Alice Winocour (París, 1976) acarició con Próxima (2019) la que podía haber sido su obra maestra. Como acontece con cierta frecuencia en algunas películas, lo que durante muchos minutos se percibe como extraordinario, termina por malograrse en los últimos minutos por un exceso de retórica, por ceder a lo evidente, por querer redondear lo que debe sobrevivir desde el mutismo y la aspereza. Y así, por culpa de una conclusión desactivada, lo que era bueno terminaba por parecer peor. Pero de lo que no cabía duda era de que Alice Winocour andaba sobrada de recursos y que cultivaba una personalidad estimable con una singular voz comprometida con la denuncia de la situación de la mujer contemporánea. En su siguiente película, Memorias de París (2022), Winocour se ratificaba. Allí abordó el tema de los atentados en el barrio de Saint-Denis de París en noviembre de 2015, y no perdía la cara a un relato que giraba en torno a una testigo de aquella acción terrorista.

Con Couture, una inmersión en el mundo de la alta costura, el mismo del que se ocupó el Robert Altman de Prêt-à-Porter (1994), Alice Winocour vuelve a dar el protagonismo a historias de mujeres. En este caso, cuenta con tres protagonistas: Maxime, una directora estadounidense de cine de terror, Ada, una joven de Sudán ocasional modelo y Angèle, una maquilladora francesa con ambiciones literarias. Con ellas se forja un trenzado sobre un tiempo de crisis y cambio.

Couture (Alta costura)

Dirección y guion: Alice Winocour

Intérpretes: Angelina Jolie, Anyier Anei, Ella Rumpf, Louis Garrel y Vincent Lindon

País: Francia. 2025

Duración: 106 minutos

Las tres deambulan barnizadas de extrañamiento. En ese espacio común de la alta costura, donde coinciden casi por casualidad, el negocio de la ropa deviene en pretexto. Winocour transita por un lugar de sutil equilibrio y alta intensidad emocional.

Como en sus obras precedentes, la directora, cercana al universo de Oliver Assayas, forja sus retratos en un contexto laboral donde emergen problemáticas más complejas que las derivadas del mundo del trabajo. El laberinto de las pasarelas y los rituales de la belleza no conforman el tema que a Winocour le interese. En su lugar pronto se adivina que lo que realmente pretende es ahondar en los pliegues íntimos de sus protagonistas. En esa inmersión, la rutilante presencia de Angelina Jolie desequilibra ese triángulo de retratos. Y con ello, una vez más, se tiene la sensación de que lo mejor de Alice Winocour habita en su punto de partida, en el plano de los deseos. Conforme el filme se precipita, la debilidad de sus esbozos y la inconcreción de los perfiles de sus personajes, reconduce el viaje a una zona de alto interés, buen oficio e incumplidas promesas.