La ópera emergió en Florencia (Italia), a finales del siglo XVI, con el objetivo de revivir la tragedia griega clásica. Y, de alguna manera, ese ejercicio artístico es el que se propone cinco siglos después en un momento social marcado por la crispación y la opresión, para demostrar que el arte es una forma de libertad frente a la tiranía del individualismo y la violencia. Y, quizás también, frente a la falta de sensibilidad. De esta forma, Tosca, ópera que se estrenará como quinta propuesta de la temporada principal 25-26 de Fundación Baluarte, vuelve a situar sobre el escenario la eterna lucha entre poder, deseo y resistencia moral. La producción, firmada por el director de escena Mario Pontiggia, llega a Iruña con un enfoque clásico y monumental, fiel al espíritu original de la obra de Giacomo Puccini, y se representará los días 30 de enero a las 19.30 horas y 1 de febrero de 2026 a las 18.30 horas en el Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra Baluarte, en colaboración con AGAO – Asociación Gayarre Amigos de la Ópera.
Se trata de una producción original de la Fundación Teatro Massimo di Palermo, considerada una de las propuestas escénicas más sólidas del repertorio italiano contemporáneo. La escenografía, concebida como una auténtica caja de resonancia, proyecta al espectador a una Roma papal de 1.800 dominada por el simbolismo del poder: desde la cúpula de Sant’Andrea della Valle que abre el primer acto, hasta los espacios imponentes del Palazzo Farnese –al lado, se situará una cámara de tortura con el objetivo de generar contrastes– y la terraza del Castel Sant’Angelo, donde se consuma la tragedia y se interpreta la represión de la libertad. “Tosca es una obra con un mecanismo teatral impecable, como si fuera una película de Hitchcock, con un compendio de gente que sorprende y que conjuga a la perfección con una obra que funciona por sí sola”, explicó ayer Pontiggia.
“Que el arte nos ayude”
En la pieza, Floria Tosca trata de salvar a su amante, el pintor Mario Cavaradossi, de la persecución del jefe de policía Scarpia, quien busca a un prisionero fugado. A pesar de que es una historia que fue compuesta a finales del siglo XIX, en un contexto en el que, como señaló Iván López Reynoso, director musical, Italia necesitaba “un estandarte musical operístico” que atrajera a todo el mundo. En ese entonces, no fue sencillo –de hecho, el compositor tuvo muchos detractores–, pero consiguió innovar y marcar un hito en el género al elaborar un tercer acto con un lenguaje más cinematográfico; es decir, en el que la acción dramática tuviera más peso porque la parte instrumental coge presencia escénica. Esa innovación también acercó a la gente y, ahora, en el siglo XXI, esta nueva versión –que respeta la partitura y la composición original– persigue el mismo objetivo. Así, esta arte deja de convertirse en un “lujo” para ser, más bien, una aliada con la que poder luchar contra la opresión social y la ausencia de sensibilidad. Dicho de otra manera, “que el arte nos ayude”, concluyó Pontiggia.
Contra la “anestesia de la modernidad”
Pero para que eso sea posible, hace falta mucha “verdad”. Como la pasión con la que trabajan la música, el atrezzo y la actuación. “Para mí, Tosca no es solo música, sino un teatro y una forma de expresión con voz, alma y cuerpo. Mi relación con el personaje es muy íntima porque me interpela mucho. Yo haría todo lo que hiciera falta por amor”, confesó Vanessa Goikoetxea, soprano que interpreta a Floria Tosca. Por otro lado, esa verdad –o realidad– también se vive a través de la música con la que se actúa –se pone el alma sobre el escenario– y con la que, como dijo Arturo Chacón-Cruz, tenor en el papel de Mario Caravadossi, “somos humanos y nos hace recordar que estamos vivos durante un instante”. Y, como se trata de una historia de pasión, pero también de la dicotomía entre opresión y libertad, consigue que la lectura para el espectador tenga tintes éticos que se trasladan hasta la actualidad, en un mundo donde predomina la crispación, la violencia y la crítica. “Debemos ser héroes y salir a la calle para defendernos a nosotros mismos. Tenemos que luchar contra la anestesia de la modernidad porque el mundo nos hace sentir menos”, añadió el tenor.
Renacer como sociedad
Y así como surgió la ópera para un nuevo renacer de Grecia, con cada representación, la vida de Tosca vuelve a comenzar. “Tenemos que hacer que el mundo de la cultura y el arte consoliden un renacimiento constante. Y que, con ello, recapacitemos de lo que es la cultura y el mundo”, reflexionó Carlos Álvarez, barítono que interpreta a Barón Scarpia. De esta forma, al contrario de lo que muchos creen, el objetivo es que todo cuanto sucede en el escenario no se repita en la vida real, pero sí sirva como un instrumento para reflejar el comportamiento de la sociedad y aquellas herramientas que sirvan para llegar a un estado de serenidad. En definitiva, “que, ante este momento de crispación, asistir a un espectáculo no solo sea para pasar el tiempo y vivir una experiencia estética o sensitiva, sino que analicemos la situación actual de la sociedad para cambiar las cosas y empezar –renacer– cada día y podamos sentirnos vivos”, concluyó.