Gartxot. Un año de la 'Konkista'

23.02.2021 | 01:12
Fotograma de 'Gartxot. Konkista Aintzineko Konkista'. Foto: D.N.

Se cumplen ya diez años desde que el ilustrador Asisko Urmeneta, Asisko, estrenó su película animada Gartxot, Konkista Aitzineko Konkista, que produjo y dirigió con el productor Juanjo Elordi. Se trata de un filme en 2D digital, rodado íntegramente en euskera y de producción plenamente local, de mano de la extinta productora Somuga (Andoain), la coproducción de ETB, y el estudio de grabación REC de Donostia. Contó además con la ayuda de las publicaciones euskaldunes Argia y Berria –ambas, con sede en Gipuzkoa–, junto con el Gobierno Vasco.

La película, distribuida por Barton Films y que recaudó 155.363'48 euros –contó con 660.770,76 euros de subvención pública–, recibió el premio a Mejor Película en el XXII Festival Internacional del Filme de Animación Les Nuits Magiques, celebrado en Burdeos en el 2012. Y es que, aunque estaba rodada en euskera, contaba con una amplia gama de subtítulos que le permitieron proyectarse en diversos países como España –Festival de Málaga de Cine Español del 2012–, Australia –Festival Internacional de Cine de Auburn–, Brasil –Festival Animamundi–, Bulgaria –Golden Kuker– e Italia –Kimera–, llevando a todos ellos la animación euskaldun.

Pero quizá lo más interesante del filme es la recuperación de una genuina leyenda local, la de El Bardo de Itzaltzu, recogida y publicada en 1918 por el académico e historiador iruñearra Arturo Campión (1854-1987), quien se valió de fuentes orales del Valle de Zarai-tzu por él detalladas, y del Archivo de Pamplona. El cantante oriotarra Benito Lertxundi había compuesto una balada homónima en 1981 –después banda sonora del filme– inspirado en dicha leyenda. Y el mismo Asisko había publicado una novela gráfica sobre la misma en el 2003, junto con sus colegas Marc Armspach, Marko, y Jokin Larrea, Jokin, editada por Argia y con financiación del Gobierno Vasco.

La leyenda de Gartxot, el bardo de Itzaltzu, maravilló a un Campión que identificó a dicho personaje como collado de la abadía de Roncesvalles en el siglo XII. Los frailes de la abadía le quitan a su hijo Mikelot, pretendiendo aprovechar su voz privilegiada para hacerle cantar en latín –lengua ajena para los lugareños– loas a Carlomagno, emperador derrotado en el año 778 por vascones y sarracenos en el puerto de Ibañeta. Gartxot recupera a su hijo y lo esconde en Itzaltzu, donde será descubierto, y se deshará de Mikelot para que no se queden con él. El final de Gartxot es la alegoría ficticia de un pueblo resistente, que venció al invasor y que termina luchando contra la lengua y cultura que le imponen.

La película de Asisko, por su parte, resulta también un contenedor de mitos y es riquísima en simbología. Muy fiel a la estética underground del cómic, utiliza símbolos del entonces Reino de Pamplona –que acaparaba toda Hego Euskal Herria y parte de Iparralde– como el arrano beltza o la media luna invertida, que campan por doquier en diversas escenas. Asimismo, realiza una fiel labor documental del euskera que podría haberse hablado en aquella zona durante el medioevo –ejercicio que también había realizado con Marko y Jokin para el cómic–.

Es así que la película fue rodada respetando el euskalki de los dobladores –la mayoría de ellos de Zuberoa, muy próximos a Zarai-tzu–, contando así con las voces de Mikel y Maika Etxekopar –para Gartxot y Mikelot–, al propio Marko, lapurtarra de adopción, quien dobla a dos personajes –Turold y Peyré–, o a Eñaut Larralde, cantante bajo-navarro y fallecido al año de estrenarse la película, quien dobló al abad Begón, personaje que solo habla latín. Por fin, el propio Lertxundi dobla también al personaje del Rey –que no figura en el cómic ni el relato de Campión–, a la sazón Alfonso I El Batallador.

No se puede decir que la película fuese la más taquillera del 2011 –según el Instituto de la Cultura y las Artes Audiovisuales logró agrupar a 32.093 espectadores–. Cabe remarcar, no obstante, el carácter minoritario de su público, amén del gran esfuerzo que supuso su producción con escasos recursos y los reconocimientos recibidos. Y es que se implicaron diversas asociaciones locales para crearla, en un claro ejercicio de crowfounding, entre las que se encontraban Udalbiltza y Udalbide. También cooperó Euskal Kultur Erakundea, de Iparralde.

El aporte que esta película hizo a la memoria colectiva de Euskal Herria es mencionable, además de su esfuerzo por la producción de cine en euskera. No hay que olvidar tampoco el recuerdo que hizo de Campión, personaje controvertido, pero no por ello desdeñable en lo que referido en sus aportaciones académicas a la Historia de Euskal Herria, en calidad de Correspondiente de las reales academias de la Historia y de las Ciencias Morales y Políticas. Fue también miembro de la Sección Vasca de la RAE, y desarrolló diversas tareas académicas con Eusko Ikaskuntza y Euskal-Esnalea. Recuperar así nuestra memoria legendaria, recordando a uno de sus más ilustres hombres, y todo ello a través del cine y las artes visuales, merece sin duda ser rememorado y difundido.

El autor es doctor en Comunicación Social