Félix Bariáin: "La despoblación se agrava en localidades pequeñas, porque no son rentables electoralmente"

07.02.2021 | 00:32
Félix Bariáin, presidente de UAGN, con Eslava al fondo.

Bariáin urge al Parlamento de Navarra a que apruebe una ley que regule la distribución de los fondos europeos para "mantener vivo" el mundo rural.

En los años 70, Eslava disponía de un colegio con dos aulas para el alumnado de la EGB, pero ya está cerrado; y más de 20 niños y niñas continuaban su educación en Sangüesa y otros 20 jóvenes, su enseñanza secundaria en Tafalla, pero ahora apenas cursan siete chicas en Sangüesa. El pueblo contaba con pescadería y frutería, carnicería, panadería y dos tiendas de ultramarinos; en cambio, actualmente solo se contabiliza un establecimiento. Un autobús de línea pasaba dos veces por semana y en la actualidad solo hay servicio de taxi. El médico acudía a la consulta dos veces cada siete días, y ahora una; antes los vecinos podían solicitar dinero en metálico en el mismo pueblo, y ahora no; y en 25 años, la cooperativa de la bodega ha reducido la cifra de socios de 160 a 17. Desde 1996, Eslava ha disminuido el número de personas empadronadas a la mitad, actualmente el censo suma 105.

En este municipio habita Félix Bariáin, agricultor, concejal, exalcalde y presidente de UAGN. Siempre ha vivido en esta localidad de la Baja Montaña, a 40 minutos de Pamplona. "El sentimiento de arraigo persiste en las personas criadas en un pueblo. Me gusta su tranquilidad, su forma de vida y la agricultura. Pero, hemos perdido servicios y somos ciudadanos de segunda", recalca Bariáin, de 50 años, casado y con una hija.






 

¿Cómo se ha acelerado la despoblación en Navarra?

–En mi etapa de alcalde, que coincidió con el boom inmobiliario, la compra de vivienda, la escolarización o las extraescolares en núcleos más poblados requerían empadronarse allí, una exigencia que fomentó la despoblación. Y a eso se añade que el principal sustento de los pueblos, la agricultura y la ganadería, no ha recibido apoyo económico como sector vital. Todo ello ha constituido el cóctel perfecto para fomentar la migración. Hay que analizar las causas para buscar soluciones, ya que si nos quedamos quietos, habrá pueblos fantasma en pocos años, lo más triste y duro para una sociedad.

¿Cómo imagina Eslava dentro de diez años?

–Con apoyo e inversión, mi pueblo continuará con su actividad agrícola, con la referencia de la cultura vitivinícola de la Baja Montaña; el yacimiento de Santa Criz tendrá que actuar como dinamizador turístico de la comarca junto a otros enclaves emblemáticos como Olite, Javier, Leyre o Sos; y contará con emprendedores locales, que se asentarán a través de respaldo económico público y mediante líneas de financiación.

¿Será así o como le gustaría?

–Creo que será así, porque si no se avanza en esa dirección, estaremos hablando de fracaso. Pero Eslava, un municipio pequeño con estas posibilidades, no puede desarrollarse solo, al igual que otros semejantes a él.

Si este yacimiento presenta semejante potencial económico, ¿por qué no se invierte más en él?

–Porque se encuentra en un pueblo de cien habitantes. Este año hemos conseguido mendigar 10.000 euros en los presupuestos. Si Santa Criz hubiera estado en una localidad de 30.000 habitantes, ya estaría excavada, con un museo permanente, y con financiación asegurada de por vida. La proximidad electoral va en contra de las medidas para erradicar el despoblamiento, ya que cuando quedan dos años para los siguientes comicios los políticos deciden el destino de las inversiones según el rendimiento de votos. Y en esta dinámica los pueblos pequeños no somos rentables.

¿La pandemia ha cambiado la imagen de los pueblos?

–Ha sido un punto de inflexión, porque el confinamiento ha puesto en valor su modelo de vivienda, más amplia para pasar un confinamiento, entre otras cuestiones. Para UAGN es prioritario sensibilizar a la ciudadanía de mantener vivos los pueblos y hemos presentado un plan de actuación sobre despoblamiento y un sello social al Gobierno de Navarra.

¿Cómo accederán los pueblos a los fondos de recuperación europeos Next Generation o a otros como el PDR o Feder?

–Mediante una ley que regule el despoblamiento, que defina las zonas rurales y que confeccione un baremo con discriminación positiva de menor a mayor: localidades de menos de 500 habitantes que están muy despobladas; las que suman hasta 1.500 habitantes, con riesgo de despoblación; y aquellas hasta 5.000 residentes. El Parlamento debe empezar a trabajar ya, porque me temo que van a llegar las ayudas y no va a haber una normativa que regule su distribución, y como consecuencia ese dinero volverá a recaer en los mismos. UAGN va a hablar con todos los grupos y con Cohesión Territorial para impulsar de manera urgente esta ley. Las dos oficinas que han creado Hacienda y Relaciones Ciudadanas deberán reservar un rincón para inversiones contra el despoblamiento. Contamos con herramientas y fondos, ahora solo hace falta voluntad. Por eso, me parece increíble que en las mesas de despoblamiento de Navarra no inviten a organizaciones como la nuestra.

¿Qué medidas propone UAGN?

–Discriminación positiva en localidades de menos de mil habitantes; ir al tope de porcentaje de ayuda en todos los expedientes de inversión; una línea propia para inversiones en localidades menores de mil habitantes, de tramitación ágil y con especial atención al medio ambiente; apoyar a los grupos Leader, ayuntamientos y emprendedores; y respaldar al sector primario, etc. Hace falta bonificaciones y exenciones, porque no puede tener la misma presión fiscal una persona que vive en un núcleo pequeño que la que reside en ciudades, ya que la primera no dispone de los mismos servicios públicos que la segunda.

¿Se pueden envejecer en el pueblo?

–Con dificultad. En esta cuestión surge el problema de las bajas pensiones de agricultores y ganaderos. Como tenían limitada su cotización, algunos cobran entre 700 y 800 euros. UAGN propone equiparar esta prestación al salario mínimo interprofesional (950 euros), para que así las personas jubiladas tengan la posibilidad de contratar a un profesional para sus cuidados, con la consiguiente generación de empleo, y seguir en su pueblo.

¿Es necesaria la digitalización?

–Obligatoria en el mundo rural, pero hay que valorar las ofertas, el funcionamiento de la banda ancha y si facilita instalar empresas o posibilita el teletrabajo. Hasta ahora disponemos de un Internet a pedales.

Además del sector primario, ¿qué otros negocios pueden funcionar?

–Es una utopía pensar que un municipio de cien habitantes va a pasar a uno de 1.500. Resulta esencial conservar los pueblos vivos, y para ello debe mantenerse la agricultura y ganadería; potenciar el turismo; y asentar proyectos de emprendimiento y profesionales, etc. Todos deben ir acompañados de ayudas a fondo perdido y líneas de avales. Además existe la posibilidad de trasladar centros públicos de la ciudad al ámbito rural, como hicieron en la comarca de las Tierras Altas de Escocia, con una universidad.

¿Reivindican el regreso de servicios públicos a todos los pueblos?

–Somos conscientes de que es mejor disponer de un buen centro de salud o colegio en la localidad de referencia de la comarca. Pero con poco dinero se pueden ofrecer servicios en los mismos pueblos, por ejemplo, un autobús que actúe de oficina bancaria.

¿Los jóvenes se implican?

–Sí. Saben que en algún momento deben entrar al ayuntamiento. Aunque comprendo a los que no dan el paso, ya que la gestión de un consistorio de un pequeño municipio es complicada por la falta de ingresos. Hay que pelear y no se pueden abordar grandes proyectos. Por eso, algunos prefieren evitar ese marrón.

"Los habitantes de los pueblos deben disfrutar de exenciones fiscales, porque no disponen de los mismos servicios que en la ciudad"