Teatro

PINTAR EL CRIMEN DE LOS SÍMBOLOS

Autor: Ilia Galán. Editorial: Sapere Aude, 2013. Páginas: Páginas: 130.

Teatro

TEATRO EN EL TEMPLO DE SALOMÓN

Autor: Ilia Galán. Editorial: Masónica.es, 2013. Páginas: 240.

Al igual que en otros géneros, también en el teatral Ilia Galán se desenvuelve con soltura, tal y como demuestran dos libros suyos editados recientemente por dos editoriales bien distintas. No en vano, el filósofo y docente es también responsable de publicaciones como Conde de Aranda (Estudios a la luz de la Francmasonería), de la cual es director, y entre su obra se hallan libros poéticos como Arderá el hielo y ensayos como El Romanticismo: Schelling o el arte divino; Arte, sociedad y mundo; y Sabiduría oculta en el Camino de Santiago e incluso colaboraciones en otros como Las sociedades secretas o Recuperar la democracia. Pues bien: de todo ello (las inquietudes de un hombre sensible a los males del mundo) hay en Pintar el crimen de los símbolos y Teatro en el templo de Salomón, donde la espiritualidad se desgrana en una gran diversidad de formas.

En el primer acto de Pintar el crimen de los símbolos ya se puede leer: “Nuestra civilización se deshace si no hay algunos que mantengan el saber, pero los va arrinconando, exterminándolos poco a poco”. Franco Venanti, uno de los personajes, se expresa así y parece convertirse en portavoz de sus compañeros en esta obra centrada esencialmente en lo que, algo pomposamente, se suele denominar ‘el Gran Teatro del mundo’. Sueños aparte, esta pieza teatral parte de una supuesta conspiración de asesinato para reflexionar sobre el desatino de nuestra sociedad mediante un escenario que a Giovanni Ricciardi le parece “un laberinto de oscuros símbolos”. Teatro en el templo de Salomón, por el contrario, contiene varias piezas o, más bien, puede considerarse como tres obras en una: Después del caos, los tres autos sacramentales y un entremés “desacralizador” según Galán, que lo subtitula “cabaret-teatro” y lo considera “apto para vino y gritos”.

Pintar el crimen de los símbolos es un claro ejemplo de investigación de los valores morales del ser humano y de la dificultad de éste para no olvidarlos a la primera de cambio:

“FRANCO VENANTI.- Nada criminal he visto hacer a los masones. Lucharon por la libertad y buscaron perfeccionar la humanidad? Que haya algunos metidos en asuntos sucios, eso ocurre en cualquier grupo humano. Crímenes también entre los clérigos alguna vez se cometen, nadie niega ya el horror de la Inquisición, la Humanidad es buena y es también horrenda.

GUSTAVO CUCCINI.- ¡Vale, vale, ya sabemos! Pero también la famosa y terrible logia de las altas esferas del poder, la P2, apareció y se hizo famosa con un ahorcado (?)”.

El libro es, por lo tanto, uno más de esos en los que Ilia Galán se orienta en defensa del respeto por las ideas contrarias a las que uno sostiene y, en particular, por las ideas masónicas, respecto a las cuales todavía parece hallarse un cierto resentimiento en las mentes menos despiertas:

“FRANCO VENANTI.- Así de cretino es nuestro mundo? ¡Como si me fuera a escapar corriendo! Además, si los criminales están contemplándonos van a sospechar algo. Este comisario es una bestia medieval y está todavía más loco que ellos”.

Después del caos, primera pieza del otro libro, Teatro en el templo de Salomón, ahonda en los trabajos humanos para la mejora de las relaciones entre las distintas ideas sociales y religiosas, pues lo que en el anterior volumen era conspiración y asesinato, en éste aparece como guerra cruenta, origen de la trama, construida sobre formas alejadas de la rima tradicional, que sí hace acto de presencia en Pintar el crimen de los símbolos, aunque de forma tímida:

“JACOB.- El mundo es una locura. No sé si de Dios o del diablo, o tal vez de nadie, ya sabéis que yo mucho no creo; la fe me la disolvieron hace tiempo. Creo en el caos y que hay que defenderse del horror, poco más, creo en el amor, o creo que creo”.

Ilia Galán recuerda ya en la introducción a Después del caos que “estas hojas del árbol de la vida han sido escritas con sangre, recogida de muchos cadáveres que lucharon por un mundo mejor, más libre y más amable y bueno”. Y esos cadáveres, “derrumbados cuerpos de los héroes que no tienen monumentos ni coronas de laurel”, deben ser recordados, cuando menos a través de los ojos de unos personajes dibujados con ironía y, al mismo tiempo, con respeto.

Es ésta, una buena muestra de la producción teatral de Ilia Galán, algo recargada en las formas y en determinadas escenas pero, en el fondo, siempre ambiciosa.