“El humor es un lenguaje que desarma a los poderosos; la parodia les desnuda”
El actor manchego se adentra de lleno en el teatro de texto con ‘La verdad’, comedia de Florian Zeller que llegará el jueves 14 y el viernes 15 de mayo al Gayarre bajo la batuta de Juan Carlos Fisher
La verdad aborda un tema universal: la delgada línea entre la verdad y la mentira en nuestras vidas cotidianas. Es una comedia que cala, desnuda hipocresías y nos enfrenta a verdades incómodas.
Joaquín Reyes(Albacete, 1974) da vida a Miguel, un mentiroso compulsivo al que todos los demás mienten. Su amante, esposa de su mejor amigo Pablo, amenaza con revelar su relación. Laura, esposa de Miguel, sospecha de su infidelidad. Después de muchos esfuerzos y de bastante mala fe, consigue convencer a las partes de los inconvenientes de decir la verdad y de las ventajas de callarla. Lo curioso es que cree que él conoce la verdad...
Es reincidente en esto del teatro. Está claro que con su debut en Mérida con ‘La paz’ de Aristófanes (2024) dio comienzo a una nueva etapa de su carrera.
–Sí, efectivamente así fue. Yo no había hecho nunca teatro; tenía tablas porque llevaba mucho tiempo haciendo monólogos, pero nunca una obra teatral. Se me dio la oportunidad de estrenarme en un montaje muy especial para el Festival de Teatro Clásico de Mérida y ese fue el inicio de un camino nuevo para mí en el que iba a aprender mucho, como efectivamente está siendo. Estoy muy contento; el teatro exige mucho compromiso y se trabaja de una manera distinta a la que estaba acostumbrado, pero es muy ilusionante y me aporta muchísimo.
¿En qué sentido?
–Me ha permitido hacer cosas diferentes y aprender otra manera de trabajar el proceso dramático. Yo no he ido a ninguna escuela de interpretación, he aprendido este oficio con mucha intuición a base de hacer cosas diferentes, siempre en la comedia, claro está. En esta nueva etapa, además, he aprendido sobre todo del proceso: ponerte tú al servicio del texto y no al revés.
Con motivo del estreno de aquel montaje, manifestó miedos y dijo haber sufrido el síndrome del impostor al adentrarse en esa otra forma de estar en el escenario. ¿Se ha ido mitigando esa sensación?
–A mis compañeros les digo de broma: ‘Somos actores, yo también soy actor, ¿eh?’ En cuanto al vértigo, creo que es bueno no perder esa sensación porque te hace estar alerta y disfrutar lo que haces sin dar nada por supuesto. Con La verdad me encuentro cómodo, el personaje me gusta mucho, humildemente diría que lo hago bien y me permite registros muy diferentes. El síndrome del impostor es inevitable a veces y no lo digo con falsa modestia; en esta profesión tan difícil me siento muy afortunado por haber trabajado en proyectos tan distintos.
Imagino que estar arropado por el elenco y tener esa complicidad ayuda en este camino.
–Claro, pasas mucho tiempo con tus compañeros y finalmente formamos una pequeña familia. Todos somos distintos y tenemos nuestras preocupaciones, pero compartimos mucho tiempo y, en una comedia, esa ilusión por lo que haces se tiene que notar. El público se sorprende con nosotros y lo pasa bien; es una obra que se disfruta muchísimo también desde el escenario.
¿Qué le atrajo de ‘La verdad’, de Florian Zeller?
–Conocía a Florian Zeller por dramas, como El padre, y sabía del talento que tenía. Cuando leí el texto, me gustó mucho lo bien escrito que estaba; no es fácil escribir estas discusiones sin caer en lugares comunes. La trama funciona muy bien, los giros están muy pensados y el personaje me pareció un regalo. Una vez que leí el texto, me animé a aceptarlo.
¿Cree que sobreviviríamos en un mundo en el que todos dijéramos la verdad todo el tiempo?
–No, porque la verdad hay que decirla con tacto, y a menudo resulta incómoda.
¿No le parece que muchas veces confundimos verdad con opinión y parece que imponerla es más importante que el dolor que pueda generar en el otro?
–Lo has explicado muy bien. Muchas veces son opiniones no requeridas. Es difícil definir qué es la verdad, aunque yo sí que creo que solo hay una verdad. Eso de la posverdad o la verdad alternativa no me convence: la verdad es una, pero hay muchos grises. Puede sonar contradictorio, pero a veces nos desenvolvemos con la mentira por una cuestión de tacto o educación. Mi personaje es un mentiroso compulsivo que, dentro de su lógica, miente para no hacer sufrir, pero no deja de ser un intento de tapar cosas.
Hay veces que intuimos o sabemos lo que pasa, pero no queremos escucharlo en voz alta, sobre todo en el caso de las relaciones personales.
–Una mujer que vio la obra me dijo: ‘llevo 50 años con mi marido y tengo claro que no hay que decir siempre la verdad’. Las relaciones se basan en la confianza, pero todos ocultamos algo o tenemos nuestras sombras. Hay cosas que preferimos no saber y eso forma parte de nuestras relaciones sociales y sentimentales.
En un mundo de bulos y ‘fake news’, cuesta saber qué es verdad. ¿Cómo vive Joaquín Reyes este enredo diario?
–Como dices, estamos en la época de la posverdad, donde los hechos son sustituidos por emociones o mentiras directas. Me preocupa mucho porque hemos desarrollado una tolerancia altísima a la mentira. Por ejemplo, Trump miente sin parar y parece no tener consecuencias, cuando antes alguien que mentía era señalado y tenía un coste. Es sorprendente que estemos tolerando esto de forma tan absoluta.
¿Pueden el humor y la sátira servir para ridiculizar estos comportamientos?
–Tienen que servir para eso; la sociedad debe señalar y ridiculizar estos comportamientos, es nuestro deber. Como cómicos tenemos esa obligación. El humor es un lenguaje que desarma al poderoso; por eso personajes como Trump han intentado callar voces críticas de cómicos, porque la parodia los desnuda.
¿Cómo se explica que la clase trabajadora haya normalizado estas conductas y vote a esta gente?
–Hay activistas señalando estas conductas, pero tenemos que hacer más para luchar contra las ideologías del odio y contra quienes aprovechan el miedo para manipular con datos falsos. Es una época preocupante, pero confío en que como sociedad sabremos responder y plantarnos ante esto.
Hay quien está harto de los insultor y las agresiones verbales del entorno de la ultraderecha y cree que hay que empezar a responder del mismo modo. ¿Qué opina?
–Yo creo en valores de respeto y convivencia; eso es lo que te hace diferente de la gente que insulta o defiende ideologías de odio. Hay que responder de otra manera, no con sus mismas actitudes.
En ‘La verdad’, su personaje se dedica al arte contemporáneo. ¿Ahí también puede jugar un papel importante el humor?
–Realmente, la que se dedica al arte es la hija del protagonista; él no se acaba de saber a qué se dedica. A mí me interesa mucho el arte contemporáneo, precisamente por esa faceta de sorprender y descolocar que todavía tiene. Me fascina que siga provocando tanta perplejidad e incomprensión.
¿Qué piensa cuando va a una feria como ARCO y ve obras que generan polémica?
–ARCO es una feria y, por tanto, su objetivo es vender. Las polémicas forman parte de la publicidad y de la forma que tienen las galerías de reclamar atención; hay que entenderlo en ese contexto.
Así que es una comedia no pretendida.
–Eso es. A veces, hay obras de arte contemporáneo pretendidamente solemne que acaban cayendo en una especie de autoparodia. Pero también hay artistas que utilizan el humor de forma intencionada, y eso me parece muy interesante.
"Me interesa mucho el arte contemporáneo por esa faceta de sorprender y descolocar que todavía tiene"
¿Y esa novela que estaba escribiendo con el arte contemporáneo en el centro de la trama?
–Pues sigo en ello. Sigo escribiendo, aunque estoy atravesando mi particular crisis, lo que es importante para poder seguir creando. Pero sí, sí, es un tema que me fascina. Me sigue sorprendiendo la capacidad para descolocar que tiene el arte contemporáneo, y también que continúe provocando mucha perplejidad y mucha incomprensión. Me fascina.
Su trabajo como cómico también tiene mucho que ver con la verdad, ya que tiene que encontrarla dentro de cada personaje y ser coherente con ella. ¿Hay algún personaje con el que le haya costado más por su ideología o porque le resulta especialmente perturbador?
–Cuando hago parodia, pongo en práctica un juego de espejos deformantes. No busco una aproximación realista ni una imitación exacta, sino que juego con esa parodia manchega y trabajo el personaje desde ahí.