Las Navidades son unas fechas familiares, entrañables para mucha gente (no para toda) y en las que se emiten anuncios navideños que tratan de conmover y llegar al corazón de los espectadores, ya sea el de la Lotería o los de diferentes marcas que buscan identificarse con valores positivos. Y algunos de esos spots publicitarios, que suelen ser de bastante duración, son auténticos cortometrajes, pequeñas historias generalmente emotivas que llevan a derramar algunas lágrimas.

Anuncio del servicio postal italiano

Porque las Navidades no son sólo tiempos de alegría y de reunión, también de nostalgia y de echar de menos a los que antes estaban y ya no, cuyo vacío es imposible de llenar. Es lo que les ha pasado a los italianos con el anuncio navideño que ha emitido durante estas fiestas la empresa pública de correos del país transalpino, Poste Italiane, y que ha provocado muchas lágrimas entre los espectadores.

Titulado La sera dei miracoli (La noche de los milagros), el protagonista es un niño, Filippo, que ve desde el balcón de su casa cómo las calles de Apulia, en el sur de Italia, se preparan para la Navidad y a un repartidor de Poste Italiane repartiendo paquetes. Entonces a él se le ocurre que también quiere enviar un regalo a su abuelo Pino, ya fallecido.

Caja directa al Cielo

Con la ingenuidad de los niños, prepara una caja en la que introduce diferentes objetos que cree que a su abuelo le gustaría recibir: unas galletas, unas gafas de ver, una revista de crucigramas, unos guantes para el frío o una foto de su nieto con su perro. Envuelve la caja en un paquete postal y se dirige la oficina de correos junto a sus padres para poder enviarla.

En la caja, en letras bien grandes, ha escrito la dirección en la que espera que se encuentre su destinatario: “Abuelo Pino, calle de las Nubes 6, Cielo”. El niño entrega el paquete a una empleada de correos que, al ver la dirección, dirige una mirada a los padres como sin saber qué hacer, porque evidentemente ese envío no se puede realizar. Pero la trabajadora capta rápidamente lo que sucede, entiende la participación de los padres en ese acto tan emotivo y procede a escanear el paquete con naturalidad. “Bravo, Filippo”, le dice al niño, al que desea una feliz Navidad. “Gracias”, le dice la sonriente madre a la empleada, consciente de lo importante que era su complicidad para poder cumplir el deseo de su hijo.