa?
Sí, sí, sí, muy contento. La verdad que llevaba tiempo con esa espinita porque al final llevo toda mi vida jugando fuera y digo: “Tengo 38 años ya, ¿cuánto más voy a jugar?”. Y retirarme también lo tenía en mente, aunque no lo tenía claro, porque quería esperar un poco al final de temporada a ver cómo estaba físicamente y es que retirarme sin haber jugado al lado de casa… Pensaba que se me iba a quedar la espinita clavada, pero salió esta oportunidad y estoy encantado, la verdad.
¿Cómo se ha gestado el fichaje?
Bueno, conozco a Julen Aguinagalde (director deportivo del Bidasoa Irún), porque he jugado con él y me han ido siguiendo estos años. Me llamaron y en principio ellos también estaban valorando otras opciones, pero cuando me lo propusieron les dije que estaba dispuesto y que me sentía bien físicamente. Fue todo muy natural, muy fácil, porque al final la comunicación era entre conocidos y teníamos todos las cosas bastante claras.
Más allá de esa facilidad, ¿ha necesitado que le explicaran el proyecto?
Tenía claro que quería jugar cerca de casa y el Bidasoa Irún, evidentemente, es un buen equipo. Además, mi modo de jugar encaja bien con la táctica que ellos tienen, pero sí que quería hablar con el entrenador, porque al final es con quien vas a convivir y quería ver si encajaba en el proyecto. Cuando hablé con él me gustó lo que me dijo, lo que necesitaba de mí, cómo veía mi perfil… y ahí ya me quedé tranquilo. Vi que encajaba en su idea y eso es lo que más me ilusionó y lo que hizo decidirme.
¿Llega con la idea de tener un papel importante?
Sí, pero no tanto por los minutos. Yo soy una persona que el hecho de jugar más o menos no me preocupa tanto como el poder aportar. Me gusta sentirme válido en los equipos, como a todos. He pasado por todas las situaciones, jugar mucho y jugar poco, y no he sido de quejarme en ninguna. De hecho, al final hasta tú llegar a un equipo no sabes el rol de de minutos que vas a tener y eso es muy cambiante. No es tan importante los minutos que vaya a jugar, sino el sentirme que pueda aportar al equipo, eso es lo más importante.Creo que puedo hacerlo porque físicamente me encuentro bien. Para mí el Bidasoa es un gran equipo, y voy con mucha responsabilidad. Si no me viera bien físicamente, no iría. Eso lo tenía claro.
¿Con qué ilusión afronta esta nueva etapa?
Muchísima. De hecho, ayer mi padre me dijo que no me veía con tanta ilusión desde hace años. El hecho de venir a Francia desde Polonia, donde estaba muy bien pero como muy acomodado, me ha revivido un poco las ganas de competir, porque la liga es muy dura y te exige competir mucho. Al final lo que buscamos es competitividad, es lo que te mueve como deportista y más a estas edades porque si no encuentras competitividad y estás muy acomodado, pues es difícil mantener el nivel. Y ahora lo del Bidasoa… Yo ya he jugado allí como rival y sé el ambiente que hay, así que para mí va a ser muy especial después de 15 años fuera.
¿Cómo imagina esa vuelta a casa?
No lo sé todavía. Estoy como un crío, la verdad. Va a ser raro al principio, pero raro para bien. Es algo que no he vivido nunca y que me apetece mucho. Creo que mi vida va a mejorar en muchos sentidos. También hay miedos nuevos, pero a mí eso me gusta. La comodidad al final te aplana y yo siempre he ido a por esos retos nuevos.
Antes mencionaba la retirada, ¿en qué punto se encuentra en su carrera?
Estoy acabando mi carrera, está claro. Voy a hacer 38 años y llevo casi 20 como profesional. A principio de temporada hablé con mi agente y le dije que íbamos a esperar, pero en mi cabeza estaba todo abierto: seguir, volver cerca de casa o retirarme. Y no tenía ningún problema con ninguna opción. Lo afronté como que podía ser mi último año porque en el deporte sabemos que tenemos caducidad y es algo natural.
¿Es importante saber parar?
Sí, para mí uno de los objetivos es retirarme bien. No quería seguir por seguir. Necesitaba algo que me motivara y sentirme bien físicamente. Este cuerpo lo voy a tener toda la vida, entonces no quería forzar. Luego puede pasar cualquier cosa, pero la decisión tenía que ser esa: tener ganas y estar bien.
¿Qué objetivos personales se marca ahora?
Yo no soy mucho de objetivos materiales. Vivo el deporte muy en el día a día, sobre todo a estas edades, porque cualquier problema físico te condiciona mucho. Ahora quiero disfrutar estos dos meses que me quedan en Toulouse, que tenemos objetivos de equipo. Y luego en el Bidasoa, entrenar mucho, mantener el nivel lo máximo posible e intentar aportar. No soy el típico veterano que baja el ritmo, yo voy a saco.
En Toulouse están peleando por Europa.
Sí, estamos ahí en las puertas y me apetece mucho que el equipo se clasifique. Es muy importante para el club y para los jóvenes. La liga francesa es muy dura, tenemos lesionados, pero tengo muchas ganas de acabar bien y meternos entre los cinco primeros.
¿Qué balance hace de su etapa en Francia?
Muy bueno, mejor de lo que esperaba. Venía sin expectativas y los resultados han sido buenos. El año pasado fuimos cuartos y llegamos a octavos de la Liga Europea, con muchos problemas físicos además. Y yo estoy jugando más de lo que pensaba. El primer año acabé muy cansado, pero este estoy mejor físicamente y me he adaptado muy bien.
Después de tantos años fuera en países como Polonia, Hungría, Dinamarca y Francia, ¿qué se lleva de esa experiencia?
Sobre todo la adaptabilidad. Creo que es lo mejor que he tenido como jugador: adaptarme a equipos, estilos de juego, países… Eso me ha permitido disfrutar y entrar bien en todos los sitios. Y luego, a nivel personal, pues imagina, 15 años dan para mucho. Te haces como persona, vives muchas experiencias… Es difícil resumirlo.