Nerea Berraondo: "En esta carrera hay que tener mucha paciencia; la voz no está lista en un año o dos, evoluciona y madura"

La mezzosoprano navarra interpreta a la cantante en la versión semiescenificada de la 'Manon Lescaut' de Puccini que se representará el viernes y el domingo en Baluarte

02.02.2021 | 19:57
Nerea Berraondo, en una imagen de estudio.

El papel de Nerea Berraondo en este montaje no es muy grande, pero "tiene uno de los momentos más bonitos del segundo acto" de este emblemático drama lírico que contará con la dirección musical de Manuel Hernández-Silva, al frente de la Orquesta Sinfónica de Navarra, el Coro Lírico de la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera (conducido por Iñigo Casalí) y de los solistas, encabezados por Ainhoa Arteta, en el papel de la protagonista. Completan el elenco Roberto Aronica (Renato des Grieux), José Antonio López (Lescaut), Carlos Chausson (Geronte de Ravoir), Pablo García-López (Edmondo, maestro de música), Darío Maya (sargento, capitán, posadero) y Julen Jiménez (farolero). Este último conforma la representación navarra junto con Berraondo, que después de una semana de ensayos puede afirmar que cantar con mascarilla es "agotador". Eso sí, a la vez sabe que es "un lujo" poder cantar un título de estas características en las circunstancias que estamos atravesando y, además, en casa.

La cantante, que ahora mismo reside en Sevilla, tuvo un gran éxito el año pasado como protagonista de Moctezuma, y en su haber tiene haber encarnado a Dido, de Dido y Eneas, en el Teatro Arriaga de Bilbao; a Adrasto y Creusa en el estreno del Demofonte de Gluck en el Theatre an der Wien; a Lucio en Catone in Utica de Vivaldi en el Théâtre de Champs Elisées; a Malika en Lakmé en Teatro Municipal de Santiago de Chile; Messagiera y La Música en L'Orfeo de Monteverdi en Teatro Real de Madrid; a Fulvio en Tito Manlio de Vivaldi en el Auditorio Nacional y Centro Cultural de Belem (Portugal), y a Arminda en Selva Encantada de Amor de Duron en L'Auditori (Barcelona), entre otros personajes.

¿Qué supone estar en el reparto de esta versión de 'Manon L'Escaut' que se verá esta semana en Baluarte?

–Es un lujo, porque poder cantar, aunque sea en una versión semiescenificada, en estos tiempos en los que se nos ha puesto tan difícil hacerlo es un privilegio.

Como bien dice, se trata de una versión semiescenificada, que no es un concierto, pero tampoco una ópera como tal, ¿qué es lo que se va a encontrar el público?

–Se va a encontrar con los personajes bien definidos, lo que ocurre es que no tenemos escenografía, así que esa parte hay que imaginársela. Nosotros nos vamos a ir moviendo por el escenario, interactuando entre nosotros y ciñéndonos al guión de lo que pasa en la ópera, con el vestuario y algunos elementos de atrezzo, pero sin decorados. Además, la orquesta estará en el escenario, no en el foso, y los miembros del coro permanecerán estáticos, sin interactuar. Faltan esos elementos que digamos que visten más una producción.

¿Se queda como a medias?

–Sí, pero como la música es tan bonita y los actores/cantantes son tan buenos, la gente se va a meter enseguida en la historia y no va a echar tanto de menos el resto de elementos.

'Manon Lescaut' es una ópera con una compleja historia, ya que primero tuvo una versión de Jules Massenet, luego Puccini hizo su propia creación, de la que dijo que era mucho más italiana, más apasionada.

–La música es pura pasión, todo es muy dramático, constantemente. La diferencia entre la de Puccini y la de Massenet es que en la primera la intensidad es constante y creo que por eso atrapa más.

¿Qué me cuenta de la cantante, su personaje?

–El papel es pequeñito porque, por norma general, a Puccini no le gustaba meter a mezzosopranos, no sabemos por qué. Tiene una pequeña aria, pero probablemente es una de las partes musicales más bonitas del segundo acto, melódicamente hablando. Es una cantante que contratan para entretener a Manon y que interpreta unas canciones que ha escrito Geronte. En ellas se dice que ella es bella y perfecta y que él suspira por ella, aunque no le hace tanto caso como le gustaría. No es que se ria, pero la cantante al final narra la situación especial que se está viviendo en casa de Manon.

¿Cómo han preparado la obra en estos tiempos de protocolos de seguridad?

–Llevamos ensayando casi una semana y el gran hándicap es, sin duda, cantar con mascarilla. No es igual. Al final la cantidad de aire que echamos no sale, así que vas teniendo una sensación constante de ahogo y a la vez de que no puedes coger el aire que necesitas para poder darlo todo... Pero en las funciones de Baluarte los solistas cantaremos sin mascarilla, manteniendo las distancias y respetando los protocolos, pero los ensayos están siendo difíciles, sí. La orquesta está a todo volumen y nosotros cantamos con mascarilla, así que es complicado.

No parece muy agradable.

–No lo es, y yo no me quejo tanto porque mi personaje es cortito, pero los compañeros que tienen que estar todo el rato cantando a todo volumen y durante más de dos horas con la mascarilla tienen un mérito increíble.

¿Están todos los solistas ensayando ya?

–Sí, todos menos Ainhoa Arteta, que es la protagonista, que se incorpora hoy (por ayer, martes 2 de febrero). Ya había cantado con ella, pero hace muchos años. Yo he vivido mucho tiempo en Estados Unidos, donde he hecho mi carrera, y ahora es cuando estoy empezando otra vez en España, y es un lujo trabajar con profesionales de este nivel aquí, en Pamplona.

Será bonito volver a pisar el escenario lírico de Navarra por antonomasia.

–Cantar en casa siempre hace más ilusión sobre todo porque es donde tu familia puede verte. Cantar en Nueva York o en París es muy bonito, pero no va a verte nadie, pero cuando tus padres, tus tíos y tu familia vienen, es una alegría, aunque confieso que también siento más responsabilidad. Los que nos dedicamos a esto nos exigimos mucho siempre, pero creo que hay más presión cuando vas a cantar ante tu gente; no quieres defraudar a nadie y te da miedo meter la pata (rie).

En sus 15 años de carrera profesional ha trabajado con importantes maestros, ¿cuáles diría que son los que le han dejado más huella o han resultado más importantes para su carrera?

–Para mí un referente fue Alan Curtis, que ya falleció. Fue quien me dio las oportunidades más grandes en mis inicios y guardo con mucho cariño los recuerdos de aquellas giras por Europa con óperas olvidadas de Vivaldi o de Gluck. También me gusta mucho trabajar con Matthias Maute, que es alemán y dirige varias orquestas en Estados Unidos y Canadá, y disfrutaba con el maestro Frübeck de Burgos. La lista es muy larga.

En cuanto a los papeles que ha interpretado, ¿cuáles diría que son los más relevantes por su repercusión en público y/o crítica o por lo que han significado a título personal?

–Para mí fue un reto importante la gira que hicimos el año pasado con Moctezuma porque mi personaje era muy complicado, virtuosístico, con muchos graves y muchos agudos. Me quedé muy contenta porque lo defendí estupendamente, aunque la gira fue agotadora y un día estábamos en Miami y al día siguiente en Montreal, con una tremenda diferencia de horarios y de temperaturas. Otro personaje que me encanta y con el que disfruté muchísimo fue Dido, de Dido y Eneas, en el Arriaga.

¿Y cuáles son esos personajes que tiene marcados como pendientes?

–Mi sueño es cantar Carmen; he cantado trozos, pero hacerla entera es lo que quiero. Iba a hacerlo el año pasado, pero se truncó por la pandemia y tengo también la espina clavada. También me encantaría cantar Dalila, de Sansón y Dalila, y La Princesa de Éboli (Don Carlos)... Hay tantos que me gustaría hacer (rie).

Supongo que la suya es una carrera de fondo y de estudiar y de estar siempre preparada.

–Efectivamente, y, sobre todo, hay que tener mucha paciencia, porque la voz no está lista en un año o en dos. Hay que estudiar y practicar todos los días. Yo llevo cantando profesionalmente casi 15 años y sigo estudiando, sigo mejorando. Mi voz continúa evolucionando y madurando, y eso marca a la hora de interpretar un personaje u otro.

También tiene una línea de trabajo en la que interpreta oratorios y otras piezas junto a diversos ensembles.

–Es más, he hecho más oratorio y concierto y concierto sinfónico que ópera. Y me parece que es algo fundamental. Hay quien se mete muy joven en la ópera, lo cual está muy bien, pero también es bueno mamar los conciertos, las cantatas, los oratorios, porque es una forma muy diferente de trabajar, en la que más que en el actuar te estás fijando en el interpretar. Cuando no tienes el recurso escénico, tienes que buscar otro tipo de recursos y te tienes que fijar más en la retórica, en la musicalidad y en cómo transmitir cosas solo con la voz, sin el recurso del teatro. Para mí, este trabajo ha sido esencial para ser mejor músico.

Su registro es de mezzosoprano, ¿hay más o menos papeles solo por eso o depende de la propuesta musical que un determinado director quiera hacer?

–Bueno, mi voz es de mezzosoprano, pero canto bastante más de contralto porque tengo una voz bastante rara. No son normales los graves y los agudos que tengo, pero como las voces agudas abundan, al final canto más de contralto. Y me gusta porque casi siempre son personajes más dramáticos, que me atraen más que los cómicos. Por eso he cantado también mucho barroco, que antiguamente lo cantaban los castrados y los registros eran extremos, tanto agudos como graves.

¿Hasta qué punto le ha afectado la pandemia en sus proyectos?

–Se han cancelado muchas cosas, pero hay que tomárselo con filosofía. Esperemos que todo vuelva a la normalidad en algún momento. la gira de Moctezuma se suspendió a la mitad y también se candelaron conciertos que tenía en Francia y se han pospuesto otros, como la gala que íbamos a hacer con la AGAO, que ha pasado a noviembre de 2022. Así vamos, poquito a poco. Me están empezando a llamar para cosas de 2023, 2024... Como normalmente no tengo tiempo para nada, pues estoy aprovechando para estudiar y para hacer cosas que me gustan.