“Escribir una novela histórica sobre Roma es como viajar en una máquina del tiempo y ver pasar a sus grandes personajes”
De forma discreta pero irrebatible este escritor navarro se ha convertido en un referente de la novela histórica. Ahora cierra trilogía con ‘Enemigos de Roma’ y apunta con ilusión al futuro
Juan Torres (Pamplona, 1973) desprende pasión por Roma. Combina su trabajo como escritor con la dirección del área de Derecho Público en ARPA Abogados Consultores. Este pamplonés acaba de publicar su nueva novela, un volumen de 840 páginas ya en librerías, sobre el inicio de la descomposición de la República de Roma. Con este libro el autor completa una trilogía con La Esfera de los Libros y cierra un ciclo en su trayectoria literaria. Torres ha fichado por Istoría, el nuevo sello de Planeta dedicado a la novela histórica.
Culmina una saga convertido en un autor referente en novela histórica. ¿Cómo está siendo este trayecto?
–Con una ilusión terrible. Empecé en 2017 con la idea en la cabeza de novelar toda esta historia en tres novelas. Supe en cada momento, no me diga por qué, cuál iba a ser la extensión de cada una de las tres. Era consciente del camino que tenía por delante, de esfuerzo y de trabajo, pero también de ilusión. De muchas ganas por novelar todo este momento de la historia de Roma, en el siglo II antes de Cristo.
Ahora corona ese empeño.
–Y es un orgullo enorme, encima viendo que las cosas van medianamente bien y que gusta, y que está a nivel nacional, que me escriben desde el extranjero para preguntarme cuándo va a llegar a Perú o a México. Es una ilusión maravillosa y una satisfacción gigante.
Previamente a esta trilogía había publicado, ‘Pompelo: El sueño de Abisunhar’, en 2014.
–Una novela histórica de la fundación de Pamplona, ese fue mi primer libro. Esto alcanza otra dimensión en cuanto al trabajo y en cuanto a novela. Lo de ahora es una historia de Roma en letras mayúsculas.
Desde una vocación que ha dado un salto narrativo. ¿Qué confluyó para ello?
–Una pasión desde pequeño. Con 11 años fui a Roma con mis padres y mis hermanos. En el autobús pasamos por lugares de batallas históricas contra los cartagineses y yo, que era un crío, ya era capaz de identificar el lago Trasimeno como enclave de una gran batalla.
Fascinación casi de nacimiento...
–Me encanta la historia, y han sido muchos años de leer mucha novela histórica del mundo antiguo, romano, griego o persa mientras he desarrollado mi profesión jurídica. Para mí escribir una novela histórica es saltar a una máquina del tiempo, ir a la antigua Roma y ver pasar delante de mí a los grandes personajes de la época, los Escipiones, los Fabios, los Claudios, las grandes familias romanas que caminan por el Foro delante de mis ojos. Yo entro en el Senado de Roma, voy al Foro, escucho los discursos, sobrevuelo las batallas... es mi máquina del tiempo. Ese venenillo una vez entra...
Lo comparte con sus lectores.
–Escribir una novela histórica requiere una fase de documentación muy grande. Una novela son miles de horas, y casi la mitad es documentación e investigación, porque sin eso no no hay creatividad. Primero llega el trabajo y luego la creatividad.
Fue premio Ciudad de Cartagena 2023, conectó con una comunidad de lectores y empezó a sonar más.
–Cuanto más escribes si vas gustando más te esperan. Desde hace un año muchos lectores me han escrito preguntándome cuándo venía la próxima novela. Y el haber ganado ese premio también me ha ayudado muchísimo en la promoción personal, en la de mis libros y en mi amplitud como escritor. Llegas mucho más lejos.
¿Qué nos cuenta de ‘Enemigos de Roma’?
–Me he divertido muchísimo escribiendo esta novela. Estamos en época republicana, y a diferencia de la de los emperadores, había instituciones políticas como el Senado, muy parecida a nuestro Congreso. Estaba constituido por las grandes familias aristocráticas, era un círculo cerrado. Todas ellas tenían que luchar permanentemente por el favor del pueblo, por el poder. Eso hacía que se generasen unas tramas familiares y políticas y unas intrigas apasionantes. Me divierto mucho con los personajes porque acaban llegando a situaciones muy extremas pero muy divertidas desde el punto de vista del lector.
“Escribir una novela histórica requiere miles de horas, casi la mitad de documentación e investigación, porque sin eso no hay creatividad”
Pero el Congreso no está formado por familias aristocráticas. ¿En qué sentido encuentra el paralelismo?
–En el debate político. Esas familias se agrupaban, no existía el concepto de partido, pero sí intereses y enfrentamientos, desde ideas distintas de lo que tenía que ser Roma o por simples luchas por el poder. En la República el pueblo votaba para elegir a los magistrados, que eran cargos políticos, no jurídicos. En Roma había una carrera política. Primero, los más jóvenes tenían que ser cuestores, que se encargaban de las finanzas del Senado o de las provincias. Luego ediles, un poco como nuestros alcaldes actuales. Después pretores, que administraban la justicia o gobernaban una provincia. Y la cumbre era ser cónsul, por decirlo de alguna manera el presidente del Gobierno, el poder ejecutivo de la República.
Una estructura muy definida.
–Pero para acceder a esos cargos el pueblo votaba entre ese grupo de familias senatoriales.
Y llegaban las disputas.
–La lucha por el voto era brutal. Los magistrados tenían que hacer grandes regalos y promesas a la plebe para ganar popularidad... En Roma se valoraba mucho la conquista y las gestas militares. Debían buscar destinos que les proporcionasen enormes hazañas. Esa es una de las razones que explican el expansionismo de Roma. Eso alimentaba la gloria personal y de la familia, pero se hacía para que les votase el pueblo y a su vez generaba conflictos.
Esto nos lleva a ciertos paralelismos. Somos hijos de ese tiempo.
–Desde luego respecto a instituciones de estructura estatal somos completamente romanos. A pesar de las diferencias, emerge el ser humano, el político, el que lucha por sus ideas y por el poder. Decía Benedetto Croce, político e historiador italiano del siglo XIX, que toda historia es historia contemporánea.
Aquello de que la historia rima...
–Sí, pero a largo de la trilogía en El primer senador de Roma la lucha era caballeresca, por así decirlo; en Numantia comenzó a radicalizarse, y en Enemigos de Roma esa lucha se convirtió en descarnada, extrema y violenta. Ochenta años después la República se derrumbó y empezó el Imperio, con Octavio Augusto como primer emperador. Fue un proceso histórico de descomposición que empezó cuando esa lucha en el poder perdió, por así decirlo, la moderación.
“En Roma los magistrados tenían que hacer grandes promesas a la plebe para ganar popularidad, y eso a su vez generaba conflictos”
Este libro comprende el periodo del 133 al 121 antes de Cristo. Quien no haya leído los dos primeros ¿puede adentrarse en este sin problemas?
–Sí, si tienes la trayectoria previa mejor, pero la novela está diseñada para que pueda ser leída de manera individual y para que comprendas y entiendas a los personajes y la historia.
¿Ha cambiado algo en su escritura desde que empezó esta saga?
–No tengo sensación de cambio. Quizás esta última novela es más literaria que la primera, que fue más descriptiva. Esta es la historia de personajes de carne y hueso, con todas sus emociones, virtudes y defectos.
Roma se proyecta eterna. ¿Le sorprende el eco que sigue generando su historia?
–No, porque gusta muchísimo. Tiene épica, brillantez y un espectáculo visual brutal. Como civilización es única. Su estructura visual y constitutiva no está en otras civilizaciones. Sus personajes, sus legiones, sus triunfos, su ciudad y sus templos, todo confluye, y eso a la gente le atrae. Y a mí el primero, claro. El mundo romano es espectacular.
¿Cuál es su hábito para publicar novelas de este porte y compaginarlo con su jornada laboral?
–Es constancia. Escribir cada novela me está costando unos tres años. Se trata de dedicarle cada día un poquito cuando llego a casa de trabajar. Puedo estar de once a doce de la noche, más los fines de semana; en vacaciones no paro de escribir, ni de leer ni de investigar. Es a poquitos, y así al cabo de un mes has hecho mucho. Para mí una de las claves es ser constante y cuando lo eres no pierdes el hilo, porque son novelas largas, y hay muchas tramas. No puedes perder el espíritu de la novela, así que cada cien páginas repaso lo escrito y lo pulo y mejoro. A mí me gusta mucho, pero es un esfuerzo grande y requiere voluntad.
¿Cómo se documenta?
–Para saber diferenciar entre la leyenda y la historia tienes que investigar. Hay páginas especializadas con trabajos históricos referentes. Me apoyo en artículos científicos, tesis doctorales y manuales. Es cuestión de tirar del hilo bibliográfico, siempre en términos profesionales, porque si no puedes meter la pata muy fácilmente.
Y así poder describir con todo lujo de detalles, para que esa máquina del tiempo funcione.
–Claro, muchas veces cada capítulo que escribe requiere su propia documentación. Un detalle muy tonto: imagínese que unos personajes están comiendo. Pues cuidado con eso, porque por ejemplo las cerezas se introdujeron en Roma hacia el 70 antes de Cristo, pero no antes. Y lo mismo en cada cosa cotidiana, incluso en el lenguaje, porque había expresiones de sorpresa masculinas y femeninas.
Siguiente estación en su carrera literaria: ha fichado por Planeta.
–Sí, Enemigos de Roma es con La Esfera de los Libros, y en octubre publicaré Roma contra Roma, ya con el Grupo Planeta, con su sello Istoría.
¿Y el famoso miedo al folio en blanco no existe?
–A mí por lo menos no me ocurre. Es todo lo contrario, cuando has investigado tienes tantas ideas que necesitas volcarlas y muchas ganas de empezar a escribir. Lo que quieres es que la página deje de estar en blanco. Forma parte del proceso creativo, pero conforme uno va escribiendo surgen las ideas. A veces me río preguntándome de dónde demonios salen.
“El mundo romano es espectacular, tiene épica y brillantez. Como civilización es única y eso a la gente le atrae, y a mí el primero”
Tiene en su cabeza el mundo del derecho y el de la historia de Roma. Dos ámbitos conectados.
–Mucho, porque nuestro derecho es en gran parte el romano y las instituciones y nuestro comportamiento tienen mucho que ver con el derecho.
Sus libros han trascendido fuera de Navarra. ¿No vivir en Madrid o en Barcelona no supone un hándicap?
–No, cuando fiché por La Esfera uno de los atractivos para ellos fue que yo no era un escritor que radicase en Madrid o en su entorno. Estar en Madrid o Barcelona tiene el plus de estar más cerca de las editoriales, de los círculos literarios grandes y de ámbitos más numerosos de lectores. Esto puede ser una dificultad, en absoluto decisiva, porque una vez entras la editorial te lleva a todas partes.
Ahora llega la fase promocional.
–En Madrid la presentación será el 19 de febrero. La editorial se va a volcar en la promoción.
De momento usted ya paladea la satisfacción de ver su nuevo título en las librerías.
–Hace mucha ilusión, sobre todo cuando los ves en bloques apilados de forma destacada. Y saber que está en todas partes y que acabará estando en muchas librerías del mundo hispanohablante.
Y vender entre tanto oferta.
–Que te escojan a ti es un privilegio, porque compites con muchos escritores y tienes que tener tu público. Yo creo que el lector va a disfrutar mucho con la novela, es ágil, con grosor, que se lee fácil y muy divertida.
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