Se cumplen seis años del confinamiento por la covid-19, cuando prácticas como las reuniones virtuales, las restricciones de movilidad y el cierre temporal de negocios y centros educativos transformaron nuestra rutina cotidiana. Una de esas realidades que cobró especial protagonismo fue el teletrabajo. Millones de trabajadores convirtieron su hogar en una oficina improvisada y los límites entre el espacio laboral y el personal se diluyeron más que nunca.
A nivel estatal, un 14,6% de los empleados utiliza el teletrabajo de forma habitual para cumplir con sus responsabilidades laborales, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes al cierre de 2024. Si bien este porcentaje ha aumentado, todavía se encuentra lejos de los máximos registrados durante el momento más crítico de la crisis sanitaria, cuando el 16,2% de los ocupados desempeñaron su actividad desde casa más de la mitad de los días. No obstante, en 2024 esta modalidad experimentó un ligero repunte hasta alcanzar los 3,19 millones de ocupados que trabajaban desde su domicilio, ya fuera de forma habitual u ocasional, lo que supone 127.100 personas más que en el último trimestre de 2023. La tendencia se ha mantenido estable desde 2023, con un ligero aumento en el ejercicio anterior. De hecho, según los últimos datos disponibles de la EPA, en febrero de 2025 unos 1.648.100 ocupados declararon trabajar desde casa más de la mitad de los días en el Estado, aunque actualmente sigue predominando el modelo híbrido sobre el resto.
Entre las comunidades autónomas del Estado donde más se apuesta por esta modalidad destaca Madrid (25,9%), Catalunya (16,2%), Comunitat Valenciana (14,4%), la Comunidad Autónoma Vasca (13,1%) y Galicia (12,4%). En concreto, el teletrabajo en la Comunidad Autónoma Vasca se ha estabilizado por encima del nivel prepandemia (4,5%), cuando era más bien residual. De acuerdo con los datos publicados en 2024 por el Instituto Nacional de Estadística, el 13,1% de los empleados vascos (cerca de 140.000 personas) teletrabaja de manera habitual. Esta cifra es 5,3 puntos porcentuales superior a la registrada en 2019. En cuanto al peso del teletrabajo por sectores, el Instituto Nacional de Estadística señala que esta modalidad está más implantada en el sector servicios (18,83 %), seguido de la industria (10,18 %) y la construcción (6,08 %).
En la esfera del sector público vasco la implantación del teletrabajo presenta una situación heterogénea. Según el Instituto Vasco de Estadística, el 6,1% de las personas empleadas en las administraciones públicas teletrabaja al menos la mitad de su jornada laboral, un porcentaje significativamente inferior al registrado en el conjunto de las empresas, que alcanza el 11%. Asimismo, el 39,2% de los centros de las administraciones públicas de Euskadi cuenta con personal en régimen de teletrabajo. Las cifras actuales se sitúan por debajo del máximo registrado durante la pandemia, cuando el 44% de los centros de la administración contaba con personal en teletrabajo. Aun así, siguen muy por encima de los niveles previos a la crisis sanitaria, cuando el porcentaje rondaba el 15%.
Más autonomía, pero también más presión
La modalidad del trabajo en remoto permite una mayor flexibilidad en la gestión del tiempo y facilita la conciliación entre la vida laboral y personal, además de reducir los desplazamientos diarios. También puede promover una mayor autonomía y capacidad de organización del trabajo, que a menudo equivale a un aumento de la productividad. Para las empresas puede suponer un ahorro de costes en infraestructura y una mayor capacidad para la captación y retención del talento.
Como cabe esperar, el teletrabajo no está exento de inconvenientes. “Puede aumentar el estrés y la presión por demostrar productividad, además de difuminar los límites entre el trabajo y la vida personal y favorecer el aislamiento social al pasar semanas sin contacto cara a cara, sobre todo en situaciones de teletrabajo completo”, argumenta el responsable de Empleo de UGT Euskadi, Daniel González. Igualmente, el representante señaló que una de las principales preocupaciones del sindicato es “el respeto a la desconexión digital”, puesto que en entornos como oficinas y despachos se podría vulnerar esta premisa. “Tampoco se debe aparcar a un lado la garantía de igualdad de derechos laborales, la prevención de riesgos, la protección de la intimidad y los datos personales y el desarrollo de la regulación del teletrabajo mediante la negociación colectiva”, afirma González.
En la CAV, la administración pública apuesta por el teletrabajo como herramienta de conciliación. El Decreto 113/2023 regula esta modalidad para el personal público, y el año pasado el Gobierno Vasco y los sindicatos LAB, CCOO y UGT acordaron conjuntamente ampliar la posibilidad de teletrabajar hasta dos días a la semana para más categorías de empleado. Esta medida está prevista para entrar en vigor este año. Según la responsable de la consultoría LKS Next, Silvia Carreras, “en Euskadi existe un marco legal más maduro y consistente en la administración pública que en el ámbito privado”, y añade que en este último sector se necesitan iniciativas específicas, como “ayudar a las pymes a digitalizar los puestos, asegurar la ergonomía en casa e incrementar las medidas de ciberseguridad”.
Además, el debate sobre si esta forma de trabajo mejora o no la productividad de las empresas sigue abierto, y el escepticismo sobre sus resultados aún no ha desaparecido. Desde LKS Next, la responsable hace hincapié en que actualmente “ya hay suficientes evidencias para dictaminar que el impacto del teletrabajo es positivo o neutral”, y asegura que este planteamiento no supondrá una bajada en el volumen productivo siempre que las organizaciones sean capaces de establecer “una estrategia basada en objetivos claros, seguimiento del progreso, liderazgo por parte de los ‘managers’ y sistemas de evaluación del desempeño”.
Por otro lado, Nafarroa presenta una implantación menor de esta modalidad de trabajo. Precisamente, en el cuarto trimestre de 2023 unos 18.400 asalariados teletrabajaron, lo que equivale al 7,3%, frente al 14,6% de la media estatal en ese mismo periodo. En paralelo, la Encuesta de Población Activa expuso que unas 35.600 personas ocupadas (tanto asalariados como autónomos) teletrabajaban más de la mitad de los días de la semana.
Los datos del INE correspondientes al primer trimestre del ejercicio anterior refuerzan esta lectura: el teletrabajo regular alcanza el 12,50% dentro de la industria, impulsado por el peso de perfiles técnicos e ingenierías, aunque desciende al 10,99% en los servicios y al 3,78% en la construcción.
Barreras y oportunidades
En conjunto, estos porcentajes apuntan a que Nafarroa se sitúa por debajo de la media estatal (11,7%) en cuanto a implantación agregada y demuestran que su estructura productiva, con una base industrial fuertemente presencial, limita el margen de crecimiento. “El teletrabajo está más asentado en sectores con mayor cualificación como ingenierías, empresas TIC, consultoría, finanzas, seguros o administración pública, mientras que su uso escasea en los ámbitos que requieren trabajar ‘in situ’, como la industria manufacturera, la hostelería, el comercio, los cuidados, la agricultura o logística”, expone la secretaria de Área Externa y Política Sindical de UGT Navarra, Eva Azanza.
Se han detectado diferencias importantes entre la aplicación del teletrabajo en las grandes empresas con respecto a las pymes. “Por su estructura, recursos y capacidad organizativa, las grandes empresas suelen recurrir a un mayor uso del teletrabajo, porque también disponen de convenios propios”, aclara Azanza.
A escala institucional, el teletrabajo en la Comunidad Foral de Navarra presenta unas carencias regulatorias que obstaculizan su progreso. Si bien se planteó un proyecto de decreto entre los años 2020 y 2022 con marco de hasta tres días semanales, finalmente no llegó a aprobarse, pese a contar con una previsión de 1,26 millones de euros procedentes de fondos europeos que se quedaron sin ejecutar.
Tras la evolución de los últimos años, se constata que el teletrabajo ha dejado de ser una solución de emergencia para convertirse en una realidad asentada, aunque todavía desigual entre sectores y territorios. Existen ciertas barreras que el teletrabajo tendrá que superar para seguir expandiéndose en el futuro. “Por esta razón, la negociación colectiva es una vía fundamental para garantizar que esta modalidad no sea sinónimo de pérdida de derechos o precarización, sino que se consolide como una opción laboral digna, segura y ajustada a las necesidades reales de conciliación y desarrollo profesional”, añade.