Paz Velasco de la Fuente: "La mayoría de los psicópatas está en nuestro entorno y su forma de dañar no es física, sino emocional"

Especializada en "los sujetos más peligrosos de nuestra especie", la criminóloga hablará hoy en 'El crimen a escena' de 'El lado oscuro de Estados Unidos'.

16.01.2020 | 06:16
Paz Velasco de la Fuente, criminóloga.

pamplona - En 2018, Paz Velasco de la Fuente compartió sus estudios y experiencia en Criminal-mente (Ariel), volumen en el que arroja luz sobre el trabajo de la criminología, la ciencia forense y la psicología criminal y trata de responder a algunas preguntas que bien pueden resumirse en una, la más inquietante: ¿por qué el ser humano mata? Como curiosidad, la experta también se ha especializado en mujeres asesinas.

Es licenciada en Derecho. ¿Por qué ha optado por la Criminología?

-En 2018 decidí colgar la toga. Salir de mi zona de confort me aterraba, llevaba muchos años asentada como abogada penalista. Sin embargo, decidí apartarme poco a poco del derecho y centrarme en la docencia universitaria, la investigación de la criminalidad femenina y la divulgación de la Criminología. No hay un solo porqué, pero la razón más importante es que necesitaba conocer algunas respuestas por mi propia mano.

¿Qué es lo que le atrae de este ámbito?

-Me atrae la investigación de la conducta criminal, tratar de averiguar todos los porqués que envuelven la conducta delictiva violenta. Desde el Derecho, las conductas delictivas terminan teniendo una respuesta punitiva, un castigo. Quería ir un paso más allá. Tratar de dar respuestas desde el punto de vista personal y desde el punto de vista de la Criminología, abordando el crimen de un modo más directo, de tú a tú. Me he ido especializando en psicopatía, porque son los sujetos más peligrosos de nuestra especie y para nuestra sociedad. Paradójicamente, aquellos que no son violentos y agresivos, al menos físicamente, pueden alcanzar un notable éxito en determinadas profesiones. Y ambos viven entre nosotros de un modo absolutamente normal y con alto grado de socialización.

En los años que lleva dedicándose a este ámbito, ¿ha obtenido respuestas reveladoras o le han surgido más preguntas aún?

-Sí que he encontrado respuestas a algunas de las preguntas que me he hecho, pero son muchas más las que me quedan por resolver, por eso seré la eterna estudiante, siendo consciente de que me iré sin tener muchas de estas respuestas. A una de las conclusiones más claras a las que he llegado es que todos tenemos la capacidad de matar, y probablemente por ello hemos sobrevivido como especie. El ser humano es absolutamente impredecible y todos en un momento determinado y bajo unas determinadas condiciones podemos convertirnos en asesinos.

¿Cuáles son esas condiciones?

-Seguimos matando por cuatro grandes motivaciones: poder, venganza, sexo y dinero. Sin embargo, la evolución de la sociedad, de la tecnología y de la propia humanidad hace que también cambien los delitos, los delincuentes y en cierta forma el crimen y las motivaciones. Los delitos y la delincuencia tienen un ámbito espacial, histórico y temporal que cambia con el devenir del tiempo. Lo que hace años era delito en España, el adulterio femenino, por ejemplo, que no el amancebamiento masculino, hoy nos parecería incoherente tipificarlo como una conducta delictiva. Sin embargo, hay países donde se lapida a una mujer por haber tenido un amante o por estar enamorada de otro hombre. Lo mismo ocurre con la homosexualidad o con la poligamia. Sin embargo, algunas preguntas, a pesar de tener respuesta, como por ejemplo qué lleva a una madre a asesinar a sus hijos, siguen siendo incomprensibles, te niegas a aceptarlas a pesar de que haya respuestas racionales que expliquen su conducta criminal.

¿Un criminal en serie es un psicópata?

-Es un error extendido, ya que ni todos los psicópatas son asesinos, ni todos los asesinos son psicópatas. Es cierto y está estadísticamente demostrado -en los centros penitenciarios el número alcanza más o menos el 25%- que la gran mayoría de asesinos en serie son psicópatas, pero no todos. Y no, no tienen un trastorno mental, sino un trastorno de personalidad. Se trata de sujetos con un trastorno gravísimo de las emociones, ya que no las procesan, siendo depredadores de su propia especie; pero saben distinguir perfectamente el bien del mal, saben lo que hacen y quieren hacerlo en busca de gratificaciones, beneficios u objetivos. Así, desde el punto de vista penal son absolutamente imputables, es decir, responsables penalmente de sus actos.

¿Qué hay del resto?

-Otros asesinos seriales pueden tener diferentes trastornos mentales, por ejemplo los psicóticos, que son un 10 o un 20% menos frecuentes que los asesinos sistemáticos psicópatas. En estos casos sí que existe una ruptura completa con la realidad en la que vive este sujeto, por lo que construye un mundo propio. No sabe lo que está bien o mal porque en su realidad hace algo que para él está bien, incluso puede creer que actúa de modo legítimo. Esto no quiere decir que los psicóticos o los sujetos con trastornos mentales sean todos ellos violentos ni asesinos. Es un grave error estigmatizar los trastornos mentales y criminalizarlos. En estos casos, sí pueden ser inimputables, no siendo responsables penalmente de sus actos, aunque también habrá consecuencias desde el punto de vista jurídico, por supuesto.

¿El psicópata es más inteligente que la media o es un mito?

-En 1991, la sociedad quedó fascinada por un psicópata carismático, extremadamente inteligente, culto, con gran sensibilidad por las bellas artes, olvidándose de su lado más oscuro: el doctor Hannibal Lecter. Realmente es un asesino en serie que se come a sus víctimas o partes de ellas. Lecter es uno de los psicópatas más mitificados e irreales que nos ha regalado la literatura, en este caso Thomas Harris. Ha habido algunos psicópatas con una inteligencia superior a la media, pero en absoluto son eso sujetos de coeficientes cercanos a los 180 que el imaginario popular cree. Tienen unas características muy peculiares, con unos rasgos que les hacen parecer encantadores y superiores a los demás, seguros de sí mismos, ya que son egocéntricos y narcisistas, pero solo algunos han sido realmente brillantes. Y lo más interesante, desde el punto de vista clínico, es que han estado, y están, en el mundo de la banca, los negocios y la política.

¿Un psicópata nace o se hace?

-La psicopatía es innata. Se nace con esa forma de ser. Pero eso no significa que ese sujeto en el futuro vaya a convertirse en un psicópata criminal o en un despiadado psicópata corporativo. El crimen y la conducta delictiva es multifactorial. Genética, biología, psicología, entorno familiar, educación, ambiente, oportunidad y cómo interactúan todos estos factores entre ellos y en qué grado influyen en el destino del psicópata. No hay que olvidar que son muchos los rasgos que caracterizan a la psicopatía y que estamos ante diferentes espectros. En 1994, un grupo de investigadores encabezado por Adrian Raine determinó -a través de la neuroimagen y sus diferentes técnicas, como los escanogramas cerebrales- que los lóbulos frontales y temporales de los asesinos y los psicópatas presentan deficiencias funcionales y estructurales, de modo que la baja actividad de su corteza prefrontal los predispone a la violencia. Gracias a la neuroimagen, que nos permite identificar cómo procesamos las emociones y qué partes del cerebro están implicadas, es posible ver la maldad en una fotografía, es decir, ya se ha logrado mapear el cerebro de los psicópatas. Y esto demuestra que el mal reside en el cerebro, no en el alma. Y la diferencia esencial entre un psicópata criminal y un psicópata funcional reside exclusivamente en las conductas que llevan a cabo, puesto que ambos tienen la misma estructura de personalidad y de emociones.

Como dice, la mayoría de los psicópatas son funcionales, es decir, personas integradas. ¿Podríamos decir que todos nos hemos cruzado con alguno en nuestras vidas?

-Nos hemos cruzado con más de uno: en la guardería, en el colegio, en nuestra adolescencia, en la universidad y en nuestra vida profesional. La gran mayoría de psicópatas no son aberrantes asesinos en serie, de hecho son una excepción en nuestra sociedad. La gran mayoría de psicópatas están en nuestro entorno, pasan absolutamente desapercibidos y sus formas de hacer daño no son físicas, sino emocionales, materiales o profesionales. De entrada, son personas muy carismáticas, seductoras, encantadoras, que caen bien a todo el mundo, hasta que empiezas a profundizar un poco más. Tienen una gran habilidad para utilizar el lenguaje, así como para manipular, mentir y engañar a los demás. Cuando conocen a alguien que les puede ser de utilidad, se desharán en halagos. Son muy narcisistas, llegando a cosificar a cualquier persona de su entorno para lograr sus propósitos. Además, tienen una capacidad especial para detectar carencias, necesidades, debilidades o puntos calientes en los otros. Saben simular a la perfección emociones que no pueden sentir, consiguiendo con ello sus propósitos. En los psicópatas hay un desconexión entre razón y emoción, siendo egoístas, inmunes al miedo y al castigo. Sin embargo, todos tienen algo en común, los criminales y los funcionales: su falta de empatía, su incapacidad para establecer relaciones afectivas verdaderas y una ausencia absoluta de remordimientos y sentimientos de culpabilidad.

¿Ha conocido a muchos sociópatas y psicópatas? ¿Cuál es el caso que más le ha impresionado?

-He conocido a algunos psicópatas funcionales muy peculiares, y, además, con un éxito considerable: jueces, abogados, policías, CEO, periodistas, incluso algún escritor. Pero su secreto está a salvo conmigo (ríe). He conocido a menos criminales en persona, aunque sí he estudiado e muchos de sus expedientes, como el de Javier Rosado, el asesino del rol, llegando a estudiar minuciosamente su diario. Sin duda, el caso que más me ha impactado, y al que sigo dándole vueltas es el de María Ángeles Molina, Angie. Durante dos años planificó el que pudo ser el crimen perfecto. Asesinó a su amiga Ana Páez tras haberle robado el DNI y contratar créditos y seguros de vida a su nombre, haciéndose pasar por ella. Finalmente, alquiló un apartamento turístico en Barcelona para perpetrar su crimen. La invitó a cenar y, tras administrarle una sustancia que no se pudo identificar en la autopsia, le puso una bolsa de plástico en la cabeza, asegurándola con cinta americana. Se quedó observando fríamente como Ana se asfixiaba. Después la desnudó, puso en su boca y en su vagina semen de dos gigolós a los que había contratado con el fin de obtenerlo y dejó una peluca morena y unas botas, escenificando una escena del crimen (staging), con la intención de que pareciera un crimen de carácter sexual. Sin embargo, está cumpliendo condena en Brians. Angie es la psicópata de manual con la que nadie quisiera encontrarse. No hace falta ir a Estados Unidos para encontrar psicópatas fríos, peligrosos y letales, España también tiene los suyos.

Pero el programa de Pamplona Negra de este año está dedicado a Estados Unidos, donde acuñaron el término de asesino en serie, ¿en qué medida el cine, la televisión, la literatura, ha generado una mitología en torno a estos criminales?

-La mayoría del conocimiento que la sociedad tiene de este tipo de asesinos múltiples llega a través del cine, la literatura, los documentales, el true crime y, en los últimos años, de series como Dexter, Hannibal, El Alienista, La Mantis, Mindhunter, etcétera. El imaginario popular, junto a la idiosincrasia propia de los asesinatos seriales, ha creado una serie de mitos que generan una especie de fascinación e incluso de admiración por la ambigüedad que presentan: su lado seductor y su faceta criminal. Muchos de ellos han sido elevados a la categoría de personajes célebres llegando a protagonizar biopic, películas, documentales, enciclopedias, canciones, cientos de libros, e infinidad de blogs y páginas webs. En Estados Unidos, en los 90, los asesinos en serie ya estaban más que arraigados en la cultura popular. Había cromos, postales, e incluso clubes de admiradoras. La fascinación por estos homicidas hizo que surgieran coleccionistas de objetos y pertenencias de esos sujetos, de sus víctimas o de objetos hallados de la escena del crimen (murderabilia). Algunos de los objetos más caros que se han comprado son un autógrafo de Albert Fish, una tarjeta de navidad de Ted Bundy, el Ford Sedan de Ed Gein o las pinturas de John Wayne Gacy.

¿Es cierto que hay más hombres que mujeres asesinos/as en serie? ¿Qué características diferenciales tienen?

-Estadísticamente, así es. Sin embargo, en determinados momentos de nuestra historia, sobre todo cuando se democratizó el veneno y dejó de estar en manos de los nobles y de los poderosos (siglo XVIII), las mujeres lo utilizaron para asesinar a maridos y familiares, ellas mismas o por encargo a otras mujeres. Por lo tanto en un periodo histórico muy concreto, la cifra negra de criminalidad femenina fue importante, sobre todo en la época victoriana, con el uso del arsénico y del cianuro. Hombres y mujeres hacemos muchas cosas diferentes y una de ellas es matar. En cuanto a la victimología, el hombre es un cazador, sale en busca de una presa, de una víctima que cumpla con los requisitos de sus fantasías, o bien una víctima vulnerable o una víctima fruto de la oportunidad, pero sale a buscar a una desconocida/o en la gran mayoría de las ocasiones. Sin embargo la mujer asesina en serie es recolectora, ya que sus víctimas están en su entorno más inmediato asesinando a quienes confían en ellas: maridos, amantes (viudas negras), pacientes a los que deben cuidar (ángeles de la muerte), hijos e hijas a los que deben proteger (filicidas, amigos, vecinos, etcétera. Solo en un caso la mujer se convierte en una peligrosa cazadora matando a desconocidos: cuando sale a buscar una víctima junto a su pareja (parejas letales), convirtiéndose en una peligrosa y agresiva asesina en serie. Más del 50% de las mujeres asesinas seriales matan junto a un hombre, siendo el hombre el que escoge a la víctima.

¿Qué hay de la forma y del motivo?

-Es absolutamente diferente. Los asesinos en serie disfrutan matando con sus propias manos, con armas blancas, objetos contundentes, cuerdas, emplean diferentes métodos de tortura, etcétera. En muy pocas ocasiones emplean armas de fuego. Sin embargo, las féminas letales suelen utilizar el arma silenciosa por excelencia, el arma nefanda: el veneno (casi el 80% de ellas). En determinadas ocasiones pueden matar mediante asfixia, ahogamiento o con algún tipo de arma blanca, aunque dependerá de las motivaciones, de las víctimas y del contexto. Y las motivaciones de ellos giran en torno al binomonio poder-control sobre las víctimas y sadismo-gratificación sexual. En el caso de las mujeres, su motivación principal es puramente instrumental: el lucro. Después, son las emociones los principales motivos que tiene para matar: odio, venganza, celos envidia e ira.