Tres miradas a la ciudad, en lo nuevo de La Fábrica de Gomas
Los artistas Sagrario San Martín, Albert Sesma y Pau Cassany miran al entorno urbano en la nueva exposición del espacio del Soto de Lezkairu; tres visiones de las ciudades que habitamos o por las que pasamos de visita.
Ciudades que habitamos, o por las que pasamos, a las que viajamos y miramos, muchas veces a través de la cámara de fotos o del móvil; ciudades que recordamos, que reconstruimos a base en parte de memoria, en parte de imaginación.
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Ciudades que evocan el tránsito constante del ser humano, la vida que no se detiene, han entrado con fuerza en la nueva exposición deLa Fábrica de Gomas, Miradas urbanas, que puede disfrutarse hasta el 28 de junio.
Sagrario San Martín, Albert Sesma y Pau Cassany comparten con el público sus particulares visiones del entorno urbano como motivo artístico, y ponen en diálogo sus respectivas obras para reafirmar la certeza de que hay tantas maneras de vivir y de mirar una ciudad como personas que transiten por ella.
Construcciones mentales y la emoción de los colores
La colorida obra de la veterana pintora navarra Sagrario San Martín (Pamplona, 1952) da la bienvenida al visitante en la parte más luminosa de La Fábrica de Gomas.
Cuadros de diferentes épocas, alumbrados a lo largo de diez años, dan fe de que la ciudad ha “interesado siempre” a la artista, porque, dice, “es un espacio habitado por seres humanos, donde tenemos que convivir muchas personas, aunque yo no las pinto”.
Las ciudades de Sagrario San Martín remiten a muchas ciudades. Salvo Nueva York –la más reconocible de la exposición–, cuya verticalidad omnipresente le impactó en los dos viajes que hizo allá y que ha abordado en sus lienzos mediante un trabajo más realista –a pesar de que la ciudad de los rascacielos le provoca “una sensación de irrealidad”–, no son lugares concretos, sino “construcciones mentales que a veces vienen dadas por un color, una sensación de un atardecer o un amanecer... así construyo mi propia ciudad, es una especie de puzzle en que vas colocando las torres, los edificios altos, bajos... un juego en el que aprendo constantemente y voy siempre hacia adelante”, dice la artista, vinculada a la Escuela de Pamplona.
San Martín se mueve mucho en su pintura –acrílica– “por sensaciones”, como la que le invadió un día al retirarse del Bronx: “De repente sentí que estaba fuera de Nueva York, como que la ciudad no existía, y cuando me di la vuelta vi una tapia, una farola, una cosa gris... fue una sensación de soledad que quise plasmar en la fotografía que hice, y luego en el cuadro, y ahora, al sacarlo del estudio para esta exposición, me doy cuenta de que lo miro y vuelvo a sentir esa emoción”, dice.
“Mis ciudades remiten a muchas ciudades, son construcciones mentales a partir de un color, una emoción...”
Cuando pinta, le gusta mucho jugar con los colores; “es curioso porque todas las personas vemos los colores de diferente manera. Yo me guío bastante por la emoción que me provocan los colores y las formas, y ya cuando tengo la idea tengo en la cabeza, solo entonces analizo más con la inteligencia que con la emoción”, dice.
Aunque a veces se satura de color y piensa en la noche, y la noche en la ciudad le provoca “desasosiego”. “Veo las luces en las casas cuando afuera está oscuro, e imagino a los seres humanos que viven dentro, y siento ternura al saber que están descansando, cenando en familia; pero por otro lado también pienso que habrá seres humanos que están viviendo un infierno, de violencia o por otras problemáticas. Es esa mezcla”, cuenta la artista navarra, que casi siempre pinta la luna en sus cuadros como un símbolo de esperanza, de que “no todo está tan negro”.
Aunque en lo que se refiere al momento de las artes plásticas y su potencial para conectar con el público, reconoce ser “bastante pesimista”. “La gente, sobre todo la gente joven, está muy acostumbrada a no pararse ni un minuto ante las cosas, a pasar el dedo y ver cien imágenes en pocos segundos. Y ahí es imposible detenerse y reflexionar sobre algo. Así que no está fácil que entren a una sala de exposiciones... en la escuela se hacen esfuerzos, he participado en algunos talleres, pero ¿quién compite con la IA?”, se pregunta, matizando que, aun así, “siempre va a haber gente que necesite pintar y expresarse, y de una u otra manera saldrá adelante”.
Atmósferas, vivencias
El artista afincado en Corella Albert Sesma (París, 1976) aporta a esta colectiva una mirada más realista de ciudades reconocibles, donde la simetría, la luz y la textura crean atmósferas que capturan el misterio del espacio urbano.
De Bangkok a su París natal –su ciudad predilecta–, pasando por Madrid,Roma o Pamplona, el recorrido al que nos invita este artista está directamente ligado a sus propias vivencias en esas ciudades que primero fotografía y luego reinterpreta en el lienzo “para que la gente se meta” en su mundo.
“Busco algo más que realismo, me interesa que el visitante se aleje y vea la atmósfera, las vivencias de la gente que pasa”
“Busco algo más que realismo, no es mi intención reproducir el edificio o el lugar tal y como es con todo detalle, porque para eso ya está la fotografía o la pintura hiperrealista; me interesa que el visitante se aleje y vea algo más, la atmósfera, las vivencias de la gente que por casualidad de la vida pasa por allí... transmitir algo con los colores que se difuminan, que se alejan...”, cuenta Sesma, que incorporó el tema urbano como motivo en su obra artística inspirado por el pintor Antonio López, hace por lo menos veinte años.
Un “currante del arte” en las calles de Corella
“Él me dirigió desde esa pincelada que yo tenía en el cubismo, para trasladarla e introducirla en una atmósfera en la que lo que predominan son los ruidos y la gente impersonal”, dice este artista que mezcla acrílicos y óleos con barnices tintados con caoba o cerezo “para que todo pueda tener un reflejo; me gusta mucho pintar reflejos en las ciudades, transmitir algo a través de ellos”.
Igual que Sagrario San Martín, Albert Sesma valora muy positivamente la oportunidad que les brinda La Fábrica de Gomas de compartir espacio expositivo en torno a un motivo común: “aportamos tres puntos de vista muy diferentes sobre la ciudad, tres atmósferas distintas, y eso es algo muy rico y llamativo en estos tiempos tan difíciles para exponer”, dice el artista corellano.
Lugares fragmentarios que cada uno completa con su experiencia
Pau Cassany (Girona, 1990) coincide con sus colegas de exposición en que “es muy interesante poner en común distintas visiones sobre un motivo, aporta mucho al espectador y también a nosotros, los artistas, porque establecemos relaciones con nuestras obras que no serían posibles en una exposición individual”.
Arquitecto y comisario afincado en Pamplona, Cassany aborda la ciudad como una experiencia ligada a la memoria, combinando fragmentos e investigaciones técnicas para reconstruir imágenes del pasado desde una perspectiva contemporánea.
Parte de una práctica que él define como “coleccionar instantes, de cualquier tipo; siempre voy con una cámara o el mismo móvil, y hago fotos de lo que me llama la atención, así que tengo una especie de biblioteca de muchas imágenes de las que parto a la hora de crear". Le gusta "experimentar con esas fotografías a partir de fragmentaciones, dándoles nuevos contextos; ver cómo funciona una imagen de algo reconocible si la troceamos y la relacionamos con otra cosa”, cuenta. Como unas copas de vino con un edificio industrial (en la obra Vendimia).
“A los lugares por los que pasamos cada uno lleva su experiencia, su propia mochila, y eso influye en cómo los vive”
En sus construcciones, lo que le interesa de la fotografía en papel lo transfiere el artista a madera, en un proceso de superposición de imágenes, de significados y relaciones, de lenguajes y experiencias. “Es un trabajo por capas en el que la fotografía coge cuerpo y se vuelve de alguna manera objeto”, y en el que se mezclan muchos elementos, como acrílicos, spray, pan de oro o betún.
En este caso la temática de fondo es la ciudad –aquí están Nueva York, Lisboa, Almería o Pamplona, entre otras–, y sobre este motivo Pau Cassany piensa que “a los lugares donde estamos, por los que pasamos o que habitamos, cada uno lleva su experiencia, su propia mochila, y eso influye en cómo vive ese lugar en ese momento”.
Por eso, con su obra quiere reflejar que esas ciudades o esos parajes urbanos “son distintos para cada uno, siempre son fragmentarios y de alguna manera el espectador los completa con lo que lleva él”.
EN CORTO
- Qué: Miradas urbanas. Exposición con las visiones sobre la ciudad de los artistas Sagrario San Martín (Pamplona, 1952), Albert Sesma (nacido en París en 1976 y afincado en Corella) y Pau Cassany (Girona, 1990).
- Dónde: La Fábrica de Gomas, en el Soto de Lezkairu (calle Fuente de la Teja, 12).
- Cuándo: Hasta el 28 de junio, de martes a viernes de 12.00 a 13.30 y de 18.00 a 20.00 horas, y los domingos de 12.00 a 14.00 (los sábados cierra).