Amaral, antes su concierto en Navarra: "Es duro ver que estamos en una balanza donde el gran peso es lo económico"

El dúo aragonés presenta este sábado en Pamplona su último disco, 'Salto al color' (2019), que definen como "una oda a la alegría"

09.11.2021 | 22:07
El dúo de Amaral, formado por Juan Aguirre y Eva Amaral.

Se acabó la espera: Amaral actuará por fin este sábado en el Navarra Arena. Tras varios aplazamientos debido a la pandemia, el dúo aragonés recalará en el pabellón navarro con una cita que afrontan ilusionados: "Retomar estos conciertos nos acerca cada vez más a la antigua normalidad. Es muy emocionante y también un síntoma de que empezamos a recuperar nuestra vida", celebra Eva Amaral (Zaragoza, 1972) antes de esa actuación en Pamplona, donde ofrecerán un recital de dos horas y media en el que "habrá tiempo de todo".

El de Pamplona será uno de sus primeros conciertos que ofrecerán con público de pie, sin distancias de seguridad... Imagino que la emoción será enorme.
–Sí, es tremendo. Hemos hecho conciertos durante la pandemia, con muchísimas medidas de seguridad, y ya eran emocionantes, pero de esta manera es algo más. Además, parecía que ya ni te acordabas de que era eso... Es súper emocionante, hay momentos que cuando estoy en el concierto tengo que hacer un esfuerzo de concentración para no echarme llorar de alegría.

La pandemia les pilló con su último disco, Salto al color, recién publicado y una gira con de presentación por delante€ ¿Tocó hacer cierto ejercicio como banda y darle la vuelta a estos cambios obligados?
–Sí, la verdad que fue un shock y hubo que adaptarse. Cada uno en su vida hemos tenido que hacer un ejercicio de aguantar la frustración, es lo que exigía la situación. Esta gira se presentaba además como un espectáculo más ambicioso, pero no doy el año por perdido porque por el camino hemos aprendimos muchas cosas.

¿Cómo qué?
–Que al tener al público de pie o sentado, con mascarillas o sin ellas, la energía se transmite de manera especial. Esto es más místico de lo que pensábamos (risas). Era una emoción que llegaba... La pandemia no ha dejado a la gente sin ganas de celebrar, de vivir y de poner en común algo, porque hemos pasado todos juntos algo muy fuerte –que todavía estamos pasando– y lo que nos salva del abismo es precisamente haber podido estar juntos en ello y compartirlo. Hemos sido conscientes de que madre mía, ha sido para habernos matado.

De cara a este octavo disco y al hilo del título, apuestan por un Salto al color. ¿Tras la oscuridad de su anterior trabajo, Nocturnal (2015), era el momento de acercarse a la luz?
–Fue algo natural, después de ese periodo más introspectivo que fue Nocturnal, vino la luz con Salto al color y salieron estas canciones que reflejan no sé si una sensación más optimista, porque hay alguna que tiene puntos de melancolía y de visión apocalíptica del mundo, que ahora...

...que son visionarias, aunque se escribieron antes de la pandemia.
–(Risas). Es un puntito no sé si llamarlo postnuclear... Igual también por estar influenciados desde chavalillos por la generación beat hay ese poso tremendista y al final se termina cumpliendo la profecía... Pero aparte de eso, que son pinceladas que están de manera natural en nuestro ADN como escritores, este disco era más optimista y reflejaba unas ganas de vivir, de ver luz y colores, también era una forma de hablar de la sociedad, de la unión... Y de que todos los seres humanos tenemos en común más de que lo imaginamos. Este disco es una oda a la alegría, queríamos hablar de las cosas que nos animaban a seguir vivos, como por ejemplo, la música.

Eso sí, dentro de este optimismo, también hay lugar para la nostalgia y el adiós con el tema Nuestro Tiempo, donde recogen frases como "hay un tiempo para olvidar todo lo que pudo ser y nunca será". Ya lo dice Sabina en Peces de ciudad, ¿al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver?
–Sí, hay un momento en el que para volver a construirte tienes que olvidar lo que fuiste y lo que has deseado y no has conseguido. Creo que para seguir adelante hay que aprender a frustrarse, ver lo que hay en el futuro y aprender a vivir en el presente.

Siguiendo con esos temas nuevos, en Juguetes rotos critican que vivimos en un mundo gobernado por psicópatas, donde criminales comandan ejércitos, también presiden gobiernos€ Pero, ¿realmente sólo queda ser esos juguetes rotos y no hay manera de arreglar esto?
–Cuando escribí esa canción, muy optimista no me encontraba (risas). Me resulta duro ver que muchas veces estamos en manos de grandes corporaciones y de gente que busca sus intereses económicos en una balanza donde el gran peso es siempre lo económico. Y ante la defensa de algo, siempre hay que poner lo económico porque si no, parece que no es suficientemente defendible por sí mismo. Eso me produce bastante angustia y me parece preocupante... Pero también pienso que si dos juguetes rotos se juntan con los de al lado, y con los otros, con los otros... al final entre todos podemos hacer que cambien las cosas. Quiero pensar eso, ha habido momentos en la historia que hay esa tensión de ir hacia atrás y ahora simplemente tenemos que intentar tirar entre todos. Somos muchísimos más los que queremos que las cosas vayan hacia delante que los que se agarran a su corralito.

De hecho, el otro día, en una entrevista Paco Ibáñez animaba a volver a cantar "no pasarán", si bien lamentaba que ya han pasado...
–Es que no nos queda otra... Hacia atrás, ni para coger impulso. Hay que ir hacia delante.

Y ahí está su tema La ratonera, publicado en 2015, muy crítico con la política del momento y cuyo mensaje a día de hoy sigue muy vigente.
–Sí... De hecho, Juguetes Rotos está escrito en 2008, un año que fue un shock para todos y musicalmente no le dimos forma hasta este disco, pero desgraciadamente sigue vigente.

Hablando de este disco, son muchos los que lo catalogaron como el "menos Amaral" pero da la sensación de que a lo largo de su trayectoria, nunca han pensado en ser Amaral sino que han hecho siempre lo que le ha venido en gana, sin ponerse límites musicales€
–Pues sí, nuestra intención ha sido no ponernos límites nunca. Y es curioso porque cuando la gente habla de ser Amaral... me gustaría saber qué es (risas). Cuando me dicen que hay un grupo que nos imita, pongo atención para ver si capto qué nos caracteriza... Bueno, Juan tiene una manera muy característica de tocar la guitarra, también está nuestra manera de hacer las canciones, que es la que es... Pero sí que nos gusta transitar por distintos sonidos y sonoridades y probar cosas de manera natural.

Pero algo que tendrán las canciones de Amaral, que consiguen que suene Marta, Sebas, Guille y los demás y dé igual lugar y hora, que todo el mundo se abraza y lanza a cantar...
–(Risas). Yo estoy alucinada. En los conciertos hay gente de variada edad y con las canciones de nuestros primeros discos, ves a muchas generaciones cantando... Es maravilloso, una cosa que nunca hubiese imaginado.

O pensar que Cuando suba la marea iba a ser la banda sonora de uno de los momentos más emotivos de La Casa de Papel
–Bueno, es que no se me ocurren imágenes mejores para la canción (risas). Es una pasada, nos hizo mucha ilusión cuando se pusieron en contacto y fue increíble, ha hecho que gente de todo el mundo conozca la canción.

Son hitos que, junto a las giras y discos realizados hasta hoy, cuando empezaban su trayectoria allá por 1998 no imaginarían, ¿no?
–Ha pasado todo tan rápido que ni te das cuentas de que estás aquí, en este momento, en este escenario... Es curioso cómo pasa el tiempo y se pasa volando, y de repente te planteas que llevas... ¿Cuántos discos llevamos?

El octavo ya.
–Eso, ocho (risas). Y todos estos años girando, que es una de las cosas que más nos gusta es poder subirnos a los escenarios y llevar nuestras locuras artísticas, con nuestros amigos de la banda, seguir haciendo planteamientos escénicos... Es una pasada que llevamos tanto tiempo haciéndolo.

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