Merci, Monsieur Uderzo

El dibujante de 'Astérix' falleció ayer a los 92 años de una crisis cardíaca en su casa de Neuilly

25.03.2020 | 01:54
Uderzo, con sus personajes en 2015. Foto: J.B. Bernier (Efe)

parís – El legendario dibujante francés Albert Uderzo, creador junto al guionista René Goscinny de las aventuras de Astérix el galo, entre otros cómics, falleció ayer a los 92 años en su casa en Neuilly, junto a París, confirmó la editorial Salvat. Uderzo murió como consecuencia de una crisis cardíaca "sin relación con el coronavirus", explicaron fuentes de la editorial, que destacaron que falleció "rodeado del amor de su familia".

Durante mucho tiempo, Albert Uderzo, luchó para no quedar ensombrecido por la figura de René Goscinny, el hombre junto al que a finales de los 50 creó a Astérix, uno de los personajes más legendarios del cómic mundial. Considerado por muchos simplemente como el brazo ejecutor de la saga –nacida, decían, de la imaginación del guionista-– Uderzo demostró su capacidad para darle vida propia cuando en 1977 la muerte se llevó a su "hermano" y le privó de admirar la gloria que alcanzaba su personaje.

Uderzo, hijo de un carpintero italiano instalado en el este de Francia, nunca rechazó su proximidad con Obélix, personaje que creó en solitario y de quien reivindicaba su afinidad. Con él compartía modales rudos, populares, el gusto por la buena mesa y una cierta mirada inocente de la vida, que no le impidió disfrutarla desde lo alto del éxito que obtuvo su obra, 380 millones de álbumes vendidos en el mundo de su personaje más popular. Un récord para un cómic del viejo continente que le colocó al frente de un imperio, con películas, todo tipo de productos derivados y un parque de atracciones dedicado al menudo antihéroe galo. Un éxito que le permitió darse lujos desmesurados, como su colección de ferraris o su avión caza de guerra, y que, según decía, le valió también la animadversión de sus pares, demasiado "esnobs" para aceptar que éxito pudiera rimar con calidad. El Festival de Angulema, sanctasanctórum del cómic en Europa, nunca premió su talento y muchos dibujantes atribuían a Uderzo solo un rol secundario en la creación de Astérix.

 

En 1959

Astérix nació en la periferia de París

 

Uderzo contaba que creó a Astérix junto a Goscinny en el apartamento de protección oficial que ocupaba en Bobigny –periferia de París– en 1959, una década que había nacido con el encuentro entre ambos en Bruselas. Con el encargo de crear un personaje basado en los ancestros galos de Francia para una revista juvenil, Uderzo dibujó una figura hercúlea, capaz de combatir el poderío de Roma. Pero Goscinny, de familia judía originaria del este de Europa, imaginó situar a su protagonista en las antípodas de los héroes que triunfaban en la época, a menudo llegados de Estados Unidos. Infatigable lector de Disney, para cuyos estudios siempre soñó trabajar, Uderzo acabó por aceptar que Astérix fuera un contrapunto de todos ellos, el listillo capaz de anteponer la maña a la fuerza, que obtenía de una poción mágica, un relato que permitió a los autores hacer una caricatura de la Francia contemporánea. Uderzo, que había pasado en Bretaña la Segunda Guerra Mundial, situó en aquella tierra la antigua Armórica, la aldea donde comenzaron a florecer los personajes.

En 1977

Muere su "hermano" Goscinny

Fue esa, quizá, la receta de su éxito, que no llegó de forma instantánea, sino paulatina. Dos años después de ilustrar la revista juvenil para la que fue creado, Astérix apareció en su primer álbum, con 20.000 ejemplares vendidos. A cada número, las ventas iban creciendo, hasta que el irreductible galo dio el salto internacional y se consagró, alcanzando cada rincón del planeta, traducido a 111 lenguas. Muchos pensaron que Astérix moriría con Goscinny en 1977, sin contar con la irreductible voluntad del dibujante, que superó el golpe y, tras poner dos años más tarde viñetas al guión póstumo escrito por su colega, Astérix y los belgas, prosiguió en solitario ocho historietas más.

El héroe, que había deambulado por media Francia, por Hispania, que había combatido hasta en la propia Roma a Julio César y viajado hasta el Egipto de Cleopatra, siguió destilando aventuras, siempre con un ojo en la tradición gala y otro en el presente.

Hasta que en 2011 sus manos, fatigadas tras más de 70 años dejando trazos en el papel, dijeron basta, un final que Uderzo se negó a que acabara con su personaje más celebrado. En las últimas cuatro historietas, Didier Conrad ha puesto dibujos al guión de Jean-Yves Ferri, un tándem que Uderzo coronó como sus herederos, aunque siempre se guardó la última palabra. La hija de Vercingétorix, aparecido el año pasado, fue el último capítulo que verán los ojos de Uderzo.

"¿Tengo que morirme para que hablen bien de mí?", se preguntaba en 2017, tras superar una operación de pulmón que lo dejó postrado en su apartamento de Neully-sur-Seine, a las afueras de París, donde ayer falleció de un fallo cardíaco.

Reacciones

Era "el mejor dibujante del mundo"

Pocas son las personas que ponen a todo el mundo de acuerdo, pero Albert Uderzo lo era, como lo recordaban algunos artistas. Desde París, el granadino Juanjo Guarnido (Blacksad o El Buscón en las Indias) no podía disimular estar "muy triste" por la muerte de Uderzo, el autor que conoció cuando con 10 años leyó el primer Astérix y Obélix de su vida, un ejemplar que le regalaron a su hermano mayor. "Fue la primera bofetada gráfica que me llevé después de haber estado años leyendo tebeillos. Cuando vi ese cómic me dije '¡esto qué es, cómo se pueden dibujar así los caballos, las perspectivas!", rememoró. "Es una de mis grandes influencias, quizá la más grande", expresó el dibujante afincado en París, que hace 10 años se puso "el traje" para estar "digno" al entregar un premio a Uderzo. Así lo considera también Carlos Pacheco, uno de las firmas internacionales de la viñeta española, que confesó: "Yo no sería dibujante sin ti". Y remató: "Era el mejor dibujante del mundo".

Para el director de cine Álex de la Iglesia, Uderzo era un autor con un estilo "tan universal que no parece personal, porque todos le imitaron. A la altura de Raymond, Cannif, Moebius, Eisner".