Sánchez-Ostiz: breves del desconcierto 2018-2020

21.06.2020 | 00:21
Miguel Sánchez-Ostiz, en una imagen de archivo.

Pamiela publica el nuevo libro de Miguel Sánchez-Ostiz. Un volumen de textos breves en el que el escritor pamplonés recoge "boteprontos", alguna que otra impertinencia, "alegría feroz", ninguna gana de tirar la toalla, mucha burla y algo de "autorretrato". He aquí un adelanto.

Quevediana

(A modo de prólogo)

Pues amarga la verdad

quiero echarla de la boca

y si al alma su hiel toca

esconderla es necedad...

Y sigue la letrilla de Quevedo, y yo también con ella, sin rima ni metro alguno, pero por otra trocha, no menos quevediana, cuando menos en su magisterio escéptico y su combativo descreimiento de sus semejantes y de sí mismo en la greña y afanes, ambiciosos y abusivos, de la cosa pública (y privada). Estocadas las suyas contra su propia sombra en la callejuela de su vida.

No cometeré la arrogancia de sostener que lo que hoy publico es por fuerza verdad alguna, todo lo más boteprontos, fruto de los encontronazos entre un temperamento, el mío, con una época, la nuestra, esa que cada cual vive como puede y mejor le parece. ¿Exageraciones? Sin duda, todas las impertinencias y negruras lo son, y aquí hay una cuantas. No voy a ocultarlo. ¿Colmillo retorcido el mío? Suele decirlo el que es descubierto con el culo al aire. ¿Amarguras? Eso siempre según se mire. Una alegría feroz, que anima no pocas chanzas, es lo que yo veo. ¿Desesperanza o desilusión? Puede, pero ninguna gana de tirar la toalla y entregarme, ninguna, tal vez sea ese el sentido de estas pintadas con brea de la más negra en el muro de la noche de mi tiempo.

 

"No he de callar por más que con el dedo,

ya tocando la boca o ya la frente,

silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?

¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?

¿Nunca se ha de decir lo que se siente?"

Mis breves no son para tanto ni mucho menos, pero no hay tartufo que no se escude en esos versos de la Epístola censoria para soltar sus verdades y sobre todo sus impertinencias, las que nadie le ha pedido porque la sinceridad ajena enmascara con eficacia los empujones, y procuramos hurtarnos a ellos siempre que podemos. Así somos, estrafalarios sin recato y poco apacibles. Dirán que no dejo títere con cabeza, pero yo no estoy muy lejos de esa picota populachera y rota. ¿Benevolencia? Poca, la verdad, burla en cambio mucha. Aquí va lo que he ido viendo y cómo lo he visto y vivido, de cerca o de lejos. Las cosas no son como yo lo digo, sino como las veo.

Breves que tienen algo de autorretrato, claro, es obvio. Estoy con Debord, no escribo para gustar por fuerza a todo el mundo: estos breves son la mejor prueba.

"No digas, cuando vieres alto el vuelo

del cohete, en la pólvora animado,

que va derecho al cielo encaminado,

pues no siempre quien sube llega al cielo."

Eso decía también Quevedo en su soneto Contra los hipócritas y fingida virtud de monjas y beatas, en alegoría del cohete. Y a mí se me figura que eso mismo es aplicable a las furias, los agravios y enojos, los entusiasmos y lanzas del presente que terminan sin remedio en caña chamuscada. Dura lección, muy quevediana.

En esas estábamos cuando de pronto llegó la galerna, poco menos que sin avisar. Inesperada, poniendo las cosas en su sitio, es decir, donde estaban y muy poco donde deberían haber estado; y lo que parecía seguro se volvió cuerda floja, filo de navaja, un caminar a tientas en una oscuridad impenetrable, poblada de voces equívocas.

Por mucho que dijeran que la galerna estaba anunciada, como llega la brouillarta costera, la plaga llegó sin anunciarse apenas, se extendió como una mala niebla invisible. Y con ella llegaron el encierro y el miedo, la inquietud, la incertidumbre, el recelo, la sospecha, la mentira, la ira, el aplauso falaz, el oportunismo€ y también la fraternidad, la generosidad, el reconocimiento del esfuerzo ajeno, a qué negarlo.

De pronto nos vimos confinados, sí, por decreto, e inermes también, a merced de nuestros cuidadores, entregados, confiados€ y todo consistió en salvar el pellejo, en perder menos de lo que con fundamento se temía y teme. La perspectiva de las cosas cambió de manera forzosa, dio un vuelco y desde ese vuelco está armado finalmente este breviario.

* * *

¿Qué está pasando? Por mucho que te lo preguntes no lo sabes, solo tienes ideas aproximadas, conjeturas, albures, informaciones que caducan al poco de difundirse€ y una certeza, la de la enfermedad y la muerte, sean o no sus cifras reales o aproximadas.

"Tiembla despabilado el odio...".

–¡Pero si eso es de 1938!

–No, no, se equivoca, de ahora mismo, a diario, basta asomarse a los mentideros para comprobarlo... y hasta a las ventanas.

Voces autorizadas de la pachanga: las que deberían estar calladas, pero no, no hay quien renuncie a dejar su cagadita en el escenario.

Expertos (en general): con las cuatro reglas y el dictado con menos de ocho faltas de ortografía en diez líneas, basta y sobra para sacar el master.

"Lo peor de la peste no es que mata a los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso", sostiene Camus en La peste, uno de los títulos que, se dice, son ahora muy frecuentados, de referencia obligada entre gente más o menos letrada, o amiga de repicar citas De obras y autores que desconoce. Cierto, cierto€ Lo mejor de cada uno, lo que por tal se toma, aunque no pase de ser un no hacer daño para que no te lo hagan, un guardar las distancias prudentes y algo más, y lo peor, una violencia y una hostilidad cada día menos sorda, en civiles y en uniformados, en macarras poligoneros y en gente del porque yo lo valgo, en el que apedrea ancianos que no están donde deberían, en el que delata, en el que sobre los muertos hace batalla política...

Qué paradoja más chusca que en la patria de Caín sea delito el odio, poco menos que al arbitrio del juzgador, que también tendrá, virtuoso él, a buen recaudo sus odios y rencores. El odio, esa pasión común que siempre padece y muestra el otro, nunca tú. Tú eres Abel, eternamente Abel, como prueban los discursos políticos, la baba de las redes sociales, el entre líneas de artículos brindados a la peña que parecen sesudos y destilan desprecio, una de las máscaras más aceptadas del odio, el hablar descerrajado del bar de la tribu urbana, con o sin edad, el matón de gimnasio y polígono, el que pide palo, bala y ejecuta de palabra al que no esté de su lado€ todo tan común, tan aceptado, tan aplaudido por nuestros secuaces de ocasión. Caín será siempre el otro, envenenado de odio, nunca uno de los nuestros. Los nuestros están a buen recaudo legitimados en sus ideas y creencias como quijadas.

¿Qué puedes esperar de quien en mitad de los felices ochenta decía con pachorra que España necesitaba un nuevo José Antonio Primo de Rivera y ahora blasona de demócrata sin tacha en posesión de la verdad de la historia? Por preguntar, sin más.

Lo puedes decir y escribir mil veces que la gran mayoría social no te hará ni caso, cuando no aplaudirá con rabia: "Políticos condenados por su relación con el GAL pasaron menos tiempo en la cárcel que los jóvenes de Altsasu".

Día a día se teje el estado autoritario, nacional-centralista, reaccionario€ Y tú barbotas contra ellos, sin consecuencia alguna, en unas redes sociales vigiladas hasta el delirio. Como mucho es un motivo para pedir otra ronda, poco más. La calle no es tuya y no tienes fuerzas ni tal vez ganas de arrebatársela. Tienes miedo y no lo reconoces ni a puerta cerrada.

Justicia, justicia... cuando la palabra policial vale más que cualquier otro medio de prueba, los jueces y su aparato están de sobra.

Vuelve la Anti-España, la del policía franquista Mauricio Carlavilla, y el país de los buenos y los malos españoles. No, en realidad no se fue nunca, estaba adormecido, creciendo en la oscuridad. Solo hay un país posible: el suyo, todo lo demás es separatismo, secesionismo, populismo, bolivarianismo€ Si disientes de esta marea estás perdido, te declaran réprobo de inmediato.

Rebelde, rebelde, pero tragas, más de lo que supones y quisieras. Eso sí, a puerta cerrada es otra cosa. A puerta cerrada, Espartaco amaga rebeliones frente al espejo, arenga a los suyos, levanta barricadas, le pega fuego al chaparral, se rebela...

¡No me fío ni de mi padre!

–Mentira... Lo que ocurre es que no has sabido jugar esas manos de baraja marcada y te han desplumado, y eso es lo que te mortifica.

Errores garrafales: cuando hueles la chamusquina de tu propia vida y crees que es incienso.

Oído por la calle a un joven lobo que iba hablado a voces por su teléfono móvil: "¡Los despido a todos, que se jodan y espabilen!".

"Por menos, fueron ejecutados cinco rojos en Atocha". Libertad de expresión de un solo sentido, es decir, impunidad a raudales para la derecha y sus secuaces. Anda, prueba a decir tú algo parecido en sentido contrario y verás dónde acabas, y a qué velocidad.

Hablan de paz, libertad, convivencia y proyecto común (y no sé qué más), pero muerden y encima blasonan de mordidos. Son los libres e iguales que te querrían mudo y a sus órdenes.

Ese gusto inmoderado, violento, rabioso a veces, por las noticias de catástrofes, terremotos, grandes cataclismos, como si en el aire flotara un deseo ansioso del fin del mundo; pero siempre en otra parte, siendo tú espectador y solo eso, y que la lluvia de azufre le caiga a otro.

El bote pronto, ese desahogo necesario€ y un alivio pasajero porque los motivos de responder sobran. De lo contrario, no queda otra más que salirse de la cancha, y eso... eso tiene su dificultad. Estás más enganchado de lo que crees al baile diario de la mala sombra.

¡Ni un paso atrás! Es más fácil decirlo que hacerlo, porque los das sin darte cuenta, sobre todo así.

¿Quién nos protege de la arbitrariedad y prepotencia de un matón uniformado?

–Nuestro sentido de la sumisión.

"¡A las barricadas!". Lo que fueron gritos de combate, ahora son murgas o como mucho, consignas que nadie escucha: puros desahogos.

Cuando no puedes defender tus derechos más que de manera teórica porque en la práctica, frente al poderoso, estás vendido y lo sabes, te queda el recurso de hacerte estoico y pacífico, y ejercitar la virtud de la humildad cuidando de que no se te vaya la mano a la hora de comerte los hígados.

Está visto que el éxito social, mediático y comercial emborracha y enceguece como si fuera metílico.

Da gusto ver con qué devoción y entusiasmo defienden el pesebre los beneficiarios de las canonjías del Gobierno... De pronto, para esta gente todo es perfecto, sobre todo aquello que hasta ayer era un escándalo que invitaba a rasgarse las vestiduras.

De quienes han hecho negocios privados y pública fortuna aprovechándose de las facilidades que les daban los cargos públicos para los que habían sido nombrados por su complicidad política, es mejor no hablar porque es hacerte enemigos en balde.

Los motivos para las revueltas violentas sobran, pero cada día no se mueve ni una hoja y la placidez cantada se impone€ es cosa del extranjero. Sobran los motivos para darle fuego al chaparral, pero el miedo, disfrazado de pacifismo, gana de mano.

Se rebotan si les llamas fascistas, pero no hay abuso de poder que no aplaudan.

Cuando se acusa a alguien de cometer indecencias, se aportan las pruebas fehacientes y bastantes de lo que se dice y escribe. Lo contrario es difamación; pero esto a quien se sabe poderoso desde su cátedra o su púlpito mediático y tiene, encima, un público entregado, le importa un comino.

El especulador inmobiliario de altos vuelos declara que los nuevos ricos son como lobos, peligrosos, sin escrúpulos. Y a ti te da la risa y se te va el vino por la nariz. [Oído al azar]

Escándalo diario, indignación por sistema, depresión, anestesia y poca o nula acción en consecuencia. Como mucho un tuit cargado de rabia y odio en Twitter o una nota gruñona y borde en Facebook. Desahogos y a por la próxima dosis de escándalo hiriente e indignación rabiosa.

"Nunca pierdas la oportunidad de decir algo estúpido", declaraba el dadaísta Igor Teréntiev. La oportunidad de hacer algo estúpido, y sobre todo irremediable, no le va a la zaga.

¡Provincianos al poder!

–Sigue, sigue, que la cárcel y el manicomio te esperan con los brazos abiertos.

Menudo espejismo el de quien decía estar excavando su túnel de escape y era su propia fosa... si al menos hubiese sido al contrario.

La perspectiva de las cosas es muy distinta si se lleva una vida desahogada o si se padece otra azacaneada, con el agua al cuello y el miedo en el horizonte. Es una perogrullada, pero se olvida con una facilidad pasmosa, sobre todo por parte del que vive sin cuidados.

A quien se desplaza en coche oficial, gratis total, no le pidas empatía más que con los de su casta y clase, y sobre todo procura no estropearle el paisaje.

Los abusos de poder continuados que el sarcasmo ni siquiera hiere de lejos. El sarcasmo no pasa de ser un desahogo de mentidero, un alivio que enseguida se hace humo.

Sentencias como garrotes (viles), justicia de traer a morir al palo, escarmiento colectivo, ideología ponzoñosa como tinta de considerandos jurídicos€ pienso en el caso de Alsasua. Es la ideología la que sustenta una justicia de dos medidas: los míos y los otros.

Sueñan con la venganza y en la muerte ajena ven la oportunidad del regreso de sus banderas. El dolor de los ciudadanos es lo de menos, mientras la impotencia y la indignación sirvan a su causa todo vale... ¿Cómo llamarías a esto?

¿Información o propaganda? Más de la segunda que de la primera. Me temo que, pese a todos los buenos deseos y a las mejores intenciones, de esta vamos a salir más enconados de lo que entramos.

SE HA DESCUBIERTO, de pronto, como tantas otras cosas, que el material sanitario, necesario para salvar vidas, es objeto de mercado negro, especulación salvaje, timos, robos€ Al mismo tiempo que se habla de la llegada de una sociedad más justa.

"¡Es el mercado, amigo!" ¿Se acuerdan? Y al mercado, a ese mercado, el sufrimiento de la gente en general, ya esté lejos o cerca, le importa un bledo, y es posible que, frente a eso, el gobierno de turno tenga sus servidumbres, debilidades, hipotecas, algo que invita a pensar que nuestra desprotección es mayor de lo que creemos.

EDUARDO ABAROA, héroe boliviano de la Guerra del Pacífico fallecido en combate el 23 de marzo de 1879: "¡¿Rendirme yo?¡ ¡Qué se rinda su abuela, carajo!".

en corto

El libro. ¿De qué virus quiere que hablemos hoy? ¿O prefiere que lo hagamos del angelical futuro que nos espera? Se lo pregunto porque si la normalidad va a ser vivir con hostilidad y recelo, estamos igual o peor que antes, de manera más sincera, eso sí. ¿El tiempo de los abrazos? Conformémonos que sea entre los nuestros, ahí donde las cosas dependen de nosotros. De nuevo el bosque de Stevenson: no emporcar el claro donde hemos acampado, que no otra cosa es nuestro paso por el rincón del planeta en derrota que nos ha tocado en suerte.

* * *

No sé cómo son las cosas, es decir, no quiero saber cómo dicen que son las cosas ni cómo tienen que ser las cosas. Hoy esto, mañana lo otro. El desconcierto es la norma. No quiero saber cómo tengo que ver lo que veo, ni cómo entender lo que leo, ni lo que tengo o no que leer. Nada. Estoy equivocado, es una liberación, un refugio. El error admitido es mi punto de partida. No quiero ir por el camino recto ni compartir en silencio la bazofia del discurso ajeno, el sermón y la arenga. No me fío y hago bien. No soy de fiar, vaya esto por delante y como firma.

Miguel Sánchez-Ostiz (Pamplona, 1950) Es autor de las novelas Los papeles del ilusionista (1982), El pasaje de la luna (1984), Tánger Bar (1984), La quinta del americano (1987), La gran ilusión (1989), Las pirañas (1992, 2017), La caja china, Un infierno en el jardín (1995), No existe tal lugar (1997), La flecha del miedo (2000), El corazón de la niebla (2001), En Bayona, bajo los porches (2002), La nave de Baco (2004), El piloto de la muerte (2005), La calavera de Robinson (2006), Cornejas de Bucarest (2010) y Zarabanda (2011), El Escarmiento (2013), El Botín (2015), Perorata del insensato (2015) y Diablada (2017).

Entre sus muchos libros misceláneos hay que destacar la crónica de viajes La isla de Juan Fernández, Peatón de Madrid, Cuaderno boliviano, Chuquiago, deriva de La Paz, así como una serie de diarios y dietarios, que se comenzaron a publicar en esta editorial en el año 1986, como La negra provincia de Flaubert (1986), Mundinovi. Gaceta de pasos perdidos (1987), Correo de otra parte (1993), El árbol del cuco (1994) y El santo al cielo (1995), a los que siguieron La casa del rojo (2002), Liquidación por derribo (2004), Sin tiempo que perder (2009), Vivir de buena gana (2011), Idas y venidas (2012), El asco indecible (2013), Con las cartas marcadas (2014), La sombra del Escarmiento, 1936-2014 (2014), Rumbo a no sé dónde (2017), Diario volátil (2018) y A cierta edad (2019).

Toda su obra poética hasta el año 2000 se recoge en La marca del cuadrante (Poesía, 1979-1999), al que le ha seguido Fingimientos y desarraigos (2017) y El piano de Hölderlin (2019).

De los cientos de páginas que ha dedicado a la figura y la obra barojiana sobresalen las dedicadas al Baroja de la Guerra Civil: Tiempos de tormenta (Pío Baroja, 1936-1940) (2007). Igualmente es autor del ensayo Lectura de Pablo Antoñana (2010).

Más información en:

http://vivirdebuenagana.wordpress.com

http://www.pamiela.com

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