Anaitasuna: Una pasión que se hereda

14.08.2020 | 00:12
De izquierda a derecha, Santos García junto a Aitor; Martín Ganuza y su padre, Chuchi; y Natxo Izquierdo y Ander, en el pabellón Anaitasuna, junto al escudo que todos han defendido.

Aitor García, Martín Ganuza y Ander Izquierdo han vivido el balonmano desde niños y ahora jugarán juntos en la elite, en el club que los ha visto crecer, donde también coincidieron sus padres y mejores maestros: Santos, Chuchi y Natxo

Aitor García, Martín Ganuza y Ander Izquierdo son jugadores del Helvetia Anaitasuna. Se conocen desde niños, son amigos y han compartido muchas horas de balonmano juntos en las distintas categorías del club hasta llegar a la elite de este deporte, la Liga Asobal. El último en incorporarse ha sido Aitor, quien esta temporada da el salto el definitivo al primer equipo, donde ya se encuentran sus dos compañeros desde el curso pasado. Toda una proeza.

Sin embargo, su progresión más o menos paralela y el vínculo de amistad que les une no son lo único que tienen en común los tres. Su amor por el balonmano les viene prácticamente desde la cuna, de su familia, puesto que sus respectivos padres también jugaron a este deporte y, casualidades de la vida, lo hicieron juntos también defendiendo el escudo de Anaitasuna.

Santos García Lautre es el padre de Aitor; Pedro Ganuza Oteiza, más conocido como Chuchi, el de Martín; y Natxo Izquierdo Zurbano, el de Ander. La palabra "orgullo" se les queda casi corta para describir todo lo que sienten al ver a sus hijos en lo más alto. No ocultan su felicidad y, aunque son conscientes de que "aún les queda mucho por aprender", tienen claro que si han sido capaces de dar el salto es "porque se lo merecen también".

Ander Izquierdo, internacional de 20 años, se ganó su puesto de central de pleno derecho en el primer equipo la temporada pasada. Martín Ganuza, de 19 años, subió a la vez para ocupar la vacante en el extremo izquierdo. Y Aitor García, internacional Júnior de 19 años, ha tenido su oportunidad definitiva este año para luchar desde el pivote.

"La verdad, no esperas que tu hijo llegue a lo más alto. Vives cada momento, cada partido, y para mí fue una sorpresa que le llamaran, ya que además había estado jugando de central y tuvo que cambiar de posición. El salto es grande, así que todavía hay que aprender", explica Chuchi Ganuza quien, al igual que su hijo, pasó en su época de primera línea a extremo.

Por su parte, Natxo Izquierdo asegura que para él, en su día, "fue un sueño llegar a jugar en el primer equipo de Anaitasuna" y ver que su hijo también lo consigue, y encima en la máxima categoría, es un gran motivo de alegría. "Ver que él ha llegado, que los tres han llegado, me parece una pasada. Empezaron como unos niños, jugando para divertirse, y poco a poco han ido creciendo hasta el primer equipo", constata el expivote de Anaita. Una demarcación que, cuando jugaba, compartía también con Santos García, padre de Aitor: "Ellos, desde pequeños, han visto jugar al primer equipo y era fácil que se contagiaran del balonmano. Nosotros, además, lo vivíamos con mucha pasión, que es lo fundamental. Ver que nuestros hijos siguen por ese camino, por esa pasión por el deporte, es motivo de orgullo. No deja de ser gracioso, además, que los tres estén juntos jugando, como también lo estuvimos nosotros", destaca.

balonmano en los 80, MÁS ALLÁ DE LA CANCHA LA AMISTAD PERDURA

Los padres de Aitor, Martín y Ander jugaron en Anaitasuna en la década de los 80. Santos García se enfundó la camiseta en 1983 y se retiró en 1990. Además, llegó a ser capitán del equipo. Chuchi Ganuza empezó en esto del balonmano con apenas 15 años y jugó hasta 1988. Natxo Izquierdo también comenzó muy pronto, con sólo 12 años, y abandonó hacia la temporada 1991-1992.

El balonmano siempre ha sido una seña de identidad de Anaitasuna y por entonces se vivía con especial pasión. El padre de Ander Izquierdo recuerda que, antes, "el balonmano no estaba tan profesionalizado" como ahora. "Estábamos en lo máximo que se podía estar, pero éramos un grupo de amigos sobre todo, había relaciones muy intensas, y esas amistades se mantienen hoy en día". De hecho, Chuchi Ganuza constata que, pese al transcurso del tiempo, se han seguido manteniendo los vínculos. "Después del entrenamiento del viernes nos quedábamos y cenábamos juntos. Y ahora, te dejas de ver 15 años, vuelves a juntarte con la gente, y parece que no ha pasado el tiempo. Eso es lo más positivo", asegura. A lo que Santos García añade: "Después de tanto tiempo, aún mantenemos la amistad y la convivencia. Eso también nos lo ha dado el Anaita y el balonmano".

Entre risas, los tres recuerdan algunas de las anécdotas que vivieron por aquella época. En especial, Santos García guarda en la retina dos. La primera, con el padre de Martín Ganuza de protagonista: "A Chuchi le gustan mucho los pasteles y los dulces y a mí, comer en general. Fuimos a jugar a Errenteria, donde había una famosa pastelería. A la ida, nos apostamos que el que metiera más goles, le pagaba al otro los pasteles. Yo no he sido nunca jugador de mucho gol, pero aquel día gané. Así que recuerdo la felicidad que sentí al volver comiendo los pasteles por la cara". La segunda, tiene que ver con Natxo Izquierdo: "Los dos somos pivotes, así que había que ganarse el puesto en los entrenamientos. En una acción defensiva Natxo se me escapó y metió gol. Pero a la siguiente, ya no se me escapó. Lo agarré de la camiseta y me quedé con ella en la mano hecha jirones. Somos grandes amigos, pero en la pista había que ganarse el puesto". Los tres sonríen, sus hijos también, y el padre de Ander Izquierdo completa la historia: "Era una sudadera azul que llevaba capucha, por ahí me pilló. Sin duda, el que más me ha pegado en la vida sobre una pista ha sido Santos y encima era de mi equipo".

Los tres progenitores y exjugadores de Anaitasuna coinciden en que, hoy en día, el balonmano ha cambiado. "Es más rápido", sostienen. Y ha avanzado en profesionalismo, con una preparación física y una alimentación más cuidada, aunque como bien recuerda también Santos, sigue habiendo "jugadores profesionales que combinan el deporte con sus estudios o trabajo".

Sus propios hijos, de hecho, no han dejado de compaginar la formación académica con la práctica del balonmano. El orgullo que sienten sus padres hacia ellos es recíproco y les gusta, en general, escuchar sus consejos. "Yo sí le pregunto cosas de balonmano y de la vida. Al acabar los partidos le mando un mensaje siempre, porque me gusta conocer su opinión", reconoce Martín Ganuza. Aitor García, por su parte, confiesa entre risas que sí recibe consejos de su padre, y que a veces le hace caso, pero no siempre. "Yo me caliento muy rápido. Soy de mecha corta, enseguida me enciendo, me pongo nervioso y acabamos discutiendo. Si le llamo después de un partido, significa que he jugado bien. Si no, es que no ha salido bien la cosa y pasamos del tema", explica. El que sí está atento a las opiniones de su padre es Ander Izquierdo. "Yo le suelo hacer caso. Antes es verdad que le preguntaba más, mientras que ahora hablamos en general de los partidos y ya está. Pero siempre me manda un mensaje de ánimo antes de un encuentro y eso se agradece", resalta.

Los tres jugadores del Helvetia Anaitasuna siguen la estela de sus padres y, además de compañeros en la pista, no han perdido ese vínculo de amistad que arrastran desde niños. Ander se siente "feliz de poder compartir vestuario con ellos". "Van a hacer dos años en la Asobal, pero nunca me he separado de ellos", asegura. Para Aitor García, "el estar con los dos" y también con el resto "de navarros del equipo" ha hecho que "sea más fácil mantener la calma" ahora que ha dado el salto al primer equipo. Mientras que para Martín Ganuza es una "feliz casualidad" que "nuestros padres hayan jugado juntos, hayan tenido hijos casi de la misma edad y ahora los hijos, que llevamos desde pequeños en el mismo club, hayamos llegado al primer equipo". "Es genial compartir vestuario con ellos. Somos amigos, más que sólo compañeros, y somos también una generación que siempre ha estado muy unida", añade.

Ander, Martín y Aitor han cogido el testigo de sus padres. Han heredado el amor por el balonmano y la pasión por un club, Anaitasuna. Pero, ante todo, Natxo, Chuchi y Santos han dejado un legado mejor: una gran amistad.

"La verdad, no esperas que tu hijo llegue a lo más alto. El salto es grande y aún hay que aprender"

pedro 'chuchi' ganuza

Padre de Martín

"Es un orgullo ver que nuestros hijos siguen ese camino, que tienen pasión por el deporte"

santos garcía

Padre de Aitor García

"Recibo consejos, pero la verdad es que me enciendo enseguida y, al final, discutimos"

aitor garcía duo

Pivote del Helvetia Anaitasuna

"Ver que Ander ha llegado, que los tres han llegado al primer equipo, me parece una pasada"

natxo izquierdo

Padre de Ander Izquierdo

"Suelo hacer caso a lo que me dice mi padre, aunque antes le preguntaba más que ahora"

ander izquierdo labayen

Central del Helvetia Anaitasuna

"Al acabar los partidos siempre le mando un mensaje. Me gusta conocer su opinión"

martín ganuza jorge

Extremo del Helvetia Anaitasuna


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