Un recital de altos vuelos

30.12.2020 | 00:36

pablo und destruktion

Fecha: 26/12/2020 Lugar: Zentral Incidencias: La sala estaba acondicionada a modo de café teatro, cumpliendo la actual normativa, con mesas y taburetes en la pista y en la parte de arriba. Pablo tocó la guitarra eléctrica y cantó, y Pablo González Pibli se encargó de la batería.

es lo que hace distinto al SantasPascuas de la inmensa mayoría de festivales que proliferan como setas a lo largo y ancho de nuestra geografía: en su propuesta caben nombres idóneos para recintos de mayor aforo (Belako, El Columpio Asesino, KeTeKalles o Zetak), y también otros más minoritarios que, por los motivos que sea, todavía no han sido agraciados en la caprichosa lotería del éxito comercial. Y decimos todavía porque nunca se sabe; recordemos que hace solo dos años la mismísima Rosalía actuó dentro de este mismo festival en la sala pequeña de Baluarte, algo que ahora sería absolutamente inimaginable. Puede ser el caso (o no) del asturiano Pablo Und Destruktion, un artista que cuenta ya con seis excelentes discos en su haber. Fue el más reciente de todos ellos, Futuros valores, el que le trajo a Pamplona.

Abrió su actuación con A la mar fui por naranjas, un tema que sonó ruidista a pesar de ser interpretado, como todo el concierto, solo con guitarra y batería. Más recogida lució El cortejo, de su último álbum. Y es que lo explicó en la letra de su siguiente canción, Credo: "ya no creo en la locura, tampoco en la distorsión". Efectivamente, su discurso impacta por su desnudez más que por su potencia o sus decibelios. Otro de sus puntos fuertes es el uso de la ironía y el sarcasmo, por ejemplo, en el uso de ciertas imágenes políticas ("vamos al valle de los Caídos porque es un paraje sin igual", reza el mismo texto, a la vez que en otros textos utiliza imaginería soviética), algo en lo que recuerda, quizás, a los tristemente separados Ornamento y delito. Siguió, cual vetusto chansonnier, versionando a Jacques Brel en Gijón (adaptación del Amsterdam del belga). Ese tamiz de crooner europeo es también esencial para dibujar su personaje, un artista que, en cuanto a sonido, tiene un pie en la tradición y otro en el rock y post punk, y, en cuanto a textos, una mano en el lirismo y otra en la pura destrucción.

Aunque el concierto fue natural y orgánico, el asturiano se apoyó en algunos samplers para provocar efectos. Fue el caso de Problemas y, especialmente, Gracias, en la que el autor reflexiona sobre su relación con el público. El de Pamplona, desde luego, le dio mucho amor aplaudiendo todas las piezas que el duo ofrecía. Una de las más aclamadas fue Powder, de su disco Sangrín, un tema tranquilo que contrastó con Viva la gente, que comenzó con susurros y terminó con alaridos. Fue ese un punto de inflexión, pues a partir de entonces predominaron los cortes más enérgicos como Puro y ligero, cuya temática recordó a la de En la sed mortal, de su amigo Nacho Vegas, o la histriónica Por cada rayo que cae. La última parte discurrió con absoluta fluidez; el artista estaba cómodo y echó mano de algunas canciones que no estaban previstas en el repertorio, como Pupilas dilatadas de ira, Extranjera o una de sus canciones más memorables, Limonov, desde Asturias hasta el infierno, que fue interpretada por petición popular y que sirvió de despedida.