tudela. De la mano de la frágil y delatora Gilda, el realizador navarro Francisco Avizanda dibuja en su primera película, Hoy no se fía, mañana sí, "una parábola de la España de los años 50", en que busca retratar "el totalitarismo y la asfixia de las dictaduras", ya sean de izquierdas o de derechas. Con este sello muestra su primer largometraje, que aterrizó ayer en Tudela dentro del festival de cine Ópera Prima.

Plagada de escenas cortas, en ocasiones de unos pocos segundos, y de un ritmo muy pausado, a veces en exceso ("es algo que se impone por si mismo, no los buscas tú. Yo quería que fuera así con todas las consecuencias"), muestra un gran despliegue de personajes (al modo de La Colmena) que de forma involuntaria se ven conectados por el hilo conductor de la huérfana Gilda, que ha de buscarse la vida con las únicas armas que posee (la delación y su sexo).

El nombre del personaje no es en absoluto casual, ya que como explicó Avizanda, "quería dotarlo de un toque irónico, al borde del sarcasmo. Me encontré con Gilda enseguida, austera y concisa como la película y eso me permitió centrar la historia en este personaje muy potente a la hora de articular el guión".

De la mano de los datos que conoció de González-Mata, pudo conocer todo el entramado del servicio secreto del franquismo en aquellos años que estaban bajo el mando del que sería años más tarde presidente del Gobierno, Carrero Blanco (asesinado veinte años más tarde por ETA). "La historia tiró de mi. No traté de mostrar toda la red que se creó de delaciones, sino vidas concretas. Tampoco buscaba saldar cuentas. Mi película no es de buenos y malos. Aunque se diga lo contrario, era un momento en que no había oposición política. Casi nadie se movió bajo la amenaza de una represión inmisericorde. Había muy pocos demócratas activos".

Realizador, guionista y productor de su primera película, Avizanda hizo hincapié en que "en las dictaduras se usan las delaciones para medrar y como organización política muy interna del régimen con el que se pretendía controlar la disidencia"

el caso navarro Pese a lo interesante del argumento y el papel de los actores, el espectador no llega a penetrar en ese mundo donde el sexo y la ascensión social son dos monedas de cambio constante. "Conviven a un tiempo una inocencia casi virginal con la inmoralidad más absoluta".

Rodada en su mayoría en localizaciones navarras (Lekaroz, Pamplona y Tafalla), el realizador se encontró con la dificultad de encontrar casas o edificios en que se mantuvieran los detalles de los años 50. "Quería papeles pintado de entonces, suelos de la época, la carpintería de aquellas puertas y sólo lo encontré en Navarra. Me tocó con el boom inmobiliario y quien quiera hacer una película de los años 50 lo tiene realmente mal para poder encontrar localizaciones".

Avizanda reconoció que en estos momentos el cine navarro vive un momento dulce por la cantidad de realizadores y de personas involucradas en el mundo del cine. "Desborda toda proporción que una comunidad de medio millón de habitantes tenga tantos directores". En este sentido indicó que "hace años que me fui de Pamplona y no sabía que me iba a encontrar con actores tan notables. Yo creo que todo esto tiene que ver con la actividad teatral que se hizo hace 25 años. Es una inversión cultural y la existencia hoy de buenos cineastas navarros, con Armendáriz en la proa, tiene que ver con todo esto".

El título de Hoy no se fía, mañana sí, surgió como un doble significado. "Por un lado me lo encontraba en toda la documentación que manejé (estaba en todas las tiendas de ultramarinos de la época) y por otro lado la eterna promesa social y política de que todo va a ser mejor mañana".