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El declive del teatro de sombras camboyano

La tradición artística surgida en el siglo IX se fusiona con la danza para atraer a los turistas e intentar sobrevivir

El declive del teatro de sombras camboyanoEFE

camboya EL ancestral arte de relatar historias de héroes y dioses por medio de sombras reflejadas en una tela, se va extinguiendo en Camboya, debido al desinterés por una tradición que durante los últimos años el turismo ha conseguido mantener a flote.

Formado por grandes figuras en cuero que bailan al son que marcan los titiriteros, el teatro camboyano de las sombras nació como un rito real, aunque pronto se convirtió en una tradición popular que servía para homenajear a los dioses y comunicarse con ellos. Según la leyenda, estas representaciones surgieron en tiempos del imperio de Angkor, entre los siglos IX y XV, cuando un sirviente del emperador puso una alfombra agujereada delante de una luz mientras la limpiaba. Fascinado por las sombras que producía, el sirviente dibujó las figuras del Reamker, un cuento sobre un príncipe camboyano inspirado en el libro hindú Ramayana, cuyas aventuras continúan siendo escenificadas por el teatro tradicional camboyano.

Poco a poco se añadieron nuevos relatos y se creó una variante de marionetas más pequeñas, cuyos protagonistas suelen ser animales. Los bailarines, que imitan pasos de la danza clásica camboyana, se convierten en una figura más del teatro, mimetizados con las siluetas de cuero a las que aportan movimiento. Al igual que otras tradiciones culturales, el teatro de sombras casi desapareció durante el régimen de los Jemeres Rojos (1975-1979) a causa de la persecución que ejerció sobre todo tipo de arte escénico.

Durante los últimos años, dos teatros de la ciudad de Siem Reap, cercana a los templos de Angkor, y otro de la capital, Phnom Penh, se han esforzado para que esta tradición perdure. Pero la escasa afluencia de visitantes a partir de 2008, año en que se reanudaron los enfrentamientos armados con la vecina Tailandia, y la repercusión de la crisis financiera han dañado a esta disciplina.

Aunque el turismo parece recuperarse lentamente, los datos del Ministerio de Turismo camboyano muestran que los visitantes gastan cada vez menos en sus estancias. "Los últimos años han sido terribles. Ahora va mejor, pero aún no es suficiente para mantenernos", asegura Man Kosal, director del Sovanna Phum, el único teatro de sombras de Phnom Penh. Además, el recorte de la ayuda de las ONG les ha obligado a suspender las giras por pueblos del interior de Camboya para fomentar la cultura.

La belleza y el valor de cada una de las marionetas también dificulta la expansión del teatro de las sombras, ya que la elaboración de cada una de las más de 70 figuras que participan en cada representación requiere hasta dos años de trabajo y pueden llegar a costar hasta 20.000 dólares (unos 14.000 euros). El Apsara, la danza real camboyana, a menudo se mezcla con el teatro para atraer a más visitantes. "La gente prefiere la danza porque hay vestidos bonitos y máscaras. No sé qué futuro le espera al teatro de las sombras porque la gente casi no lo conoce", asegura Men Siphaneth, de 23 años, que da vida a las figuras con sus gráciles movimientos.