Helena Bayona | directora de ‘romipen’

"Es fundamental sacudir y limpiar nuestra mirada"

La ENT acoge este jueves el estreno de ‘Romipen’, un cortometraje que recoge las voces feministas de siete mujeres gitanas que invitan a la autocrítica y reflexión

10.02.2020 | 01:32
Helena Bayona, directora de 'Romipen'.

PAMPLONA - Tras abordar en 2017 la figura de la mujer gitana con Mordiendo el aire, caigamos en una pregunta obvia: ¿qué es Romipen?

-Una de las protagonistas del docu, Silvia, lo dice muy bien: significa gitaneidad. Es una prisma de sentimientos gitanos como mujeres y es una palabra que me encanta porque justamente es lo que intento mostrar de cada una y, además, se puede extrapolar a cada mujer, ya que cada una tiene esa manera de sentirlo. Tú naces, la sociedad ya te categoriza como mujer y en su caso como gitanas, que ya si son de zonas rurales lo tienen más jodido todavía... Y cómo cada una lo vive de una manera distinta y desde la dificultad que supone a veces salirse de esos márgenes.

De hecho, en el documental, una de ellas afirma que la gitaneidad no se mide en la sangre, sino en la vida.

-Hay un libro, Identidades asesinas de Amin Maalouf, que me encantó porque justamente habla de eso: de qué es la identidad, qué es el componente que nos marca y las confrontaciones que te surgen a veces, cuando parece que dos componentes que sientes tuyos se chocan. Tú ves el documental y en efecto, son mujeres gitanas y hablamos de qué supone ser mujer gitana, pero eso se puede llevar a todos los campos. ¿Quién dice quién es más o menos gitana?, podría ser ¿quién dice que soy más o menos feminista? Es la identidad, a mí me parece un elemento interesante para debatir, cuestionar y para ver cómo fundamenta la estructura social.

Eso sí, la educación y la familia son dos ámbitos que se tocan en el documental, con decisiones, recuerda una de sus protagonistas, como que un padre le diga a su hija que a los 15 años ya ha cumplido y se tiene que casar.

-Sí, esa es la idea que se tiene y es cierto que puede ser que en la cultura gitana se dé esto, como lo del pañuelo, pero son temas que no aportan al debate, ya tenemos a Los Gipsy Kings hablando de eso, no es enriquecedor... Y al contrario, sí que me parece interesante hacer una autocrítica de ver cómo incluso a ti tu familia también te ha marcado, seguramente tu padre o madre también te ha mirado de x manera por vestir así... Tú naces y obviamente en ese momento estás virgen, pero luego sí que es cierto que tanto por el sistema educativo como por la familia, se te van metiendo cosillas en la cabeza.

Como paya, ¿el reto de entrevistar a mujeres gitanas y encontrar su lugar en la grabación estaba ahí?

-En Mordiendo el aire ni lo pensé, pero luego ya me empecé a cuestionar: que raro, yo una mujer blanca, con estudios superiores... Y me dio que pensar. Por ejemplo, me parece totalmente erróneo que Arantxa Echeverría, de Carmen y Lola, en una entrevista decía que le habían criticado, pero claro, que ninguna mujer gitana lo iba a hacer -la película- y entonces lo tenía que hacer ella. Y eso me parece... Porque estás anulando a ese colectivo y estás dando por hecho que tú eres la voz, la guía y la salvadora. Y nadie salva a nadie, yo tengo muy claro desde dónde hago estas entrevistas y el documental y de ahí intento crear un lazo en el que no lo haga yo, sino lo hagamos juntas. Suena bonito, pero creo que, al margen del resultado, conseguí crear un ambiente en el que todo el rato ellas se sintiesen a gusto y me fuesen guiando. Es cierto que yo no estaba de acuerdo con todas las opiniones, pero es que lo que hay. No opinamos lo mismo pero es la hostia, e intento crear una conversación entre ellas mismas en la que no están de acuerdo. Por ejemplo, hay una que le da mucha importancia a la educación, otra que le da menos. Y es eso: no se trata de poner a las mujeres feministas gitanas como que todas piensan igual, porque no es así.

En el documental las cinco protagonistas, de diferentes edades, comparten, en confianza, sus opiniones, dudas e incluso críticas, que pueden no ser bien encajadas.

-Bajo nuestros ojos, ves a tías cañeras fuertes, pero creo que no somos capaces de ver lo que supone esto muchas de ellas. Angela, por ejemplo, dice que le da miedo lo que puedan pensar... Y algo que ha pasado es que publiqué en Facebook el cartel y me lo denunciaron porque infringía sus normas. Eso supone que un grupo de gente ha denunciado la página y si incomoda, es que algo estamos haciendo bien. Pero para ciertos sectores eso es muy fuerte, porque que haya mujeres que hagan autocrítica al colectivo, que digan esto me gusta y esto no, que se pongan ahí... Es muy valiente.

Personalmente, ¿qué ha aprendido a partir de estas conversaciones?

-A empezar cuestionándome y acabar cuestionándome, tiendo mucho a eso. Me parece vital y creo que tienes que encontrar un límite, pero desde el primer momento ser muy consciente desde dónde lo haces e intentando ser una mediación entre el ojo del espectador y ellas. Intentar limpiar lo máximo posible la mirada. El concepto de la mirada limpia me parece súper clave y se puede llevar a todos los campos y luchas, para mirar a todas las minorías... Me parece una idea bonita y una metáfora preciosa.

Antes del estreno de esta noche, realizó un pase previo con las protagonistas. Una vez terminó la proyección, ¿cuál fue su reacción?

-Hubo de todo. Fue una respuesta espectacular. Carmen fue con su hija y lloró de emoción, dijo que le había encantado conocer al resto de mujeres porque no se podía imaginar que en su misma ciudad hubiese alguien que opinaba como ella. Le llenó de fuerza ver otras seis mujeres que estaban con ella, que las sentía consigo en esa lucha y que están ahí, cada una desde su campo y edad, a pico y pala. Ángela estaba contenta con verse junto a las otras, y pensé: has sacado lo mejor de cada una y si cada una es fuerte, que juntas sean una bomba de explosiones.

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