Las galletas con avispas incrustadas que se han puesto de moda en Japón
Es un snack proteico que genera fascinación y rechazo entre quienes se plantean comerlas
Japón lleva mucho tiempo sorprendiendo al mundo con algunas de sus propuestas gastronómicas más extravagantes, pero pocas resultan tan llamativas como las Jibachi Senbei, unas galletas tradicionales elaboradas con avispas. Este peculiar aperitivo, típico de la prefectura de Nagano, especialmente de la zona de Omachi, mezcla las clásicas galletas japonesas de arroz conocidas como senbei con avispas excavadoras, un ingrediente que para muchos resulta directamente imposible de imaginar en un snack.
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Eso sí, hay que dejar claro que no resultan peligrosas para la salud. Las avispas se hierven primero para neutralizar el veneno, después se secan y finalmente se incorporan a la masa junto con ingredientes habituales como harina de arroz, azúcar, salsa de soja, huevos, aceite de sésamo y sal. El resultado son unas galletas crujientes y muy proteicas en las que pueden verse perfectamente los insectos incrustados.
Tradición gastronómica japonesa
Aunque fuera de Japón pueda parecer simplemente una extravagancia, lo cierto es que el consumo de insectos forma parte de la tradición gastronómica del país desde hace siglos. Esta práctica, conocida como entomofagia, fue especialmente habitual en zonas rurales donde otras fuentes de proteína eran escasas.
De hecho, las Jibachi Senbei nacieron gracias a un grupo llamado Omachi Jibachi Aikokai, algo así como el “club de amantes de las avispas excavadoras”, que colaboró con un fabricante local para popularizar este producto. Según varias publicaciones especializadas, muchos de los cazadores de avispas que participan en la elaboración de estas galletas tienen más de 80 años y continúan utilizando métodos tradicionales, colocando trampas, para capturar los insectos en los alrededores de Omachi.
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En cuanto al sabor, quienes las han probado aseguran que las galletas son ligeramente dulces y saladas, mientras que las avispas aportan un toque amargo y ácido. Algunos comparan su textura con la de las pasas quemadas o los pequeños trozos crujientes de marisco seco.
Reacciones en redes sociales
Como era de esperar, la historia se ha viralizado rápidamente y las reacciones en redes sociales se mueven entre la curiosidad y el rechazo absoluto. En Reddit, donde la noticia ha generado cientos de comentarios, muchos usuarios directamente aseguran que jamás probarían algo así. “No, gracias”, resume uno de los mensajes más votados.
Otros, sin embargo, recuerdan que comer insectos es mucho más sostenible medioambientalmente que consumir carne procedente de granjas intensivas y defienden que el rechazo occidental responde más a una cuestión cultural que alimentaria.
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