PREGUNTA: Con este libro pone a Pamplona en el centro de la caza de brujas que se llevó a cabo en Navarra, dando detalles que el público general desconoce.
RESPUESTA: Sí, tenía el objetivo de poner a Pamplona en el centro. Porque cuando buceé en el Archivo General, en los procesos judiciales que se dieron en esa caza de brujas, me di cuenta de que todo se centralizaba en Pamplona, que es lo común en este periodo histórico. Veía que a las mujeres que acusaban de brujería las traían de los pueblos aquí, las castigaban aquí y recorrían calles de este casco antiguo. Este libro nace de la necesidad de visibilizar esa parte que incluso para mí era súper desconocida.
P: Revela detalles sobre cómo se ejercía la justicia en aquel momento en la capital navarra que horrorizan.
R: Sí, a través de elementos como la picota o el garrote, que estaba en la Plaza de la Fruta, actual plaza del Ayuntamiento. La picota estaba en Mercaderes, donde El Mentidero, que por eso tiene ese nombre. El mentidero es una zona de la ciudad donde confluyen varias calles, y es un lugar donde la gente se juntaba, quedaba o se paraba a contar los chismes, los rumores, de ahí, el nombre, el mentidero. Esos elementos, la picota, el garrote, se colocaban en las zonas de mayor afluencia de la ciudad.
P: Hablamos del siglo XVI.
R: Sí, la caza de brujas histórica se dio en el siglo XVI. Antes también había habido persecuciones de ese calibre, y muertes que a veces se pasan por alto, pero aquí la caza de brujas empieza oficialmente en el 1525, luego toca techo en Zugarramurdi y baja, hasta 1675, pero los procesos que se dan en el siglo XVII son diferentes, como que pierden fuerza, se va desdibujando un poco esa cosa de la brujería diabólica.
P: ¿A cuántas personas se castigó aquí por brujería?
R: Más de 100 personas fueron encausadas, más del 80% mujeres. Es una cantidad bastante considerable para la época. Y el castigo más aplicado era la pena del destierro, cuya duración la determinaban dependiendo de la gravedad que consideraban. Y luego la quema en la hoguera, claro. Los datos son un poco difusos, se calcula que en total fueron quemadas en Navarra por brujería unas 50-60 personas, y en la Taconera, dos. Pero el destierro también era como una condena a muerte, era un castigo muy cruel. Y tampoco se cuentan muchas veces las mujeres que mueren en las cárceles; y las que quedan por los pueblos... A veces parece que, como no manejamos las mismas cifras que en el resto de Europa, que eran muy voluminosas, no fue un fenómeno tan importante, cuando realmente sí que lo fue. No calibremos la gravedad del asunto según las cifras de muertes. Ahí tampoco se cuentan las torturas...
P: Y está también el impacto que tenían esas torturas y esas procesiones infamantes en el resto de la población. Esos castigos “ejemplarizantes”.
R: Eso es. Por eso me parece reduccionista mirar tanto a las cifras.
P: En la actual plaza del Consejo estaba la Audiencia y cárcel, ¿no?
R: Los tribunales y las cárceles se extendían desde la plaza del Consejo a lo largo de la plaza San Francisco, sí. Era un edificio bastante bastante voluminoso, ocupaba casi toda la plaza San Francisco. Se crea en ese momento porque la forma de ejercer la justicia también cambia entonces, surge la institución carcelaria, antes había calabozos pero no un edificio de referencia ocupando un lugar tan poderoso. Y de esa audiencia territorial y cárcel ubicada en la plaza del Consejo salía la procesión infamante. La vergüenza pública.
P: ¿Qué recorrido hacía?
R: Iba por Zapatería, Pozoblanco, cruzaba la plaza del Castillo de lado a lado, hasta la mitad de la Estafeta. Bajaba por ahí hasta el Mentidero, la plaza de la Fruta, y dependiendo del tipo de pena se terminaba en un sitio u otro. Si habían dicho que iba a morir en el garrote, pues se paraba ahí, en la actual plaza consistorial. O en el caso de María Juana de Anocíbar y de Miguel de Zubiri, la alargaban hasta la Taconera.
“Se hacía el anuncio de la procesión infamante y los pamploneses acudían como a una corrida de toros o a la procesión del Corpus”
P: Y ahí les quemaban.
R: Sí, ahí encendieron esas dos piras.No era lo más común que se diera aquí, era excepcional, pero, sí, ellos murieron así, les dieron garrote y quemaron sus cuerpos. Los redujeron a cenizas para que no quedase nada.
P: Tal y como describe en el libro, esa procesión era muy multitudinaria, ¿la gente acudía como quien iba a ver un espectáculo?
R: Sí, claro. Se solía hacer el anuncio y los pamploneses acudían, pues como a las corridas de toros o como a la procesión del Corpus. Era una cosa que estaba totalmente normalizada, y la gente debía de acudir porque si no se acudía muchas veces podía ser objeto de sospecha, eso podía traer problemas, así que ya solo por eso, iban. Y no es solo que fueran, sino que se entregaban totalmente al espectáculo. Cuando sacaban a una mujer acusada por brujería montada en una mula para que se le viera, le obligaban a que pidiera perdón a la población. Y ahí la gente lanzaba abucheos, insultos, ahí salía la violencia del pueblo. Era el ensañamiento de una comunidad entera, de la capital. Pamplona era lo más multitudinario a nivel de habitantes, y era una violencia extrema, era reducir a una persona psicológicamente, físicamente, en todos los sentidos... un machaque bastante heavy. Piensa en las corridas de toros, en lo que pasa dentro de la plaza, si eso lo trasladas a este formato... Es muy fuerte, y también que estuviera tan normalizado.
P: En el siglo XV, como dice en el libro, a la mujer se le consideraba un ser malo y débil. La misoginia está en la base de la caza de brujas.
R: Sí, eso viene de mucho más atrás. La misoginia medieval se transforma en la edad moderna. Pero históricamente a la mujer siempre se le ha considerado un ser más débil, por naturaleza. Somos nosotras las que cogemos la manzana en el Jardín del Edén, cargamos con ese peso del pecado original. Siempre se nos ha vinculado con esa maldad, con ese retorcimiento. Así que en el siglo XVI la misoginia estaba muy metida en la sociedad, aunque cambió de forma. En ese momento, la idea de la vejez femenina era especialmente dura, se veía a la mujer como un cuerpo contaminado, caduco, incluso diabólico. Es que dentro de la caza de brujas se juntan muchos componentes, y por eso también es efectiva, entre comillas, y funciona. Porque se asienta sobre conceptos y cuestiones que están muy arraigadas en el imaginario.
P: Además de la misoginia, está el clasismo; y el machismo, el patriarcado atravesándolo todo.
R: Sí, también está en la base. Justo en este momento histórico, en que Navarra ha sido recién conquistada y eso le da el pistoletazo para que se asiente aquí el estado moderno, la sociedad cambia de arriba abajo. Y también se dan cambios en lo que respecta al modelo de feminidad. La mujer es expulsada del ámbito público y es relegada al ámbito doméstico, y su acción principal es ser madre, cuidar a los hijos. Bueno, estar alrededor del marido. Y quien se sale de este modelo nuevo de feminidad es duramente castigada. Entonces, dentro de este movimiento, de la era confesional que venía desde Europa, donde la población es duramente disciplinada, la caza de brujas es otra herramienta en este sentido, el gran montaje patriarcal para disciplinar a la mujer, disciplinar su cuerpo y poder ejercer el control total sobre la población.
“En el siglo XVI la idea de la vejez femenina era muy dura, se veía a la mujer como un cuerpo contaminado, caduco, incluso diabólico”
P: Especialmente peligrosas se veía a las mujeres que vivían en la montaña.
R: Sí, la caza de brujas en sí es un fenómeno que se da en los Pirineos. Eso es también muy llamativo y puede tener varias lecturas. Yo he planteado una en el libro, la de este concepto de Silvia Federici de las mujeres salvajes, dentro de que las traían aquí y se moldeaba ese ideal femenino y luego se exhibía ante la el resto de españolas, por así decirlo. Pero luego hay otro tipo de cuestiones. Muchas de esas mujeres eran viudas. Porque para las mujeres navarras, la viudedad era el momento de sus vidas en el que más libertad tenían. Y eso no estaba muy bien encajado en la sociedad. De repente convertirse en la etxekoandre de la casa y tener poder sobre el patrimonio. Ya no estaban bajo la autoridad masculina, y se consideraban muy peligrosas, eso preocupaba mucho. Entonces, muchas de las que fueron procesadas por brujería son viudas. Y en las acusaciones se ve cómo se utiliza el tema de la brujería como una herramienta dentro de la casa para quitarse a esas mujeres de en medio y poder coger el patrimonio de los hijos o los descendientes.
P: Se les generaba una mala fama que se volvía muy poderosa...
R: Sí, esa fama se iba gestando desde los rumores vecinales.
P: En el libro ha querido dar protagonismo a siete víctimas de esa caza de brujas, porque, como suele ocurrir en la Historia, no contamos con el punto de vista de de las víctimas.
R: Sí, eso es algo que puntualiza y muy bien Silvia Federici en Calibán y la bruja; la fuente principal que tenemos de este episodio histórico de la caza de brujas es el proceso judicial, que está escrito por quien está escrito, ¿no? Por los fiscales, o sea, por quienes construyeron ese ideal, especialmente en las cámaras de torturas. Y no tenemos la voz de las víctimas. Podemos ver igual entre las líneas de algunos de los procesos cierto tono de su voz, podemos ver la confusión ante el hecho de que les obliguen a confesar cosas que ni ellas conocían hasta ese momento, como que estaban difamadas por brujas en su pueblo.
P: Especialmente llamativo es el caso de Joana de Azparren.
R: Mira, ese caso es fuerte porque de los que trato en el libro es el único que no tiene sentencia. Y eso es muy significativo. Porque en sí hay una difamación en su contra, que claramente parte de envidias vecinales y de resistencias. Pero como ella lleva a testificar a un puñado de personas que lo desmienten, se le levanta la acusación. Es un caso muy revelador porque deja ver esas dinámicas, se ve que hay todo un relato ahí inventado, que si era la bruja de Larrartea, que si había estado en una torre y se había escapado volando..., que no puede volver a su pueblo porque está difamada de bruja, que nadie la quiere. Y de repente un puñado de personas de su pueblo van a testificar y dicen todo lo contrario. La mentira cae por su propio peso.
“Hemos romantizado el tema de las brujas, al sistema le conviene; es momento de repensar y revertir discursos y celebraciones”
P: También aborda el caso de Lucas de Ayerbe, cuya quema se sigue celebrando hoy en Burlada, para invitar a modificar los discursos y crear una memoria real y respetuosa en torno a estas víctimas.
R: Sí. Es que al final el tema de las brujas lo hemos romantizado.
P: Al sistema le conviene eso.
R: Claro, le conviene mucho, y también de este tema nos atrae esa parte morbosa... Pero esa parte morbosa es la que vuelve a repetir una y otra vez ese discurso del perseguidor, por eso tenemos tan calada en nuestro inconsciente colectivo esta idea de la bruja que surge en ese momento y que está muy lejos de ser lo que en origen era, hace muchísimos siglos, cuando ni siquiera la encarnaba una persona humana. Después de construir todos estos relatos, abro en el libro un espacio a la crítica constructiva, a repensar los discursos y a repensar qué legitimamos con lo que celebramos desde lo que se considera tradición. Y para eso el caso de Lucas de Ayerbe es muy significativo, y es fuerte porque en la historia real a Lucas no le castigaron. O sea, lo castigaron en el pueblo, pero un poco gratuitamente. Y que ahora se celebre así, incluso utilizando insultos que se han sacado del proceso... Es espeluznante y se banaliza mucho la Historia.
P: Ser o no ser bruja era una cuestión de conducta, ¿no?
R: Así era. Al final, analizando los perfiles de de todas ellas, no es que haya distintos tipos de brujas, como he oído en otros discursos, sino que hay distintos perfiles de mujeres a las que acusan de brujas porque de alguna manera rompen con el orden de la comunidad o infunden miedo porque se salen de las directrices. Entonces, desde ahí se plantea que es una cuestión conductual. Y de disciplinamiento. En los casos elegidos para el libro se puede ver una y otra vez esa tendencia, que, bueno, se sigue dando hoy de otras maneras. Porque seguimos teniendo un sistema de desigualdades. Y también punitivo, y eso afecta a muchos ámbitos de nuestra cotidianidad. Sigue habiendo control social, y esta cosa de que lo pague, ¿no? Y el sistema patriarcal sigue aquí, claro.
P: ¿Qué le gustaría conseguir con el libro?
R: Me gustaría que ayude a repensar esta cuestión de la caza de brujas en Navarra, que se entienda por qué se ha puesto Pamplona en el centro. Que se entienda que quienes fueron juzgadas y castigadas, torturadas y quemadas, eran personas como nosotras que tenían problemas y disputas no muy diferentes. Y, con toda esta información, me gustaría que la gente se parase a pensar cómo podemos revertir esos discursos hoy y tomar conciencia de que esos elementos de castigo que tienen ese sesgo de género se han reproducido a lo largo de la línea de la Historia. Como en el franquismo, hace ni cien años. Y que suene también como advertencia, en ese sentido. No desde lo diabólico, sino desde lo más profundo de la cuestión. Si el libro logra eso sería mi mayor triunfo.
TÍTULO: La caza de brujas en Pamplona. Sala del tormento, procesión infamante y hoguera
AUTORA: Leire San Martín Marcos (Pamplona, 1995). Historiadora, trabaja en el Archivo Contemporáneo de Navarra. Forma parte de la campaña internacional por la memoria de mujeres perseguidas por brujería
EDITORIAL: Katakrak
PRÓLOGO: Silvia Federici
PÁGINAS: 242
PRECIO: 20 euros