Síguenos en redes sociales:

Crítica de "Prime Crime": secuestrador secuestrado

Crítica de "Prime Crime": secuestrador secuestrado

El título original de la película de Gus Van Sant hace referencia al rudimentario pero eficaz artilugio hecho de alambre y crueldad por el que un rehén anclado a una escopeta sabe que cualquier movimiento brusco acabará con su vida. Su relato es más una reconstrucción que un ensayo sobre el desesperado caso de Tony Kiritsis. En 1977, Kiritsis, un ciudadano, atormentado por lo que entendía un timo a cargo de una compañía de usura y préstamo, decidió denunciar públicamente a sus estafadores a través de un espectacular secuestro. Nada nuevo para un realizador que lleva años cuestionando y recreando la cara violenta del sueño americano. Nada diferente en una filmografía que hace de lo diferente su modus operandi.

Prime Crime: A True Story (Dead Man’s Wire )

Dirección: Gus Van Sant. Guion: Austin Kolodney.

Intérpretes: Bill Skarsgård, Dacre Montgomery y Colman Domingo.

País: EEUU 2025.

Duración: 104 minutos.

Señalado por su versatilidad, adornado por una actitud camaleónica que le lleva a recrear las exigencias del tiempo y el espacio en los que acontece cada nueva historia, Van Sant (Louisville, Kentucky, 1952), se ha metamorfoseado con el espíritu, la ética y la estética del final de los 70. El año de la muerte de Presley y el despegue de George Lucas, el de Fiebre de sábado noche y Annie Hall, aconteció la desesperada acción de Tony Kiritsis. Atravesado a su pesar por las deducciones de Marshall McLuhan, inconsciente hijo apócrifo de El medio es el mensaje, Kiritsis cruzó la muga de la ley, no para matar a sus estafadores, sino para denunciar al mundo la existencia de depredadores bursátiles, de los vampiros del capitalismo salvaje. En ese sentido, el interés de Primer Crime se dirime en dos niveles, el del thriller que protagoniza el desbocado Kiritsis (Bill Skarsgard) y el papel jugado por los medios de comunicación, especialmente la televisión, al retransmitir en vivo y en directo el espectáculo de lo real.

Para un cineasta versátil que ha hecho casi todo, este proyecto parece asumido desde la seguridad de quien hace lo que ya ha hecho. El autor de Elephant y Drugstore Cowboy, acomete la epopeya de Kiritsis con calculada frialdad. Su cámara bucea en los recovecos psicológicos del personaje, en el patetismo de su obsesión. Apoyado en las imágenes reales, el director que clonó Psicosis plano a plano, cambiando el blanco y negro por el color, nos recuerda que en la aldea global todo se retransmite, todo paga peaje y nadie escapa de su San Martín.