Josep Miquel García (Elgoibar, 1957) reside en Barcelona y vive un momento emocionante. Este 11 de abril se presentará en Pamplona Atalaya, un libro en el que ha trabajado junto a otras personas para homenajear a la revista navarra que con este título salió publicada en diciembre de 1934 y 1935. Una publicación editada por su abuelo, Emilio García Enciso, que más de 90 años después vuelve del olvido, testimonio de una vanguardia cultural navarra, y un afán de modernidad y de intelectualidad que merece conocimiento público. La ruptura que provocó el golpe del 36 y la guerra en ese grupo fundador sigue conmoviendo a día de hoy a este vasco catalán, que tardó muchos años en conocer esta historia, que aun hoy le genera un duelo por aquello que pudo ser y quedó interrumpido.
Este proyecto en forma de libro rememora una revista especial.
-Las revistas en la cultura republicana eran la ilustración de núcleos activísimos. Lo que hoy decimos vanguardia y entonces se llamaba el arte nuevo. Cada ciudad con un núcleo activo se reflejaba en una revista. Atalaya muestra que quizás Pamplona fue el foco más activo de la zona norte, cosa que se desconocía.
El proyecto empezó a plasmarse en 2023.
-Antes, hace diez años, quise hacer una edición facsímil de los dos números, pero no pudo ser. En 2023 el historiador Mikel Huarte, de Osasuna Memoria, estaba escribiendo un libro sobre el club de fútbol. Un hermano de mi abuelo, Ricardo García Enciso, fue médico del equipo y otro hermano , Victorino, fue secretario de la entidad, concejal de Pamplona y fusilado en el 36.
Huarte le puso en contacto con otros descendientes.
-Con Miguel Rodríguez, sobrino de los Rodríguez Aldave (Alfonso y Francisco, promotores de la revista) y con Ion de la Riva, sobrino de Xabier de Frutos (otro de los impulsores).
Constituida esa terna se lanzaron.
-Primero pensamos en una exposición, se fueron sumando otros historiadores e intelectuales de Navarra, y al final se concretó este libro.
Con factor personal entrelazado.
-Un camino muy emotivo. Xabier de Frutos murió en el frente de Madrid y los hermanos Rodríguez Aldave se exiliaron. Les hemos recordado y reivindicado e intentado poner luz sobre estas personas que objetivamente merecen mucha más atención de la que han tenido.
En sus dos números, Atalaya plasmó una valiosa idea de modernidad y vanguardia.
-Sí, tiene un valor epocal, respira el ambiente de la época, por formato, diseño y colaboraciones gráficas.
Con nombres propios potentes.
-Sí, algunos del ámbito no solo navarro, sino español, como Unamuno y Pedro Salinas. Alfonso Rodríguez Aldave se casó con María Zambrano y fue un activo de la Asociación de Amigos del Arte Nuevo, donde estaba lo más florido de la Generación del 27, incluso del 98. Entre esas personalidades estaban Unamuno, Ortega, Marañón, Federico García Lorca...
Una generación que colisionó de manera a veces dramática con el Golpe del 36 y la guerra.
-La mayoría de ellos no vio el final de la guerra. Es muy lamentable cómo estas personas fueron represaliadas, en algunos casos de manera incruenta. Mi abuelo murió de un ataque al corazón en noviembre del 36 y Unamuno en diciembre...
En circunstancias ahora en revisión.
-¿Se puede morir de un infarto por causas naturales o el drama personal les afectó a la salud? Otros muchos partieron al exilio; fue un trauma para Navarra, para la vanguardia de la zona norte y para la cultura española, porque la posguerra supuso el olvido de todos estos proyectos y personas.
Un corte triste y seco.
-Hay que poner nombres a los artistas vanguardistas que hubo en Navarra entre 1930 y 1936. Hasta ahora me da la impresión de que solo se ha hablado de arquitectura. Y la vanguardia navarra existió, porque Atalaya es un ejemplo clarísimo. Eso debería ponerse de relieve, es un hito que se desconoce. El libro como mínimo va a intentar poner rostros. Eso es importante. Creo que el libro es una aportación que puede interesar a historiadores, a la memoria histórica y a la cultura navarra.
¿Quizás Navarra descuidó el conocimiento de aspectos de su pasado?
-Yo conocí y traté a Dalí, a Miró, a los grandes hombres de la vanguardia, pero tuve el privilegio de conocer a artistas surrealistas no tan de primera fila, y que aún en los años setenta vivían confinados, porque tuvieron el trauma de vivir en una época que les coartaba sus aspiraciones. Me pareció una gente tan brillante, tan necesario su reconocimiento, que hice muchos proyectos con ellos, exposiciones y libros. En Navarra como no sobrevivieron y no era un núcleo tan dinámico no se ha hablado de ello. Un problema propio es que algunos se pasaron al otro bando.
¿Y recuperar la revista como tal? ¿Se podría relanzar Atalaya?
-Me lo he preguntado, creo que la función tan brillante de Atalaya, Revista de Occidente, Cruz y Raya, Ínsula... hoy día la ocupan otros métodos. Una revista que hermanase poesía, filosofía, pensamiento, artes visuales radicales en 2026 no tiene el mismo sentido bajo mi punto de vista . La vanguardia y modernidad hoy se da en otros caminos.
¿Por ejemplo?
-Estamos en una época de cuestionarse todo, los museos, el propio arte... El deseo de cambiar el mundo que tenía esta generación hoy día no puede ser a través del puro arte endogámico, porque hay que implicarse en la sociedad. En la época posmoderna el arte no cambia el mundo. En los años treinta ellos pensaban que sí, era una visión utópica. Hoy día, desde el punto de vista filosófico eso es imposible.
No lo rebato, pero es tremendo.
-Bueno, es un fracaso de la cultura posmoderna. ¿Quién sustituye el espíritu de esa generación? ¿El cine, la arquitectura, el activismo social? Una revista, por mucha claridad que tuviese de ideas y de personas, no tiene el mismo significado ni multiplica lo que entonces tenía esta.
Vivimos en un auge de lo superficial, instantáneo y espectacular.
-Yo hablo de fracaso...
Pero el auge existe, ¿no?
-El valor utópico de la cultura del siglo XX se perdió, y el propósito de la generación de Atalaya era cambiar el mundo. Hoy la intelectualidad y la cultura no significamos nada, absolutamente nada, en el mundo contemporáneo. Lo que estamos haciendo hoy día es volver a reconsiderar nombres y personas como nosotros recuperando Atalaya. Era tal el grado de autenticidad que demostraban y tanta la fortaleza en circunstancias tan anormales, que nos place recuperar nombres del pasado porque hacia el futuro no sabemos mirar. Estamos completamente deshabilitados.
¿El 11 de abril le tendremos por Pamplona para la presentación?
-No lo sé, quería ir, pero hay algo que no imaginaba; recuperar a mi abuelo lo he vivido con mucha ilusión pero a la hora de afrontarlo personalmente hay un problema que no sana. Y no sé si voy a tener el valor suficiente para estar.
Debería ser una experiencia bonita y agradable.
-Sí, sí, pero hay algo que perdura de una forma inconsciente. Una cosa es analizar y estudiar y otra darte cuenta de lo que supuso esa falta desde mi punto de vista personal.
Su abuelo estaría muy orgulloso de usted.
-Estoy yo más orgulloso de él por lo que hizo habiéndolo descubierto sin su explicación en primera persona.