Ballet

Falla entre estampas flamencas

02.02.2022 | 00:17

Compañía Antonio Gades

Elenco: Orquesta Sinfónica de Navarra. Con Esmeralda Manzanas, Alvaro Madrid, Juan Pedro Delgado, Stella Arauzo, al frente del reparto de baiel. Sala Salado, cantaora. Alfredo Tejada al frente de los cantaores. Antonio Solera y Basilio García, guitarras. Dirección artística: Stella Arauzo. Dirección musical: José Mª Moreno. Programa: Fuego. Programación: Ciclo del Baluarte.. Lugar: Sala principal. Fecha: 21 de enero de 2022l. Público: Sala principal. Lugar: Lleno (16, 24, 34 euros, con rebajas para jóvenes).

La compañía Antonio Gades sigue manteniendo la llama del maestro: Fuego llaman al espectáculo. Está presente el estilo ceñido de cuerpo y expansivo de brazos de Gades. Sus pasos reconocibles de las cabalgadas con la mujer a la grupa del caballo; su baile lento y silencioso, -apenas un leve arrastre de zapato-, su plante radical, su zapateado justo; sus movimientos de grupo, ceñido también como una granada, –(en las dos acepciones)–, que explota en extravertidas bulerías, sevillanas o aires de copla, bailadas con el gracejo de lo popular, pero, también, con la simetría, si hace falta, de lo coreútico. También, la importancia de lo coral –voz– en la representación, que va desde el villancico, hasta ese matiz reivindicativo que, en Gades, siempre fue importante. Esta muy logrado el recitativo arioso, del comienzo, donde no falta el sentido del humor, –(un delicado y chispeante rap, diría hoy alguien)–. Y está la disciplina. La insobornable disciplina que contrasta con la libertad individual del flamenco, y que alcanza virtuosismo en la demostración de palmas que, esta compañía, siempre da de propina. Si, el espíritu de Gades pervive. Ha quedado filmado por Saura. Y los que le seguimos y le vimos en directo en varias ocasiones, sentimos, en cierto grado su presencia. Otra cosa es cómo ha pervivido este Amor Brujo. Desde luego la famosísima Danza del Fuego sigue manteniendo toda la fuerza de la música; está a la altura de la sublime partitura; con sus manos como llamas, su envolvente calentura, su purificación. También los tramos más líricos de amor, lentos y sensuales, más bien austeros de movimientos, pero con sentimiento. El resto de la música de Falla, queda, desde el punto de vista coreográfico, más en segundo plano, a favor de la gitanería. Ciertamente entreverar a Falla entre la "trouppe" de gitanos que, repetidamente salen a escena, lenta y nómadamente, está muy bien traído, porque la obra fue, en principio una gitanería musical dedicada a la célebre bailaora Pastoria Imperio. Del grupo surge una excelente cantaora –fundamental Sara Salado– con la voz apropiada: recia y dramática. También el cantaor Alfredo Tejada se luce con unos melismas, en sólido falsete bien combinado con la voz natural, espectaculares, que alargan el quejío. Las guitarras de Solera y García, sobresalen bien y no desmerece su entrada en escena, cuando se calla la orquesta. Aún así, la cuestión estrictamente musical, no escapa a cierto desorden, –esto, quizás, para los que gustamos de los conciertos clásicos–: y es que contar con la orquesta en el foso, es un verdadero lujo, y parace un poco desperdiciada, al fragmentarse tanto la partitura que, hoy día, se interpreta; aunque ya sabemos que hubo muchos retoques a la idea original. La orquesta, bien concertada por Moreno a favor de la escena, además de marcarse una excelente danza del fuego, hace de hilván de la trama con la fanfarria del comienzo. Esmeralda Manzanas, hace un baile más bien sobrio, frágil, cuando quiere, y convencido al final. Alvaro Madrid, defiende bien el estilo. El espectro J. P. Delgado, se impone, con su altura, aunque está un poco monótono con los brazos en alto. Y la hechicera Stelle Arauzo, tiene una indiscutible autoridad, sólo con su presencia. En resumen, nada que objetar a las esencias del maestro Gades, pero, quizás, hay que añadir algo más de coreografía en la música de Falla. El público aplaudió a rabiar. Y un último apunte: el 5 de febrero nuestro dramaturgo Víctor Iriarte, estrena en Logroño una recreación de la relación entre María de la O Lejárraga –verdadera escritora del tema del Amor Brujo–, y Falla.

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