PAMPLONA. Maite Ruiz de Larramendi es una veterana pelotari que ha participado en cinco Mundiales, que ha ganado dos y que, sin embargo, no puede vivir de su deporte. Sus ingresos provienen de su trabajo como técnico de rayos en el Hospital Virgen del Camino de Pamplona, una profesión que no le ha impedido cumplir casi todos sus sueños y abrir el camino para que otras mujeres también puedan hacerlos realidad.
Maite Ruiz de Larramendi es la mejor pelotari del último Mundial de pelota. ¿Qué le sugiere esta afirmación?
Una pasada. Cuando me lo dijeron, no me lo podía creer. Ha sido mi quinto Mundial absoluto y no me lo esperaba. Hay mogollón de gente que juega en muchas modalidades y el hecho de que me eligieran a mí fue una sorpresa.
Y satisfacción, ¿no?
Para mí es un orgullo terrible, sobre todo después de tantos Mundiales. Ya me habían dado este premio en una Copa del Mundo, pero en el Mundial absoluto... Cuando me llamo Xabier Asiáin (el responsable deportivo de la selección española) para decirme que tenía que ir a la recepción para recoger un premio... No me suelen dar muchos y estoy encantada.
En Pau logró el oro en la competición de paleta goma disputada en el trinquete después de completar un torneo inmaculado.
No perdimos ningún partido, pero sufrimos mucho. Por ejemplo, en el primer partido, contra las francesas, ganamos 30-27 después de remontar seis tantos en contra. Fue un resultado que nos dio confianza a las cuatro que hemos ganado el Mundial (se refiere a ella y a sus otras tres compañeras de selección, la también navarra Haizea Zamora y las guipuzcoanas Itxako Urkizu y Nagore Arozena). Fue una victoria que nos dio mucha tranquilidad.
Las cuatro formaron un grupo muy compacto. ¿Cómo vivieron la competición?
Para mí fue fantástico. Cada Mundial tiene un significado y, consigas lo que consigas, el grupo es lo más importante para mí. Y este año fue una pasada. Yo tengo 37 años, pero era la primera vez que dos de mis compañeras jugaban un Mundial absoluto. Por eso fue una doble satisfacción ganar el oro: por mí y por ellas. Era una maravilla cómo nos llevábamos. Me daba un poco de cosa porque yo tengo 37 años y ellas entre 21 y 25, pero la convivencia fue lo mejor.
¿Qué puede decir de sus compañeras de equipo?
En la convivencia, que son unas grandes personas, que nos lo pasamos superbién y que congeniamos de maravilla. Como pelotaris, cada una tiene sus características, pero, en general, las tres son unas artistas con mucho futuro. Lo único que les diría es que continúen con esa ilusión que tienen ahora porque son muy buenas, tienen unos valores muy buenos y como personas son alucinantes, fantásticas.
¿Está asegurado el futuro con ellas?
Sí, porque detrás de ellas también viene más gente. Yo voy a aguantar todo lo que pueda, pero estoy encantada de lo que hay. Todavía tienen mucha materia prima para sacar.
En la final volvieron a ganar a las francesas (30-29) en un partido tremendamente igualado. ¿Cómo fue? Creo que nadie apostaba por nosotras. En el primer saque no pude restar porque la pelota se picó y me pasó por encima. Había humedad en la parte de atrás del frontón y no sabías hacia dónde iba a ir la pelota, aunque pensaba que iba a ser algo malo para nosotras (jugó con Itxako Urkizu) y para las rivales. Sin embargo, ellas empezaron muy fuertes porque era lo que tenían que hacer, pero hubo un momento en el que paramos el partido y le dije a mi compañera: "Itxaso, sabemos jugar a pelota, vamos a hacerlo con confianza y poco a poco vamos a ir a por todas". Es algo innato en mí: aunque vaya perdiendo 29-0, siempre pienso que tengo alguna oportunidad de ganar. Conseguimos empatar a 27 después de un parcial de 11-2. Yo me asenté y cada vez estábamos con más ganas. Sabíamos que haciendo nuestro juego les podíamos ganar. Con el 29-28 a nuestro favor no pude llevar a buena un rebote de las francesas, pero ellas pidieron un descanso que nos vino bien. Nos dio tiempo a pensar y luego tuvimos la suerte de poder ganar el título mundial.
¿Le afecta la presión en momentos tan comprometidos como ése?
En esos momentos no pienso en que me estoy jugando un Mundial. Pienso en que termina el partido. Lo que más me viene a la cabeza es la gente que me apoya y que está conmigo. Pienso en que les va a dar algo. Influye el que sea una final, pero piensas más en que perder sería una pena después de todo el sacrificio, porque no vivimos de la pelota. Pero sobre todo pienso en jugar. Me encantan todos los partidos. Me da igual que sea un Mundial, un Campeonato Navarro o la Liga de Iparralde. A mí me gusta jugar y le doy valor a todas las competiciones. Está claro que un Mundial es especial porque es a lo máximo a lo que aspiramos las chicas. Los chicos tienen la esperanza de dar el salto a profesionales, pero nosotras tenemos el tope en el Mundial. Además, no ganábamos el título de paleta goma en trinquete desde el 98, tenía un mal recuerdo del Mundial de Pamplona en 2002 y en México 2006 nos habíamos quedado a las puertas. Nos tocaba recuperar el título.
Ganaron a Francia a domicilio. ¿Notaron la presión de la grada?
Algo sí, pero tampoco daba tiempo a mucho. Además, aunque había mayoría de franceses en la grada, se oía más a nuestra gente.
Y después le tocó sufrir con sus compañeros en mano y paleta cuero para poder lograr el título absoluto. ¿Dónde se sufre más: en la cancha o en la grada?
Se pasan más nervios en el banquillo que jugando. Sobre todo en el de mano. A Unai Onsalo le tocó remontar y fue una pasada.
Todo esto demuestra que la piña que formaron todos los pelotaris fue la clave del éxito de la selección en Pau.
Creo que ha sido el Mundial más especial. Siempre intentas ir a ver otras modalidades, pero esta vez vivimos una unión muy especial, en este sentido y también cuando nos juntábamos en el hotel o dando un paseo.
En cuanto a lo personal, quizá sea la única deportista que no puede vivir de su deporte pese a haber sido designada como mejor pelotari de un Mundial.
Ya te digo.
Pero es algo que no ocurre en otras disciplinas.
Pero sí en este deporte y también influye el que sea chica. Creo que en ningún Mundial absoluto se había dado este reconocimiento a una mujer. Soy la primera y para mí es un gran reconocimiento. Es lo mejor que me ha pasado, pero sé que, si se lo hubieran dado a un chico, creo que tendría más categoría y se trataría de otra manera.
¿Te sientes una abanderada de las mujeres en un mundo tan masculino como el pelotazale?
Sí. De hecho, dedico el premio a todas las mujeres, para que vean que hay que seguir peleando y que se pueden conseguir los objetivos. Estoy muy orgullosa de lo que he conseguido y animo a todas las mujeres para que peleen por lo suyo en cualquier deporte que compitan. Creo que las cosas están mejorando, que no están como hace años. Pienso que en algunas cosas estamos casi peor, porque, en la pelota, hace muchos años las mujeres jugaban y eran profesionales, pero resulta que ahora no. Estamos jugando, pero no podemos ser profesionales. No sé si se conseguirá o no, pero yo animo a todas a que sigan luchando con un par de narices.
¿Nota machismo en la pelota?
A veces sí, aunque las cosas van cambiando. Antes, el premio que recibía un chico era mayor económicamente que el de una chica, pese a que jugábamos a lo mismo. En depende qué cosas sí que ha habido mejoras, pero en otras sí que sigue habiendo machismo. ¿Por qué una chica no puede jugar a mano? Creo que puede jugar igual que un chico. Tal vez haya que adaptar la pelota a nosotras, pero de la misma manera que se hace en otros deportes como el lanzamiento de martillo, en el que las mujeres lanzan menos peso. Se podría conseguir, pero tendría que cambiar mucho la sociedad y también el mundo de la pelota.
¿Se hacen los esfuerzos necesarios desde las federaciones y los clubes?
Se puede hacer muchísimo más. A mí me ha tocado trabajar mucho en este sentido. En Oberena he conseguido sacar una escuela de pelota, pero gracias a mi esfuerzo y dedicación. Sin embargo, yo no voy a estar aquí siempre. Ojalá. He sacado un grupo con ayuda de otra gente y ahora tenemos un grupo con 15 jovencitas que por lo menos ven que tienen un camino hecho, algo que yo no vi cuando empezaba. Hasta los 15 años jugué a mano, pero como era chica me mandaron a la calle, a tocar el acordeón. Hoy en día también hay chavalas en clubes que al llegar a los 13 años ya no pueden seguir. ¿Por qué no? A mí me gustaría que las propias chicas puedan tomar la decisión de seguir o dejarlo. Que no sean los demás los que decidan por ellas. Yo no podría jugar a mano con el material con el que se juega ahora, pero adaptándolo... ¿por qué no?
¿Qué más se podría hacer?
Un circuito de chicas o algo similar. En Navarra se podría trabajar más en este aspecto de lo que se trabaja, hacer una comisión. Se podría captar a más chicas. Yo sola he conseguido muchas cosas con el apoyo de Oberena y la Federación, pero por ejemplo los chicos pueden elegir y las chicas no tienen esa opción. Ese sería un objetivo. En la Federación Internacional sólo llevo tres años y ahora se ha aprobado una comisión de mujer y pelota para empezar a trabajar. Pero, si en Navarra lo veo complicado, qué voy a decir a nivel internacional. Me da igual que sean hombres o mujeres los que trabajen por la mujer en la pelota, lo importante es que lo hagan. Para que podamos a jugar a lo que nos gusta. Desde pequeña es lo que he vivido en casa. Con dos años ya tenía mi pelota y no paraba. Y somos muchas mujeres en Navarra las que jugamos a pelota y quiero que esto no se pierda.
Hace falta crear una cantera de chicas que jueguen a pelota y otra con gente como usted. ¿Qué me dice de sus compañeras?
Monitoras chicas no hay muchas. En Estella está Susana Muneta, que era con la que solía jugar antes; Merche e Inés Larrión... Juntas hicimos el curso para ser jueces y también ejercemos de monitoras. También ayudan Haizea Zamora y Judith Etxarri. Pero necesitamos más de todo: monitoras, frontones, trinquetes...
Dice que hicieron el curso de juez. ¿Sería factible ver a una mujer dirigiendo un partido de profesionales? Inés Larrión ya lo ha hecho alguna vez con Frontis, pero también sería positivo poder hacer de jueces en competiciones de la Federación Internacional como el Mundial. Ese camino está abierto.
¿Qué es lo peor que le han dicho por ser mujer y jugar a pelota?
En algunos frontones a veces no nos querían dejar jugar. Recuerdo una vez que, de crías, se jugaba según el orden de llegada. Un día fuimos Susana Muneta y yo con nuestro entrenador y nos tocaba jugar, pero no nos dejaban por ser chicas. Y nuestro entrenador les dijo que primero vieran de lo que éramos capaces. Cuando nos vieron, dijeron: "Pues ya le pegan". A nosotras, jugar con chicos nos ha venido fantástico porque le dan otra velocidad y otra fuerza a la pelota. Era muy duro, pero luego jugábamos contra chicas y notábamos que les dábamos más caña.
¿Por qué eligió la pelota?
Porque mi padre jugaba y porque somos seis hermanos y todos hemos pasado por el frontón. Mi madre dice que estaba todo el día jugando: con mi abuelo, con mis hermanos, con la gente de Eulate... Antes había frontón y no había otro juego. He metido horas hasta hartar, sobre todo en el frontón de Urbasa. También en el de Eulate. Con 8 años empecé a jugar a mano en la Escuela San Miguel de Estella. Jugaba contra chicos y no me importaba. Lo que quería era jugar. He llegado a jugar con pelotaris que ahora son profesionales, como Beloki.
Y en una ocasión le ganó.
Sí, pero lo que me queda de aquellos años es una buena relación. No nos vemos a diario, pero ni él guarda un mal recuerdo porque le ganara ni yo se lo restriego. Se trataba de jugar a pelota.
¿Hasta cuándo jugó a mano?
Hasta los 15 años. La única que me apoyaba el 100% era mi madre. "¿Y por qué lo va a dejar?", decía. Pero a mi padre también le encantaba el acordeón y terminé con eso de los 15 a los 18 años. Hasta que me llamó Adón Larrión, que seguía entrenando con Susana Muneta. Llamó un día a casa, le propuso a mi madre que me hicieran una prueba y ella aceptó sin consultarme. Se lo agradezco de corazón.
Y desde los 18 a los 37 años ha estado jugando a paleta goma. ¿Hasta cuándo?
Para este año mismo ya me costaba seguir. Es duro porque trabajo en el Hospital Virgen del Camino. Hay que renunciar a muchas cosas. No ha sido un sacrificio grande porque he hecho lo que he querido, pero sí que ha requerido un esfuerzo. ¿Hasta cuándo voy a seguir? Hasta que me dé el cuerpo. No sé si de aquí a dos años estaré en la Copa del Mundo o dentro de cuatro en el Mundial, pero voy a intentarlo.
Ganar el título en Pau y ser elegida mejor pelotari del Mundial le habrá dado fuerzas para seguir.
Con tanta cosa ahora no puedo dejarlo. Sería bueno dejarlo ahora porque me retiraría arriba. Pero voy a seguir jugando. Cuando tenga 60 años ya tendré tiempo de estar quieta. De una manera o de otra, quiero estar toda la vida en la pelota, ya sea enseñando o jugando. Titín sigue todavía, ¿no? Pues yo también.
Está claro que le queda cuerda para rato, pero ¿qué metas le restan por cumplir?
Creo que he conseguido lo máximo a lo que puede aspirar una mujer en la pelota, pero para mí lo más bonito es saber que hay gente por detrás que puede disfrutar de lo mismo que yo o superar lo que he hecho yo. También me gustaría ver la pelota como deporte olímpico. Ir de entrenadora a unos Juegos tendría que ser el no va más.