La industria navarra afronta la jubilación de 23.000 trabajadores durante la próxima década

La revolución tecnológica y el reto demográfico transformarán el tejido productivo de aquí a 2030
Se prevé escasez de mano de obra en ingenierías, electricidad y cuidado de las personas

29.12.2019 | 06:15
Trabajador de la planta de Unicarriers, en Noáin.

PAMPLONA - Dicen que el empleo se transformará durante la próxima década. Que quienes hoy se incorporan al mercado laboral terminarán su vida como trabajadores -¿a los 69, a los 71 años?- en ocupaciones que hoy ni siquiera existen. Que los datos, la inteligencia artificial, la conectividad permanente van a modificar productos y procesos de un modo casi inimaginable. Es probable. Lo seguro, porque la demografía implacable así lo confirma, es que en los próximos años las empresas deberán reemplazar a decenas de miles de trabajadores que se encamina a la jubilación. Únicamente en la industria, más de 23.000 trabajadores, más de 2.300 cada año y casi el 45% de quienes actualmente trabajan en fábricas, accederán en Navarra al retiro durante los diez próximos años.

El relevo alcanza unas dimensiones desconocidas. Porque en total se espera que se jubilen más de 105.000 personas (el 38% del total). Toda una generación, la del baby boom de los años 60, que creció a finales del franquismo y comenzó a trabajar en los 80, se ha hecho ya mayor. Su desaparición como trabajadores activos. Unida al crecimiento esperado para los próximos años, generaría unas oportunidad de empleo netas de algo más de 140.000 puestos de trabajo, según el estudio elaborado por el Observatorio de la Realidad Social de Navarra, que ha hecho un esfuerzo por anticiparse y prever un futuro cambiante e incierto, donde las reglas que han imperado en la economía durante las últimas décadas, con fronteras cada vez más abiertas para las mercancías, parecen hoy en cuestión.

La herramienta desarrollada para ello, Navarlan, pretende facilitar la "obtención de información temprana sobre la demanda de trabajadores de las empresas del territorio y los potenciales desajustes futuros respecto a personal cualificado", explican. Porque este cambio generacional coincide con una transformación tecnológica que se cierne sobre sectores tan importantes como el la automoción, que ya está transformando los servicios financieros, el comercio o la medicina. Vectores que convergen en tiempo y lugar, y que obligarán a refinar sobre la marcha los sistemas educativos y las capacitaciones profesionales. De hecho, la falta de mano de obra, una realidad ya acuciante para algunas empresas, se mantendrá durante los próximos años. Y afectará, según las actuales proyecciones, que se renovarán a lo largo del próximo año, tanto a puestos definidos como "no cualificados" (personal de limpieza, cuidado de las personas, empleados de ventanilla y construcción), como a los cualificados: especialistas TIC, electricidad y electrotecnología, ciencias sociales e ingenierías.

"El escenario es móvil", recuerdan desde el Gobierno de Navarra, que impulsó la pasada legislatura desde el Departamento de Derecho Sociales el Observatorio de la Realidad Social. Sus previsiones contemplan para los próximos diez años crecimientos medios del PIB cercanos al 1,5%, así como la creación de unos 37.000 puestos de trabajo en el periodo 2018-2030, de los que ya se habían cubierto más de 10.000 en los últimos dos años. Unas estimaciones que, con la actual desaceleración, dibujan una suave curva ascendente para el empleo a lo largo de los próximos cinco años y que, con todas las cautelas, volvería tomar velocidad en la segunda mitad de la década, cuando el número de jubilaciones se dispare definitivamente. Más del 80% del crecimiento neto lo aportarán los servicios.

ocaso industrial El relevo afectará a todos los sectores. Pero especialmente a la industria y al comercio, de donde saldrían unos 38.000 trabajadores y donde deberían entrar más de 41.000. Por su volumen y por su aportación al valor añadido, es la industria la que mayores incertidumbres genera. De hecho, el Observatorio de la Realidad Social prevé que el conjunto de las manufacturas destruya empleo en términos netos a lo largo de la próxima década. De los cerca de 61.000 empleos a tiempo completo de la actualidad se pasaría a poco más de 59.000, como consecuencia, sobre todo, de una progresiva automatización de procesos que no solo dejaría en niveles muy parecidos a los de 2018 a la industria del auto, sino que incluso reduciría el volumen de empleo total de la industria agroalimentaria, la actividad que más ha crecido en la última década, pero también donde mayor margen de evolución tecnológica existe. Esta actividad perdería cerca de 1.400 puestos de trabajo, más del 10% de su empleo actual. Dentro de la industria actividades maduras, como el metal, se dejarán un volumen de empleo similar, mientras que otras, ligadas sobre todo a la madera, la reutilización, la reparación y la electrónica registrarán incrementos de hasta el 22%. "La economía circular -explicaba hace unos días Miguel Iriberri, decano del colegio de Ingenieros Industriales- va ser uno de los motores de la transición energética, al basarse en principios como "la ecoconcepción, la ecología industrial y territorial, la economía de la funcionalidad o la reutilización".

Pero, pese a que las cifras netas esbozan ya un cierto ocaso manufacturero -su peso en el empleo disminuiría unos tres puntos-, el relevo esperado es de tal magnitud que la industria continuará siendo el sector que a mayor número de nuevos trabajadores acoja, con casi 25.000 ofertas de empleo. Serán sobre todo técnicos y profesionales de apoyo, cuyo volumen total crecerá en los próximos años en más de 2.000 nuevos empleos netos, mientras que disminuirá de forma clara el de operarios en instalaciones cada vez más autónomas (5.000 menos) e incluso el de trabajadores cualificados (unos 700 menos).

la cifra

3

escenarios posibles

El Observatorio de la Realidad Social ha trabajador en el horizonte 2030 con tres posibles escenarios. El más positivo fija un alineamiento progresivo con algunas de las regiones más innovadoras de Europa. El segundo dibuja una comunidad a dos velocidades, con unos niveles de inversión en I+D moderados y una adaptación progresiva a la digitalización. El tercer escenario retrata una desigualdad creciente e inestabilidad social.

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