El viento huracanado que se esperaba y la sensación y térmica de -13º barrieron una montaña, Vallter, y a la Volta se le cayó toda la gracia de un remate que se presumía estupendo para languidecer en la desgana de Camprodon, en el pueblo que debía abrir la puerta a una torre fuera de categoría.
El viento obligó a la organización a desechar la ascensión a la cumbre y lo que pudo ser un espectáculo magnífico, mudo en una jornada anodina, tediosa y sin tensión competitiva. Solo el esprint final, en una entramado de chicanes que alteró el pulso, tuvo un gramo de emoción.
Ethan Vernon, sometido el día antes por Dorian Godon, se tomó la revancha y se impuso con autoridad. Su tercera victoria de etapa en la carrera catalana. El idilio continúa.
Descontado el cuarto acto, Godon sigue siendo el líder de una Volta que se encogió de hombros, sin aliciente el trazado con la desaparición de la subida al Vallter. Sin montaña, no hay paraíso. Sin ambición, menos aún. Los ciclistas se sumaron al plante del espectáculo.
La espesura y grisura trajeó la jornada, coloreada al menos por la dignidad de la fuga a dos de Samuel Fernández, que luce el naranja del Euskaltel-Euskadi, y Merhawi Kudus, con el maillot de Eritrea ondeando por el camino. Veistroffer y Bouwmann habían dimitido para entonces. La carrera avanzaba a hurtadillas. Era una marcha que rodaba en sigilo, en zapatillas de casa hacia un retiro espiritual.
No tenía aristas la etapa, calma, queda, serena. Ideal para la introspección y la contemplación. Para las preguntas filosóficas. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Se desentendió el pelotón de la competición durante la travesía, puro relajo.
Calma absoluta
Una bendición para las heridas de Remco Evenepoel, secándose la pena de la víspera al sol, charlando, distendido. Nada que ver con el coraje, el rictus serio y el ceño fruncido que se adueñó de él.
Destensado también respiraba Jonas Vingegaard, sonriente bajo un cielo amable, saludando y lanzando besos a la cámara. El ritmo tenía el filo del hilo musical de una sala de espera. Una melodía sin seducción. Todo plano.
Solo el paisaje, estupendo, sobresalía en una jornada de asueto, de indiferencia, de huelga de piernas caídas. Una tregua de bidegorri. La trashumancia de un rebaño.
Volta a Catalunya
Cuarta etapa
1. Ethan Vernon (NSN) 4h01:03
2. Dorian Godon (Ineos) m.t.
3. Tom Pidcock (Q 36.5) m.t.
General
1. Dorian Godon (Ineos) 15h30:47
2. Tom Pidcock (Q 36.5) a 13’’
3. Remco Evenepoel (Red Bull) a 14”
Tom Pidcock, oveja negra, obtuvo el premio en un esprint bonificado. Tres segundos. Rascar algo donde nada había era una misión para él, tercero en meta.
También peleó con Evenepoel en otro esprint bonificado. El inglés supera por un segundo a Evenepoel y dispone de una renta de 11 segundos sobre Vingegaard.
El danés, ajeno a cuestiones menores, no quiso saber nada. Espera a la montaña. Una se le escurrió. Lo que el viento se llevó. Nunca se sabe con los caprichos del tiempo, con los dedos del viento. Desapareció Vallter y la competitividad. Un regalo para Vernon.