Godon aplaca a PogacarEfe
En las laderas del Col du Mollendruz descansaban las vacas, tumbadas al sol, serenas, rodeadas de pastos verdes. Verde que te quiero verde.
El ruido del helicóptero que filmaba a la fuga, compuesta por Cras, Steinhauser, Oomen, Caruso, Germani, Kench y Rochas, sacó del letargo a los animales, que se pusieron en pie y observaron la comitiva. Alguna miró a la lente de la cámara del helicóptero.
En el Tour de Romandía, el ruido, la jarana, el asombro y el trueno solo puede emerger de una aeronave o de Tadej Pogacar, que es aún más estruendoso.
Un cohete que surca, hipersónico, los cielos azules con nubes blancas que parecen pintadas por niños. En Orbe, final del cuarto día de competición, Dorian Godon, vencedor del prólogo, pudo con Pogacar. Festejó el francés su quinto triunfo del curso.
Rabioso, se tomó la revancha de la jornada precedente. El francés fue el más rápido del grupo principal y el más inteligente. Percatado de que tenía a rueda a Pogacar, levantó un poco el pie para que el esloveno perdiera inercia, y cuando se disparó el francés, no pudo reaccionar.
El esloveno entró en la rifa por el triunfo, pero no lo encontró, sorprendentemente. Además del campeón de Francia se le adelantaron Finn Fisher-Black y Valentin Paret-Peintre.
Nada preocupante para el esloveno, que dominó el tránsito sin sobresaltos, con la comodidad de las zapatillas de casa. Otro día en la oficina del costumbrismo.
Tour de Romandía
Tercera etapa
1. Dorian Godon (Ineos) 3h58:18
2. Finn Fisher-Black (Red Bull) m.t.
3. Valentin Paret-Peintre (Soudal) m.t.
General
1. Tadej Pogacar (UAE) 12h06:46
2. Florian Lipowitz (Red Bull) a 17’’
3. Lenny Martinez (Bahrain) a 26’
Es el esloveno el hombre que no flaqueará jamás, lo mismo escalador excelso, clasicómano alucinante y velocista en su última reencarnación.
Pogacar, que no cambia de gesto, que no traspira ni se le conoce mueca de cansancio o fatiga, es todo los ciclistas en uno y sus rivales, que no lo son, asisten, atónitos, entre risas, a su encantador espectáculo de variedades. Como en la víspera, se dejó ver en el debate de la velocidad. Se lo agradeció el público que le recibió con entusiasmo.
Pogacar, astro indiscutible en el Tour de Romandía.
Vestido de amarillo, tono del sol, Pogacar observó el empeño de Red Bull para esquilar la fuga, que fue perdiendo hilos a medida que la montaña elevaba el mentón. Caruso, experimentado, aligeró el paso. Se destacó.
Pogacar, sin problemas
El esloveno, sobrado, intimidante, se encapsuló entre el ritmo del Red Bull, que se estiró con Daniel Martínez y después Roglic, sherpas de Lipowitz.
Al campeón del Mundo, sus coraceros se le habían desvanecido. En realidad, Pogacar no les necesitaba. Él es su propio equipo.
Resistía Caruso, un ciclista de otro tiempo, por delante persiguiendo la juventud que tuvo. Steinhauser y Cras se unieron al italiano en el descenso. Pogacar y el resto del pelotón les intuía. La distancia que les separaba era apenas un acelerón. Un tirón de orejas.
El trío trataba de darse más prisa y deshacerse del imperio de la lógica, tan terca la matemática y el cálculo. Insobornables. No había verde esperanza para ellos a pesar de tantos prados generosos, mullidos, de un verde exuberante.
Enlutados en el extrarradio de Orbe, Castrillo buscó un imposible antes de que todo se ordenara a espasmos de velocidad. Advertidos todos sobre las intenciones del esloveno, el campeón de Francia no dejó que le sorprendiera de nuevo. Godon aplaca a Pogacar.