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#ARTdemia

22.04.2020 | 01:09
#ARTdemia

Pablo Ochoa de Olza y Bárbara Gragirena son dos de los treinta artistas de Euskal Herria que participan en la exposición virtual lanzada por el espacio vitoriano ARTgia sorgune & aretoa.

con la intención de animar el ecosistema cultural de Euskal Herria en estos momentos de crisis absoluta para el sector, la galería ARTgia sorgune & aretoa de Vitoria-Gasteiz lanzó a comienzos de mes una convocatoria para montar una exposición virtual, #ARTdemia, y en apenas cinco días recibió 78 propuestas. Finalmente, la muestra, que puede verse en www.artgia.com, contiene una treintena de obras de artistas de la CAV, Navarra e Iparralde que reflexionan en torno a la situación actual. En cuanto a la Comunidad Foral, exhiben sus trabajos Bárbara Gragirena, directora de arte de la película Dartacán y los tres mosqueperros, y Pablo Ochoa de Olza. Este último, además, tiene prevista una exposición individual en junio en el espacio vitoriano. Coronavirus y desescalada mediante, claro.

Pablo Ochoa de Olza

Independiente y extemporáneo

Pablo Ochoa de Olza (Pamplona, 1968) creció "en una escuela de arte como pocas; con un padre y un hermano escritores, su madre profesora de arte, otro hermano fotógrafo y miles de libros por toda la casa. "Yo he pintado y dibujado siempre y más desde 1984, cuando empecé pintando grafiti y gané el premio nacional (BMG Ariola) en 1990. Entre ese mismo año y 1994 "prácticamente no hice otra cosa que pintar", en plan "típico artista hambriento y feliz". Luego regresó a Pamplona y decidió formar una familia, colocando la pintura en su ámbito personal. Desde hace 20 años se dedica profesionalmente a la robótica industrial como programador de robots de pintura, mientras, al margen del trabajo, dibuja y pinta calles, estancias, personajes y escenas, reales e imaginadas, tamizadas por un prisma traslúcido. Y confiesa que ha resurgido su necesidad de mostrar sus pinturas. "Sé que mi futuro está a medio plazo exclusivamente en el arte; veo que tengo un estilo propio y que la gente disfruta con mis obras, así que este es mi camino, seguro", afirma. En Pablo Ochoa de Olza hay, pues, un creador por descubrir. Solo expuso una vez, en 1994, en una pequeña galería de Kansas City, donde vendió dos obras. Ha regalado y vendido otras a amigos y conocidos, "pero nunca he estado en el mercado hasta ahora", dice. Y cita entre sus principales influencias a su hermano, el fotógrafo Daniel Ochoa de Olza; a Vang Gogh, a Sorolla y Keith Haring. También admira a Goya, a Antonio López, a Juan Gris, a Lee Krasner y a muchos otros de todos los estilos.

Participar en #ARTdemia le pareció "una excelente ocasión para mostrar mi trabajo y conectar con otros artistas", además de para "animar el sector y llevar arte al público, que creo que es una de las cosas que de verdad ayudan en el confinamiento". En la exposición virtual muestra dos obras que reconoce que se salen un poco de su estilo habitual, "que es más figurativo". Ambas son muy conceptuales. La primera, Bolsa de plástico sobre fondo rojo, "es un lienzo cubierto de cinta de embalar y pintado de rojo al que pegué una bolsa de plástico de una tienda de calcetines". El artista pensaba en la pandemia y optó enfocar la obra en el consumismo, "que obliga a competir produciendo barato en países que no respetan ni medio ambiente ni derechos humanos; en un mundo muy rápido y global donde las pandemias viajan a la misma velocidad que las personas y las mercancías", indica. Y sigue: "Creo que esta pandemia es fruto de todo esto".

La segunda pieza, Munstro bera, es una cartulina con acrílicos y tintas con un monstruo "pintado como lo haría mi hijo Iñaki, de 6 años". Es una reflexión sobre el miedo y la incertidumbre, "quizá muy simple como concepto, pero refleja lo que la humanidad vive estos días" y que quiere reflejar #ARTdemia. "Creo que en unos meses o años lo que quedará será el recuerdo de la congoja y la duda. Eso es la obra, la presencia de este monstruo que se alimenta de nuestros miedos, y su veneno, que es precisamente la esperanza", señala Ochoa de Olza.

A su juicio, el arte juega estos días, el papel enriquecedor de siempre, pero multiplicado por mucho. "La pandemia es una gran oportunidad para llevar el arte –cine, música, pintura, fotografía, etcétera– al público entendido y al nuevo". Y apunta que crisis en japonés se escribe con los kanjis de riesgo y oportunidad. En su caso, no lleva mal el confinamiento, trabajando "lo poco que puedo" desde casa y "dedicando la mayor parte del día a pintar". Sale lo imprescindible y aprovecha para disfrutar del sol cuando se asoma a su terraza. Diría que incluso se lo está tomando como "una especie de retiro creativo".

el 17 de junio No en vano, el 17 de junio tiene una inauguración en ARTgia. Ojalá que se mantenga. "Cuando fui a mostrarles mi trabajo, me explicaron que trabajaban con mujeres o con jóvenes, pero vieron lo que hago, les gustó y me encontraron un hueco entre el 17 de junio y el 5 de julio", lo que le emocionó. "Va a ser mi primera exposición individual y estoy trabajando mucho para que sea tan extraordinaria como la sala de Vitoria", donde colgará unos 25 paisajes urbanos en lienzos y láminas, y una serie de 50 pegatinas de arte urbano, "muy divertidas", con la idea de que "cualquiera pueda llevarse a casa una obra original y única sin romper la hucha". También está preparando obra para Frikoño, la semana friki de Logroño; concretamente para Expo-pudor, una muestra colectiva alrededor del pudor y la vergüenza. "Estoy preparando una serie de ocho publicaciones –revistas y periódicos– intervenidos y modificados para enseñar el contraste entre lo que nos da vergüenza del sexo, el erotismo o el cuerpo y las noticias que vemos como normales y que a mi entender deberían sonrojarnos".

Está claro que el artista pamplonés está dando pasos en el camino que quiere recorrer, y es el de la exposiciones, las galerías, los certámenes. "Quiero mostrar mis cuadros y pinturas, llevan mucho tiempo en cajas y carpetas y quieren salir de su confinamiento", termina.

Bárbara Gragirena

Inspiradora y fuerte

Barbara Gragirena (Pamplona, 1992) conoció la propuesta de Artgia a través de otra artista, Sara Berasaluce. Y se animó a participar porque en este momento de aislamiento "me parece imprescindible la visibilización de los/as artistas y de todas aquellas obras que puedan hacer más amena la reclusión". "Para las personas que tenemos Internet, móviles y ordenadores, son nuestras ventanas a otras personas, y para las que no, hay que intentar hacerles llegar el mensaje de que, aunque se sientan aislados, no están solos. Es importante expresar quiénes somos y cómo nos sentimos", conectando, tal vez, "a un nivel más íntimo y profundo con los demás".

Bárbara se graduó en Creación y Diseño en la Universidad del País Vasco (UPV) y realizó un curso de Preproducción para series de animación en Barreira. Centro Superior de Diseño (Valencia). Asimismo, ha complementado su formación con talleres, clases magistrales y cursos relacionadas con el mundo de la animación, donde actualmente trabaja. Es más, es la directora de arte de D'Artacán y los tres mosqueperros, producción de Apolo Films impulsada desde Navarra, así como cofundadora –junto a Axel Artieda– de The Magpie Nest, estudio de desarrollo de contenidos para animación con el que ganaron el Premio Iniciate del CEIN en 2018. La empresa cerró en 2019, pero la artista se queda con la experiencia de emprender. Su rumbo profesional está claramente orientado ahora hacia la industria de la animación, donde le encanta trabajar el Color Script, "que es básicamente encontrar qué paleta de colores encaja con cada momento-emoción de la película". Se siente "muy cómoda" con su trabajo y piensa que Navarra es "un lugar estratégico para desarrollar largometrajes" como el que desarrolla ahora mismo, que ha contado con el apoyo del Clavna, Sodena, CEIN, SNE... Aquí hay "muchos profesionales dispuestos a ser descubiertos o a desplazarse y una cantera de talento increíble". Hasta ahora ha podido colaborar con profesionales de la talla de Doug Langdale, guionista de El gato con botas; con Paco Sáez, storyboardista de Tadeo Jones, con Manuel Sirgo... "Creo que si el proyecto es llamativo, podríamos ver un crecimiento como el que tuvo Irlanda con Cartoon Saloon. Aunque a ella trasladarse a cualquier otro lugar no le genera problemas, de hecho, ha vivido en Bilbao, Valencia y Venecia, su "apuesta personal" es trabajar en casa, desde donde también ha diseñado un personaje "para un proyecto muy bonito relacionado con las energías renovables". Y desde donde sigue trabajando en las aventuras del mosqueperro, cuyo estreno está previsto para enero de 2021.

'#Plenairapril' Eso sí, pese a estar muy ocupada no deja de pintar y a lo largo de este mes está creando una colección de 30 obras bajo la propuesta #PlenairApril, un movimiento impulsado por Angela Sung que anima a pintar del natural cada mes de abril y que este año se ha tenido que adaptar debido al confinamiento. "Estamos pintando lo que vemos en nuestras propias casas o lugares a los que queremos viajar cuando podamos salir a la calle", comenta Gragirena, que en #ARTdemia expone La ventana de mi madre, pintura creada con el software nuevo y gratuito Heavypoly. "Me gusta creer que poder pintar digitalmente y reunirnos mediante Internet es una revolución como la que disfrutaron en 1870 los impresionistas con la pintura en un tubo y los cafés parisinos", comenta. Sobre el resto de propuestas de esta muestra virtual, la artista navarra ve dolor, silencio, incertidumbre y fragilidad, pero también momentos de luz y conexión con la naturaleza, brevedad, instante... "Resumen muy bien el cambio de conexto", expresa, y desea que el público se dé cuenta de que detrás de cada pieza hay un creador que se ha quedado sin espacios para generar y compartir. A título individual, cree que el arte es "una herramienta imprescindible para sacar las emociones". Y, por otro lado, "está sirviendo a nivel colectivo para conectar. "Está siendo de las primeras áreas en adaptarse a la gente. Tengo ganas de ver qué nuevos formatos y/o plataformas aparecen para hacer la cultura más accesible", exclama.

En cuanto a la cuarentena, Bárbara Gragirena la vive con días mejores y peores. "Está siendo un curso acelerado de aprendizaje en introspección. Lo enfoco desde que es una oportunidad para darnos cuenta de aquellas cosas que queremos hacer y ser".