Alberto Cañada: "Con una sala de gestión autónoma en el centro de Pamplona podríamos hacer maravillas"

01.03.2021 | 19:34
Alberto Cañada, en la sala de proyecciones de la Filmoteca de Navarra.

El responsable de programación de la Filmoteca de Navarra habla de los primeros diez años de la entidad, que, consolidada y con 135.000 espectadores en su haber, afronta su segunda década con ganas de abrirse a toda Navarra

El 1 de marzo de 2011 se inauguraba oficialmente el edificio de la Biblioteca y la Filmoteca de Navarra. Entonces, esta última dependía del Instituto Navarro de las Artes y la Cinematografía (INAAC), que se disolvió en 2014. Entonces, la entidad se partió en dos y el área de difusión, a cargo de Alberto Cañada, depende de NICDO, y el Archivo Fílmico, de la Biblioteca de Navarra. Una situación extraña para estos profesionales que ocupan misma planta, la primera, en el inmueble de Mendebaldea.

10 años de Filmoteca, aunque creo que prefiere hablar de Cinemateca.

–Yo voy a hablar del área de programación, aunque para mí una filmoteca es todo, el apartado de difusión y el de archivo. Y sí me gusta más hablar de Cinemateca, porque es un término mucho más amplio que acoge lo que sería una filmoteca, donde se catalogan y se guardan las películas; una sonoteca, para los archivos sonoros relacionados con el hecho cinematográfico; una fototeca, para las fotos fijas; una hemeroteca, una biblioteca, para las publicaciones sobre cine... Y una sala de proyecciones, que suele ser la parte de difusión pública.

Una década para una persona es poco, pero para una entidad ya es una cifra importante, ¿en qué punto se encuentra ahora la Filmoteca en lo que a difusión se refiere?

–Diez años es poco y a la vez mucho tiempo. Si consideramos que el hecho cinematográfico nace a finales del siglo XIX, es un arte relativamente joven, y eso, comparado con la pintura o con la escultura, no es nada. Y fíjate que, pese a eso, las filmotecas nacieron pronto, ya en los años 30 se empezaban a constituir, aunque al principio no había conciencia de conservación y muchas copias se perdieron. Años más tarde sí que surgió con fuerza la necesidad de mostrar lo que la historia del cine había dado y se apostó fuerte por la difusión, una palabra que me gusta más que programación porque, por ejemplo, en esta área también hemos empezado a recuperar a nivel editorial la obra de cineastas navarros que no habían tenido ningún reconocimiento. Pero, volviendo a lo de los 10 años, los miro con satisfacción porque ya mucho antes de que abriera venía reivindicando la necesidad de que en Navarra existiera una filmoteca. Casi era la única comunidad que no tenía y me daba pena porque pasaban por mis manos películas que iban a desaparecer si no se creaba un sitio donde conservarlas.

En efecto, ese sitio existe y parece que bastante consolidado.

–Sí, es un proyecto que parece que no tiene en cuestión su continuidad porque no distrae demasiado presupuesto, socialmente está bien reconocida y hace una labor importante. Por parte del archivo porque conserva prácticamente toda la producción profesional navarra, pero sobre todo por su labor en todo lo referido al cine amateur. Y por parte de la sala de proyecciones, hay muchas cosas que se podrían hacer, pero podemos seguir la línea actual durante los próximos años sin problemas. De hecho, durante la pandemia, la asistencia del público ha demostrado que esta sala no era considerada un lugar de riesgo.

¿El público se ha mantenido fiel?

–Muy fiel. Cerramos en 13 de marzo del año pasado y, con la salvedad del Rooftop Cinema, no reiniciamos hasta el 1 de septiembre. Desde entonces no hemos tenido ninguna suspensión por mandato de las autoridades, hemos mantenido la programación ordinaria, con las reducciones de aforo y con una ocupación media del 90%. Teníamos un poco de miedo porque la media de edad de nuestros espectadores es alta y, por tanto, está en la zona de riesgo, y, de hecho, ha habido gente que ha dejado de venir. Pero, a la vez, ha empezado a venir gente nueva, con lo cual las bajas han sido cubiertas por unas altas extraordinarias. Incluso ha habido días en que se ha quedado gente fuera. Y para mí ha sido muy satisfactorio escuchar comentarios de personas que me dicen que aquí se sienten seguras.

Como dice, la media de edad del público es alta, ¿qué pasa con el público joven, es uno de los asuntos pendientes de la Filmoteca?

–Sí, y no sé cómo resolverla. El público de hasta 30 años no solo no viene a la Filmoteca, sino que tampoco va al cine en general. Se ha acostumbrado a ver el audiovisual en otros soportes y esa comodidad gana frente a tener que ir un día a una hora a un espacio fuera de su entorno. Y creo que esos hábitos se van a acentuar. Sin embargo, no me preocupa porque creo que este público un día irá a una sala de cine, verá la película en pantalla grande y se dará cuenta de que es una maravilla, y lo recuperaremos.

Es un optimista, por lo que veo.

–(Ríe) Bueno, sé que, entrando en el ámbito de la exhibición comercial, las distribuidoras están estrenando simultáneamente en salas y en plataformas o directamente solo en plataformas y llegará un momento en que no habrá muchas salas de cine. Pero las filmotecas continuarán porque se dedican a recuperar aquello que ha sido, y se quedarán como museos del cine. Por eso espero recuperar a ese público joven algún día y que vengan a ver películas en esta pantalla. Y luego hay un público más joven aun, infantil y adolescente, al que me interesaría acceder porque es con él con el se puede realizar una labor pedagógica interesante. Pero, bueno, ahora hacemos lo que podemos con los recursos que tenemos; si tuviéramos más, haríamos estas otras cosas de las que hablo.

Una de las principales cuestiones que se plantearon cuando se inauguró esta sala de proyecciones fue su ubicación. Mucha gente, Alberto Cañada incluido, siempre han defendido que debería estar en el centro de Pamplona. Aquí, en Mendebaldea, queda a desmano de muchas cosas, pero es que, además, está sometida a los horarios de la Biblioteca, de la que también se dijo que no estaba en el lugar adecuado. ¿Cómo está esa reivindicación ahora mismo?

–Pues es una reivindicación, casi clamor, que manifiesto yo, pero muchas veces solo soy el emisario, el correo que transmito las opiniones que recibo por parte de la gente que viene a la Filmoteca, y, sobre todo, de las personas que no vienen. El centro de la ciudad está mucho mejor comunicado y, además, poder disponer de una sala totalmente autónoma en su gestión repercutiría en la riqueza de la programación. Se harían muchas más actividades. ¿Por qué hacer tres sesiones a la semana si podemos hacer seis u ocho? Ganaríamos mucho.

¿Qué dicen desde Cultura?

–La idea yo ya la he transmitido y las personas que pueden tomar decisiones la conocen. Sé que hay gente que tiene sensibilidad que lo ha tenido en cuenta. Hay dos obstáculos principales. Uno es el económico, porque supondría hacer o adecuar un espacio, y el otro es precisamente dónde, en qué lugar. Tendría que ser una sala con más capacidad que la actual porque seguro que iría más gente. Y lo ideal sería que ese local dispusiera de una sala de exposiciones e incluso de aulas para hacer trabajo pedagógico. Ese sería el gran proyecto que haría si pudiera. Incluso le puse nombre: La Casa del Cine.

¿Qué relación tiene la Filmoteca de Navarra con el resto de filmotecas del Estado?

–No tenemos ningún acuerdo firmado, pero estoy en contacto prácticamente con todas. Este año tendremos el quinto encuentro de Filmotecas Ibéricas y yo he asistido a los otros cuatro, además de a otras citas. Conozco a todos los programadores y también a gente del archivo. No hay convenios especialmente para programar conjuntamente, pero si yo me entero de que hay un ciclo interesante, encantado de hablar con ellos y de recibir ese programa con los brazos abiertos. De hecho, durante estos diez años, en seis o siete ocasiones todos los años hemos organizado un ciclo con Donostia Kultura –Nosferatu– y con la Filmoteca Vasca. De hecho, hemos colaborado en la publicación del libro que acompaña a ese programa. Por ejemplo, en mayo tengo previsto hacer un ciclo sobre Berlanga, para lo que hablé con Filmoteca Española para el tema de las copias, les pedí unos títulos, me dijeron que de esos solo tenían uno y me derivaron a la Filmoteca de Valencia, que me van a proporcionar las copias que necesitamos. Las relaciones entre filmotecas son fluidas.

¿Conseguir las copias es su mayor dolor de cabeza?

–Sin duda. Siempre digo que hago el ciclo que puedo, no el que quiero. El problema a veces es la copia y otras los permisos y la autorización para proyectarla. Y más aquí, donde tenemos una preocupación, aunque casi diría que obsesión, por la calidad de las proyecciones. Todas se prueban primero y luego cada una es revisada minuciosamente para exhibirla en el formato adecuado, con los colores ajustados, calibrando el proyector si es necesario... El trabajo de preparación de los pases es extraordinario y para eso necesitamos las mejores copias posibles. Aquí no se admiten DVDs, primero por respeto al autor, porque merece que su trabajo se exhiba tal y como lo concibió, y luego por respeto al público, que merece verlo en las mejores condiciones posibles. Y creo que el espectador percibe ese mimo. Ahora mismo creo que somos la única sala de Pamplona que proyectamos en 35 milímetros.

También programan con otros colectivos desde el principio.

–Sí, empezando por la propia Biblioteca de Navarra. Este mes, por ejemplo, tenemos un ciclo de Cine contra el racismo que hacemos con el departamento de Políticas Migratorias. También programamos con el Colegio de Arquitectos, el Colegio de Abogados; el Ateneo...

Y a título particular, ¿quién puede proyectar en la Filmoteca?

–Una faceta de la programación tiene que ver con el cine hecho por navarros. Es la sección que se llama Filmoteca Navarra y tiene las puertas abiertas a todo aquel que, profesional o no, quiere proyectar aquí. Esta Filmoteca no es ni mía ni de la Biblioteca ni del Gobierno, es de los navarros. Hay que dar la oportunidad a la gente que está empezando, que igual no tiene un nombre todavía y no dispone de recursos para hacer una proyección comercial. Por eso suelo agrupar dos o tres cortos de realizadores noveles que, además, pueden venir y presentar su película en persona y hablar con el público. Y el hecho de haber proyectado en la Filmoteca de Navarra a muchos les ayuda como trampolín, como aval.

¿Cuáles son los ciclos que mejor han funcionado en estos años?

–Yo creo que la gente espera especialmente el ciclo Esencial. Es una programación que hasta ahora se ha dedicado a directores, de los que se proyectan 10 títulos. Cine imprescindible también gusta mucho, y este año, por cierto, las películas las han programado los espectadores. El programa de arquitectura, a pesar de ser bastante técnico, funciona muy bien, y lo mismo pasa con el de cine africano que hacemos con África Imprescindible. Y los clásicos, siempre.

Aparte de conseguir un espacio en Pamplona, ¿qué otros proyectos maneja para los siguientes diez años que comienzan ahora?

–Pues me encantaría que la Filmoteca saliera a Navarra. Me gustaría tener embajadores en Tafalla, Estella, Tudela, Sangüesa, Elizondo... con los que yo pudiera programar. Con los medios que hay ahora, que estoy yo solo, sería cargarme más cosas en la mochila, pero creo que con un poco de colaboración se podría hacer.