Un puntapié con el empeine de la bota de Italia, en Calabria, unía Catanzaro, la capital, y Cosenza después de los tres días búlgaros, marcados por las caídas, los abandonos, las fracturas y las derrotas.

Nada heroico, solo lamentos, pena y melancolía. Pisaba tierra italiana el Giro, al fin en casa, entre el Mar Tirreno y el Jónico, el tiempo estupendo, el sol de exposición y el mar abierto a los sueños.

Se le colgaba una sonrisa inocente, un tanto ingenua, a la carrera, que se reconocía ante el espejo. Allí se reflejó la victoria de Jhonatan Narváez que pudo con las prisas de Orluis Aular y la ambición de Giulio Ciccone, el nuevo líder del Giro.

Narváez consoló con su triunfo, estupendo, su esprint, repleto de potencia, a sus hermanos de armas. A los caídos en desgracia en Bulgaria. Abrazó su victoria a Soler, Vine y Adam Yates, retirados, fracturados, heridos en aquel guardarraíl maldito.

"Es algo realmente grande para mí, después de 3 meses de entrenamiento en Ecuador. Esta victoria es para mis compañeros que se cayeron en segunda etapa", comentó Narváez, que también estuvo involucrado en aquel accidente.

Narváez, herido, tras la segunda etapa. Giro de Italia

El ecuatoriano se elevó sobre sus heridas. Las suturó de la mejor manera posible. Nada como una victoria como bálsamo. Del dolor a la gloria. Por mí y por todos mis compañeros.

Experto en el Giro, el ecuatoriano cuenta tres logros en la carrera italiana (2022, 2024 y 2026) entre sus 16 victorias. Dos años atrás, fue capaz de derrotar al todopoderoso Pogacar en Turín en una llegada apretada que demostró la calidad del ecuatoriano, su punch.

Al curso siguiente, el esloveno reclutó al ecuatoriano para la causa. Le lanzó camino de Hautacam en el Tour que arrasó y también fue su catapulta en la Milán San-Remo del pasado año en La Cipressa.

Apaleado y triste el UAE en el Giro por culpa de las caídas, obligado a replantear los objetivos por causas de fuerza mayor, encontró una vía de escape con Narvaéz, estupenda su actuación después de que los velocistas quedaran varados.

Fantasmas con sábanas de plomo en Cozzo Tunno, un puerto que retrató también a Egan Bernal y dejó sin aliento a Thomas Silva, evaporado.

En ese escenario, alimentó el ecuatoriano con ese trozo de alegría a un formación que mira las migajas que caen de la mesa del Giro como un festín.

Antes de que Narváez festejara la victoria, se impulsó en los muelles su compañero Jan Christen. Era la doble apuesta del UAE. El suizo trató de anticiparse, pero su brecha fue cauteriza en el portal de Cosenza. Febril, Orluis Aular se lanzó después del tajo de sus compañeros.

Se quedó corto el costarricense. La recta no acaba para él. Pareció llegar, pero pedaleó en el aire, de repente frenado, fatigado, el ácido láctico inundando los músculos. Las patas, de palo. Termitas que le dejaron cojo.

Narváez, pose felina, estalló y zarandeó la felicidad. En paralelo, Ciccone, festejaba el liderato. Un italiano con la maglia rosa en Italia. Besó Ciccone la prenda. Todo en orden. El Giro recuperaba el sentido.

Era un día ideal para excursionistas arengados en su alegre marcha por el rosa de los pueblos dichosos y los ánimos en italiano, entusiasmada la afición con los colores veloces, ráfagas de arcoíris en movimiento dai, dai, vociferaba el gentío. Thomas Silva, reluciente rosa, rodaba con la fuerza de un país.

Giro de Italia


Cuarta etapa

1. Jhonatan Narváez (UAE) 3h08:46

2. Orluis Aular (Movistar) m.t.

3. Giulio Ciccone (Lidl) m.t.

12. Markel Beloki (Education First) m.t.

70. Igor Arrieta (UAE) a 2:55


General

1. Giulio Ciccone (Lidl) 16h18:51

2. Jan Christen (UAE) a 4’’

3. Florian Stork (Ineos) m.t.

10. Markel Beloki (Education First) a 10’’

53. Igor Arrieta (UAE) a 4:06

Penurias en la montaña

El primer líder uruguayo de la historia del Giro. Cuidaba de él el Sol de Mayo, impreso en la bandera de Uruguay. Emblema nacional que representa al dios sol Inca (Inti), simbolizando la libertad, la independencia y el nacimiento de la nación. El sol que alumbra a Silva, inolvidable. El astro rey saludando a la maglia rosa, floreciente.

En Calabria también había sol de mayo, sol plácido del sur de Italia, y cielo azul con vaporosas y traviesas nubes acodadas al mar.

En paralelo marchaba el pelotón sin grandes preocupaciones, solo alterado por los trenes que recorrían el mismo trazado. Caballos de hierro. Caballos de carbono.

Marcellusi, Rafferty, Jacobs, Barguil, Bais y Jansen se alistaron con ilusión a recorrer kilómetros pegados a la costa, estupendas las vistas, en una jornada corta, solo abroncada por la ascensión a Cozzo Tunno, (14,4 kilómetros, al 5,9%), un puerto largo y constante que fue un muro de las lamentaciones para la fuga y para Thomas Silva. El Movistar pastoreó la ascensión. Agitó el avispero.

El líder se quedó en la sombra, apresado en las rampas que escupieron velocistas como huesos de aceitunas. Magnier, Milan, Vernon, Andresen se empastaron con el sufrimiento del líder.

Apagado el fulgor por la montaña, que no entiende de romanticismos ni causas nobles aunque se despliegue con un hilo de asfalto decorado por laderas fastuosas, frescas y verdes.

Problemas para Bernal

Egan Bernal, campeón de 2021, un hombre que nació escalador, vencedor del Tour de 2019, penaba de mala manera en un hábitat que siempre fue su reino. Se quedó a solas con Ben Turner, que trataba de remolcar un ciclista que se quedó en el recuerdo de lo que fue.

Después de estrellarse contra un autobús mientras entrenaba en Colombia en 2022, la luz de Bernal se apagó. De aquel brutal impacto quedaron una veintena de huesos rotos y la valentía, el pundonor y la lucha de un ciclista por acercarse a la estrella que fue. En ese choque se astilló el mejor Bernal.

Ciccone, nuevo líder del Giro. Efe

Un escarabajo aplastado por una subida envuelta con papel de regalo para Vingegaard, poderoso, dominante. Veneno para el colombiano.

También para Arnaud de Lie, que abandonó tras comenzar el Giro a gatas víctima de un virus. Groves fue otro que puso pie a tierra.

El Giro era una trampa de arenas movedizas que se alimentaba de esperanzas. Se llenó la tripa. Perseguía Bernal, desgañitándose, descosido en una montaña que tiempo atrás serviría como un paseo por las nubes.

Desencajado, logró enlazar a duras penas con la caravana de los mejores, donde parpadeaba aún Florian Stork, uno de los velocistas que sobrevivieron a la lija del puerto.

El Movistar continuaba encendido pensando en Orluis Aular. En la bonificación del kilómetro con botín, Vingegaard asomó. Reaccionó Pellizzari. Christen se quedó con seis segundos, el italiano cobró cuatro y Ciccone sumó dos.

El danés no obtuvo premio en ese juego de rasca y gana, en esa lotería inmediata. Su mirada está puesta en Roma. Eso será en unos días. En el aquí y el ahora, en el presente, pespuntaba Cosenza. Un lugar para el recuerdo. Narváez honra a los caídos.