La innovación ya no es una opción, sino uno de los principales motores hacia el éxito. Sin embargo, las reglas del juego han cambiado; el mundo actual ya no es tal como lo conocíamos hace unas décadas, ni siquiera se parece al de hace unos pocos años.
Para analizar el impacto de la innovación y la tecnología en este nuevo escenario mundial, Euskaltel celebró ayer una nueva edición de sus Jornadas Tecnológicas ‘Mentes Digitales’ en el restaurante Eneko de Larrabetzu. La bienvenida del encuentro, al que asistieron más de 130 profesionales, corrió a cargo de Jasone Altuna, directora general de Euskaltel, quien explicó que la iniciativa tenía la voluntad de ofrecer una doble mirada sobre los retos actuales: una perspectiva geopolítica, que sería analizada por la exministra de Asuntos Exteriores Ana Palacio, y una visión centrada en el ámbito empresarial, que correspondería al CEO de Brain & Code, Álex Rayón. Iñaki González, director de Grupo Noticias, fue el conductor del evento.
En este momento de máxima incertidumbre geopolítica, Ana Palacio defendió que la innovación y la tecnología se han convertido en elementos estratégicos para determinar el equilibrio de poder entre países. Las empresas están acostumbradas a gestionar riesgos e incertidumbres, pero se han añadido factores externos a la ecuación como las tensiones internacionales o el suministro energético. “¿Cómo se puede hacer sostenible una empresa en un mundo que ya no tiene anclajes como la libertad de los mares?”, planteó la exministra refiriéndose al bloqueo del estrecho de Ormuz. Y explicó que, durante décadas ha existido un conjunto de reglas internacionales que proporcionaba estabilidad pero que, “detrás de las reglas siempre hay poder. Los europeos teníamos el espejismo de que las reglas habían domesticado el poder”.
El tablero del juego, por lo tanto, ha cambiado, según la exministra, y el modelo europeo está experimentando una profunda transformación: antes pudo concentrarse en el desarrollo económico y social porque había externalizado gran parte de su seguridad en Estados Unidos, pero ahora existe “una ruptura del modelo de reglas”.
“Europa no puede permitirse el lujo de restablecer el orden anterior”
Ante la pregunta de si Europa debe tratar de restablecer el orden anterior o adaptarse a los nuevos tiempos, la respuesta de la exministra fue clara: “Europa no puede permitirse el lujo de restablecer el orden anterior”. Cualquier intento de construir un nuevo orden internacional requiere el respaldo de las grandes potencias, pero también la capacidad de generar alianzas más amplias. En otras palabras, la cooperación entre países se hace más necesaria que nunca, de ahí que Palacio defendiera la necesidad de reforzar la relación con los países del denominado Sur Global. “Debemos mirar al sur para no perder el norte. Nadie puede ir solo, Europa tampoco”, resumió. Para la exministra, el viejo continente debe promover un diálogo basado en el respeto mutuo, en la escucha y en la búsqueda de intereses compartidos.
Soberanía tecnológica
Durante la conversación también hubo tiempo para hablar sobre la soberanía tecnológica, una “prioridad estratégica”. Reside en poder “tener la innovación en manos propias o en manos seguras”, argumentó Palacio. Hasta hace poco, el sistema económico internacional construido tras las dos guerras mundiales se apoyaba en la prosperidad compartida, creando cadenas de valor que incorporaban a todos. Sin embargo, Palacio considera que algunos de esos pilares se están debilitando.
Grandes compañías tecnológicas
Respecto al papel de las grandes compañías tecnológicas, la exministra expuso que uno de los grandes retos consiste en encontrar un equilibrio entre la capacidad de innovación de estas empresas y el interés general: “Al fin y al cabo, una empresa también depende de sus clientes”, señaló. También defendió la importancia de mantener una relación fluida entre los poderes públicos y las empresas para facilitar el crecimiento de proyectos tecnológicos capaces de competir a escala internacional.
En resumidas cuentas, Europa necesita impulsar más perfiles tecnológicos —”necesitamos ingenieros”—, y escuchar a sus compañías para reforzar las cadenas de valor y reducir dependencias externas. “La competitividad resulta esencial para sostener el bienestar y la prosperidad de la sociedad europea. El mundo ha cambiado y debemos tener una visión más realista”, concluyó.