Itziar García Zubiri comenzó en programas de televisión como Callejeros viajeros o Vidas anónimas. Ahí se enganchó a la realidad y posteriormente, ya de vuelta en casa, dedicó más de una década al cine documental. Así, con el sello de Arena Comunicación, trabajó en producciones por todo el mundo como Pura Vida, Muros y Cholitas, entre otras. Hace poco probó también en la ficción con la serie Querer, precisamente con Alauda Ruiz de Azúa, la directora que ha llevado a esta villavesa a lograr su primera nominación a los Premios Goya por la dirección de producción de Los domingos.

Ilusionada y risueña como siempre, aun no sabe qué va a ponerse ese día, el próximo 28 de febrero en Barcelona, solo sabe que los mensajes que ha recibido desde que se conoció su candidatura y hasta hoy mismo son un regalo que guardará siempre.  

¿Estaba viendo el anuncio de las nominaciones cuando dijeron su nombre? 

–Sí (ríe). O lo estaba intentando, porque hubo problemas técnicos en la retransmisión y, además, estaba en Pasaia y no sé si por esa forma de fiordo que tiene, perdí la conexión y me enteré de mi nominación a través de un mensaje que me mandó el coordinador de producción de la película. Luego lo puse para escucharlo yo misma y al oír mi nombre me quedé como paralizada. Al principio fue casi un susto (ríe).  

¿Por qué? 

–Principalmente, porque las personas que trabajamos en producción estamos acostumbradas a ser invisibles. De hecho, cuando más invisible sea nuestro trabajo, más quiere decir que lo has hecho bien. Claro, eso quiere decir que tu curro, que es muchísimo, no se tiene que notar, así que cuando alguien viene y te pone en el foco, te asustas un poco. Pero luego, cuando llamó Alauda y en los tres días siguientes en que no dejaron de llegarme mensajes, llegó la alegría. Eso sí, me guardé un fin de semana para mí sola, para recolocarme y entender todo lo que estaba pasando.

Pues pasa que han reconocido su trabajo en una película que es la más nominada de este año, con 13 candidaturas. 

–Lo sé. Con la nominación he sido más consciente de que he puesto mi amor, dedicación y todo lo que tengo para estar a disposición de todos los departamentos y acompañar a la directora en todo lo que ha necesitado. Y resulta que la película está teniendo un recorrido interesante que me hace ser consciente de que hemos hecho las cosas bien.

¿Qué me dice de sus compañeras/rivales de candidatura? 

–Pues que parte del susto que me llevé tuvo relación con verme en ese grupo. Hay que tener en cuenta que está Sirât, una película que va de camino a los Oscar y en la que seguro que el trabajo de dirección de producción ha tenido que ser importante, interesada y divertida... También está Los Tigres, que por la temática y el trabajo en el agua obviamente merece estar ahí, y, además, Begoña (Cuevas) es conocida y me encantaría que le pasaran cosas bonitas. Ciudad sin sueño me remite a mis orígenes documentales y El cautivo siempre se puede llevar algo por todo el trabajo de época. No sé, cada proyecto tiene su complicación y sé que todos mis compañeros han hecho un gran trabajo. En mi caso, Los domingos ha supuesto mis inicios en los largos de ficción y quizá por eso, porque ha sido algo nuevo, me ha resultado más difícil de gestionar, pero me veo reflejada en las otras propuestas nominadas.

“Alauda es una valiente, se mete sin dudar en los temas que le interesan y es maravilloso acompañar a una directora con las cosas tan claras”

¿Hasta qué punto la temática de ‘Los domingos’ ha complicado su trabajo? 

–No ha sido fácil porque ha supuesto entrar hasta la cocina en espacios e instituciones como la Iglesia y hablar con personas que no están acostumbradas a las cámaras. Además, en este proyecto había mucha gente muy joven que hacía cine por primera vez, desde la misma protagonista (Blanca Soroa) hasta los componentes de los coros que creamos expresamente para la película. Eso conllevó un trabajazo, pero a la vez fue muy bonito. Al final, a excepción de dos temas, toda la música de la película la interpretan coros reales que armamos desde cero para el proyecto. Generar conjuntos reales que, además, supieran interpretar ante la cámara fue como una producción más que iba paralela a la de la película en sí misma. La directora de los coros, Izaskun Quintana, y yo trabajamos meses antes del rodaje haciendo audiciones, explicando a los adolescentes los planos en los que iban a salir, hablando con los padres... Y, casualmente, el día en que rodamos esa parte fue el de la ceremonia de los Goya del año pasado, de la que yo también estaba pendiente porque estábamos nominadas a mejor documental por No estás sola. No ganamos, pero fíjate cómo son las cosas que es como si supieran que me debían una y me la han devuelto con la nominación de este año (ríe).

Quizá antes de nada tenía que haber empezado preguntando qué hace una directora de producción.

–(Ríe) Esta es la pregunta que más me han hecho desde que se anunció la nominación y en general desde siempre. Curiosamente, me la han hecho hasta profesionales del sector... Creo que muchos no son conscientes de lo que hace un director de producción en el día a día. Lo habitual es que la directora o el director de producción sea la tercera persona que entra en un proyecto después de los productores y la directora o el director con un guión en una versión bastante avanzada y aceptada. En ese punto, mi trabajo es traducir ese guión en personas, cosas, tiempo y dinero. Eso exige tener una visión muy global del proyecto, pero, a la vez, una atención al detalle, porque el presupuesto no se puede contemplar en general, sino que hay que bajar a tierra cada concepto. Y también hay que ser creativa, porque hay que conversar con la directora o director, saber qué es lo que busca, por ejemplo, en los escenarios, imaginártelos y valorarlos económicamente, de manera que sea posible rodar en ellos o haya que buscar alternativas que encajen con su visión. También hay que estar en diálogo permanente con los distintos departamentos, armando equipos, estando a su disposición y escuchando qué les viene mejor o peor. Al final, soy la única persona que habla con todo el equipo.

La pieza que une todo.

–Sí, siento que hacer una película es como construir una empresa de cero, ponerla en funcionamiento un 100 o 150 durante unos seis meses para luego desarmarla. Así que, de alguna manera, este trabajo consiste en construir y en destruir todo el tiempo. Eso sí, la forma de construir tiene que ser muy sólida, decidiendo desde el proveedor del café hasta la última necesidad detectada. En ese proceso, yo también tengo que ser bisagra entre la directora y los distintos departamentos para que la primera consiga materializar su visión, y, a la vez, debo mirar el presupuesto de una manera flexible, tenerlo en la cabeza al 100% y poder decidir rápidamente.

Parece que tiene que funcionar de una manera muy germánica, por un lado, pero también muy creativa, con capacidad de pensar y ofrecer alternativas, por otro. ¿Cómo funciona su cabeza?

–(Ríe) Siento que mi cabeza funciona muy bien si voy siguiendo los pasos uno a uno. Primero, conocer bien el guión para poder construir un presupuesto sólido. Luego, la producción, adecuando el proyecto a la realidad y viendo si hay que meter más gente en algún departamento, abriendo un cajón mental de imprevistos... Creo que se trata de tener una doble visión: una larga, global, periférica, a largo plazo, y otra de detalle, del aquí y ahora, del día a día... Eso se consigue entrenando y, en mi caso, la experiencia que también he tenido en dirección, me ha ayudado en este paso en la ficción a ser más flexible y a no centrarme solo en bajar a tierra lo que en un inicio está en la nube, sino en dar espacio también a esa gente que está arriba creando.

Muchas veces tienen fama de ser las que dicen más no que sí...

–Lo sé, pero con el tiempo he aprendido a trabajar la dirección de producción desde un lugar de escucha, de comprensión. Es verdad que también hay que tener capacidad de decidir y de saber cuándo se ha alcanzado un límite, pero hay una fase del proyecto en que siento que soy psicóloga y madre. Tengo que ser capaz de ver si un departamento está cansado y quizá hace falta tener una conversación, o de detectar dónde se está produciendo una fuga de tiempo... Hay que generar un contexto cómodo para todas las personas porque van a estar dándolo todo durante el tiempo que trabajen en el proyecto.

¿Siempre se producen conflictos?

–Claro, y huir del conflicto no va conmigo. Puedes llegar a perder tiempo, dinero y personas y, para evitarlo, yo creo en ejercer el liderazgo desde la presencia, la escucha y el respeto y la sensibilidad hacia cada parte, pero también desde fijar límites cuando es necesario.

Hasta que entra y sale de un proyecto lo vive con muchísima intensidad.

–Totalmente. Soy una entregada absoluta y en mi entorno saben que cuando empiezo con un proyecto nuevo desaparezco por completo para todo lo demás. Es como les ha pasado a amigas mías que cuando han sido madres han desaparecido durante una temporada. Para mí, las películas en las que he trabajado son como mis hijas. En la preproducción puedes manejar un poco más el tiempo; en el rodaje, no, esa fase requiere toda la atención. Eso sí, cumplo el convenio, ¿eh? 

Hablemos de Alauda Ruiz de Azúa. Es una directora muy especial que aborda temas que normalmente no están en la agenda informativa, pero que consigue que tengan voz y repercusión. Ha colaborado con ella en ‘Querer’ y en ‘Los domingos’. ¿Cómo es trabajar con ella?

–Alauda es una valiente. Se mete sin dudar en los temas que le interesan. Y lo hace así porque sabe que va a dar espacio a cada una de las partes retratadas. Esa seguridad con la que parte se traslada a todo el proceso y para mí es maravillosa esa sensación de acompañar a una directora que tiene las cosas tan claras. Me pone en una tensión muy bonita para dar lo mejor de mí. Sé que por supuesto que en el proceso va a haber incertidumbres, pero también muchas certezas, y eso en producción se agradece muchísimo. Alauda me parece increíble como guionista y como directora. Es muy generosa ya desde la escritura porque te permite imaginar y comprender lo que va a necesitar cada departamento. Para mí la clave de su método está en que ella te explica qué quiere, cómo lo quiere, por qué lo quiere y, lo más importante, para qué lo quiere. Y así consigue que el equipo se esfuerce al 100% para conseguirlo. Ella misma se involucra al máximo cuando empieza una peli y hace que todos vayamos detrás.

“Cuando escuché mi nombre, al principio me asusté; en producción solemos ser invisibles y no estamos acostumbrados a que nos pongan en el foco”

Sus películas son muy de actrices y actores.

–En Querer, mi mayor descubrimiento fue saber lo importante que es para Alauda ensayar en las localizaciones reales con las actrices y los actores. Desde producción hay que dárselo en el presupuesto, y en Los domingos este período fue aun más importante porque es una película muy coral y había mucha gente joven que no tenía experiencia previa. Tomarnos ese tiempo fue fundamental para que luego el rodaje fuera más fluido.

¿Volverá a trabajar con ella?

–Bueno, ya me ha llamado y, aunque todavía es pronto para decir nada, en lo siguiente estaremos juntas.

En su carrera ha trabajado el documental y la ficción, ¿con qué se queda?

–Me gustaría tener un pie en cada uno. El documental siempre me ha tirado por aquello de tomar conciencia y pensar en qué puedo hacer para cambiar las cosas, y ojalá en la ficción pudiera llegar a un punto de elegir proyectos que también mueva a la gente a la reflexión y el cambio.