En casco rojo

Baby Shark

08.11.2021 | 00:30
Baby Shark

Pareciera que hasta los pilotos de GP se hubieran puesto de acuerdo para no eclipsar el gran triunfo de Pedro García Acosta, apodado el Tiburón de Mazarrón de 17 años, que ayer se proclamó campeón del mundo de Moto3 en su año de debut en el mundial. Una proeza que tan solo Loris Capirossi, allá por principios de los noventa, ha logrado en la historia.

Ni el propio Marc Márquez lo consiguió. La carrera de MotoGP, como decimos, no tuvo historia, ni sal ni pimienta, lo que viene siendo un auténtico tostón. Tan solo la vuelta al podio del triste campeón saliente Mir nos sacó algo del sopor. Y hasta parece que hubieran sacado desde Dirección de Carrera la bandera roja, no tanto por el peligro que supuso la caída de Lecuona y Oliveira, sino por dar por finiquitado semejante derroche de gasolina sin sentido.

Y como casi siempre ocurre cuando alguien se quita de encima la presión de toda una temporada, el flamante campeón Quartararo se permitió por primera vez en todo el año irse por el suelo y no puntuar, como si quisiera irse también a la ducha lo antes posible.

Así que ahí seguíamos asimilando lo que había logrado Acosta en la categoría pequeña. Un chaval que hace menos de un año y tras alzarse campeón de la Rookies Cup, estaba sin equipo cuando la todopoderosa escuadra de Aki Ajo apostó a contracorriente todo por él y lo envolvió en una segunda familia para que pudiera lograr este campeonato.

Porque talento no le falta. Ni hechuras de gran piloto. Y hablo literal. Tras una primera parte de campeonato en la que arrasó, llegó el parón del verano y no se le ocurre otra cosa al chaval que pegar un estirón de casi 10 cm, algo esperable en un adolescente. Pero claro, encaja de nuevo ese cuerpo en una moto tan pequeña, donde la aerodinámica es tan importante y los repartos de pesos fundamentales con tanta igualdad mecánica. Y ahí el sufrimiento en esta segunda parte de la temporadaFinalmente ayer una carambola le permitió ir tranquilo a Valencia con el entorchado en el bolsillo, y la mente en la próxima temporada subido a una Moto2. Tenemos tiburón para rato.

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